La fiebre del oro

El principal objetivo de los inversionistas extranjeros es pasar de la producción artesanal a la industrial. Foto: Richard Emblin / Archivo Cambio

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NO ESTÁN VESTIDOS de conquistadores ni creen en la leyenda de El Dorado, aquella que llevó a unos aventureros a buscar riquezas durante la Colonia. Son ejecutivos de las principales multinacionales mineras que han regresado porque están convencidos de que en Colombia hay un inmenso potencial aurífero.

El afán por buscar oro ha crecido en todo el mundo, estimulado por el aumento en el precio que hoy está en 678,7 dólares la onza troy (una onza equivale a 3,1 gramos). En el caso de Colombia, tanto la tradición minera como las mejores condiciones legales y de seguridad se han combinado para que en los últimos cinco años hayan llegado al sector diversas compañías internacionales con moderna tecnología. La lista es larga e incluye a empresas canadienses, europeas y surafricanas. Tal es el caso de Greystar Resources, con el proyecto aurífero de Angostura en Vetas y California (Santander). Pero también están Bullet en Zaragoza (Antioquia), CVS Exploration, que  analiza posibles yacimientos, y  Kedahda, que desarrolla estudios en diferentes zonas auríferas del país con exploración geoquímica. Además es necesario incluir a Barrick Gold Corp, Río Tinto Limited, Cambridge Mineral Resources, De Beira Goldfields, Colombia Goldfields y Antofagasta, entre otras.

El cambio es fundamental, pues la producción de oro en el país durante las últimas décadas había estado representada por empresas de capital nacional. La más grande mediante minería subterránea era la Frontino Gold Mines, en Segovia (Antioquia), la cual produjo 49.000 onzas de oro en 2006, seguida por Mineros Nacionales, en Marmato (Caldas), cuya producción el año pasado fue de 25.000 onzas. Por otro lado, el yacimiento más grande y única operación aluvial con dragado profundo en Colombia lo explota la empresa Mineros S.A., en el Bagre (Antioquia). Su producción en 2006 fue de 92.000 onzas de oro.

El interés de los extranjeros se debe a la mejora en las condiciones. "Tenemos un Código de Minas del año 2001, que amplía el periodo de las concesiones a 30 años, prorrogable por otros 30 y que mantiene durante el tiempo de duración del contrato las condiciones pactadas en lo relacionado con regalías y canon superficiario", dice Mario Ballesteros, director de Ingeominas.

El principal interés hoy está en territorio santandereano, en Vetas y California. No obstante, diversos expertos aseguran que el potencial aurífero es mayor en zonas del sur de Bolívar, como las serranías de San Lucas y Montecristo y los municipios de Norosí y Rio Viejo. Según cálculos del sector, se estima que de esta región apenas se ha extraído el 5% del oro existente. El problema, sin embargo, es que la zona mencionada está en un área de conflicto por la presencia paramilitar.  Parte del objetivo de las nuevas inversiones es revertir la tendencia reciente, pues a pesar de su historia, la producción nacional ha venido disminuyendo e incluso pasó de 33 a 15 toneladas entre 2005 y 2006. Lo mismo ocurrió con las exportaciones, cuando se registró que los envíos de oro en bruto (el que se extrae de la mina y paga regalías) bajaron 41%.

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