Inundados en billetes

En Colombia, no hay actividad lícita que justifique la entrada de 2.500 millones de dólares de billetes en un año. Foto: Juan Herrera / Archivo Cambio

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Por MAURICIO CABRERA GALVIS
Analista y banquero de inversión

EL INGRESO AL PAÍS de dólares y euros en billete es uno de los fenómenos menos analizados y debatidos, a pesar de tratarse de un mercado que mueve miles de millones de pesos y a que hay suficientes razones para presumir que se trata de una gigantesca operación de lavado de dinero.

Uno de los escasos pronunciamientos de las autoridades encargadas de vigilar estas operaciones fue un comunicado de prensa de la Dian en enero del año pasado, en el que se reconocía que "el año inmediatamente anterior (2005) salieron del país 3.100 millones de dólares a través de las transportadoras de valores autorizadas." Sin embargo, precisaba la Dian que  "las divisas salieron, no entraron", y que estos envíos fueron hechos por entidades vigiladas por la Superintendencia Financiera y no por personas naturales.

Como en Colombia nadie, ni siquiera el Banco de la República, tiene licencia para imprimir billetes de dólares o de euros, es de Perogrullo decir que si esa cantidad de billetes salió del país es porque antes había entrado y, que a través de un complejo mecanismo de transacciones y arbitraje se incorpora en el mercado cambiario oficial aumentado la oferta de dólares y, por lo tanto, presionando la revaluación del peso.

El mecanismo es muy sencillo: hasta septiembre del 2004 el Banco de la República le prestaba el servicio de transporte del efectivo a los Intermediarios del Mercado Cambiario, IMC, es decir les recibía los billetes y, a cambio de una pequeña comisión los enviaba a los Estados Unidos y se los depositaba en sus cuentas corrientes. Desde que se suspendió ese servicio los cambistas, casas de cambio, comisionistas de bolsa y bancos que compran dólares y euros en billetes deben contratar una transportadora de valores para que en tulas los lleve a consignar en sus cuentas de bancos en los Estados Unidos y otros países.

Una vez legalizados en el sistema financiero, esas divisas son vendidas en el mercado cambiario ya no como billetes sino como transferencias electrónicas. Como la compra de los billetes se hace muy por debajo de la TRM y la venta a la TRM, el arbitraje genera inmensas utilidades a los intermediarios (en un año pueden haber llegado a los 200 millones de dólares) y es muy grande el incentivo para seguir con el negocio sin hacer preguntas incomodas, como por ejemplo ¿de donde puede venir esa enorme cantidad de billetes? Divisas que no son del turismo porque en la balanza de pagos los ingresos y egresos por este concepto están casi equilibrados y porque se puede suponer que la cantidad de billetes que traen los turistas que vienen al país es similar a los que compran los colombianos que viajan al exterior, o sea que en ese mercado no debería haber sobrantes.

Es sorprendente el crecimiento de los ingresos de divisas en efectivo en los últimos años, tal como se observa en el cuadro que tiene las cifras oficiales del Banco de la República y de la Dian del monto de billetes enviados al exterior por los IMC. En la década de los 90, el promedio de ingresos fue inferior a 200 millones de dólares, con excepción de los años 1990 y 1991 por la amnistía tributaria y cambiaria de esa época que permitió el ingreso de toda clase de capitales lícitos e ilícitos.

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