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En el siglo XXI empieza a notarse un incremento significativo, de manera que para el 2004 ya se había multiplicado por seis el volumen de billetes de dólar y euro que ingresaban al país superando los 1.200 millones de dólares, y el año siguiente se duplicaron otra vez llegando casi a 2.500 millones de dólares. ¿Será pura casualidad que este incremento coincida con el final de las negociaciones del gobierno y los paramilitares en Ralito y la promulgación de la Ley de Justicia y Paz?
En el 2006 hubo una pequeña disminución en la salida de efectivo por este canal que se acentúa en el primer semestre del presente año, período en el que solo se registran envíos por 650 millones de dólares. Pero parece que en los meses de julio y agosto este mercado se paralizó después que las autoridades norteamericanas incautaron un envío de 20 millones de dólares en billetes por sospechas de que fuera un lavado de dólares del narcotráfico. Como consecuencia entraron en pánico los cambistas y los intermediarios dedicados a este lucrativo arbitraje suspendieron las compras de divisas en efectivo, pues ahora es muy riesgoso enviarlas al exterior.
La ruptura de los vasos comunicantes con el mercado oficial es la explicación inmediata de la gran divergencia que se ha dado en las últimas semanas entre la tasa representativa de mercado y la tasa de cambio paralela, pues mientras la primera pasó de 1.900 a 2.150 pesos, en la calle el precio pagado por los cambistas cayó de 1.800 a 1.650 pesos, de manera que la diferencia entre las dos tasas llegó a ser de 500 pesos. Como se redujo la demanda de billetes mientras que la oferta sigue siendo abundante es lógico que el dólar negro haya caído a pesar de la devaluación de la TRM.
En el caso del euro la diferencia ha llegado hasta 900 pesos: la semana pasada en la calle lo compraban en 2.040 pesos mientras en el mercado interbancario la cotización era 2.970. De nuevo la razón es el gran crecimiento de la oferta de euros en billetes que ha sustituido en buena parte la oferta de dólares en rama, a punto tal que en lo corrido del año el 86% de los envíos de efectivo al exterior correspondían a euros. Esto no se debe a una avalancha de turistas europeos a Colombia sino a una razón muy simple pero efectiva: para mover las cantidades astronómicas de dinero que se lavan a través de este mecanismo es más fácil y pesa menos transportar un solo billete de 500 euros que siete billetes de 100 dólares que valen lo mismo.
No hay en Colombia actividad lícita que justifique la entrada de 2.500 millones de dólares, o su equivalente en euros, en billetes en un año, monto que es superior a las exportaciones de café y flores sumadas, similar a las exportaciones de carbón, y equivalente al 2% del PIB. Tampoco hay ninguna justificación para que el Gobierno siga con una actitud pasiva frente a ese lavado, ni mucho menos para que los bancos internacionales contribuyan al lavado recibiendo esas cantidades de efectivo sin hacer preguntas.