Septiembre 6 de 2007

La fiebre del oro

Las principales multinacionales en el negocio de los metales preciosos tienen grandes expectativas en las posibilidades de Colombia.

NO ESTÁN VESTIDOS de conquistadores ni creen en la leyenda de El Dorado, aquella que llevó a unos aventureros a buscar riquezas durante la Colonia. Son ejecutivos de las principales multinacionales mineras que han regresado porque están convencidos de que en Colombia hay un inmenso potencial aurífero.

El afán por buscar oro ha crecido en todo el mundo, estimulado por el aumento en el precio que hoy está en 678,7 dólares la onza troy (una onza equivale a 3,1 gramos). En el caso de Colombia, tanto la tradición minera como las mejores condiciones legales y de seguridad se han combinado para que en los últimos cinco años hayan llegado al sector diversas compañías internacionales con moderna tecnología. La lista es larga e incluye a empresas canadienses, europeas y surafricanas. Tal es el caso de Greystar Resources, con el proyecto aurífero de Angostura en Vetas y California (Santander). Pero también están Bullet en Zaragoza (Antioquia), CVS Exploration, que  analiza posibles yacimientos, y  Kedahda, que desarrolla estudios en diferentes zonas auríferas del país con exploración geoquímica. Además es necesario incluir a Barrick Gold Corp, Río Tinto Limited, Cambridge Mineral Resources, De Beira Goldfields, Colombia Goldfields y Antofagasta, entre otras.

El cambio es fundamental, pues la producción de oro en el país durante las últimas décadas había estado representada por empresas de capital nacional. La más grande mediante minería subterránea era la Frontino Gold Mines, en Segovia (Antioquia), la cual produjo 49.000 onzas de oro en 2006, seguida por Mineros Nacionales, en Marmato (Caldas), cuya producción el año pasado fue de 25.000 onzas. Por otro lado, el yacimiento más grande y única operación aluvial con dragado profundo en Colombia lo explota la empresa Mineros S.A., en el Bagre (Antioquia). Su producción en 2006 fue de 92.000 onzas de oro.

El interés de los extranjeros se debe a la mejora en las condiciones. "Tenemos un Código de Minas del año 2001, que amplía el periodo de las concesiones a 30 años, prorrogable por otros 30 y que mantiene durante el tiempo de duración del contrato las condiciones pactadas en lo relacionado con regalías y canon superficiario", dice Mario Ballesteros, director de Ingeominas.

El principal interés hoy está en territorio santandereano, en Vetas y California. No obstante, diversos expertos aseguran que el potencial aurífero es mayor en zonas del sur de Bolívar, como las serranías de San Lucas y Montecristo y los municipios de Norosí y Rio Viejo. Según cálculos del sector, se estima que de esta región apenas se ha extraído el 5% del oro existente. El problema, sin embargo, es que la zona mencionada está en un área de conflicto por la presencia paramilitar.  Parte del objetivo de las nuevas inversiones es revertir la tendencia reciente, pues a pesar de su historia, la producción nacional ha venido disminuyendo e incluso pasó de 33 a 15 toneladas entre 2005 y 2006. Lo mismo ocurrió con las exportaciones, cuando se registró que los envíos de oro en bruto (el que se extrae de la mina y paga regalías) bajaron 41%.

Pero la mayor sorpresa ha sido el aumento en las exportaciones de oro en desuso (joyas en mal estado, anillos, aretes, cadenas, pulseras, entre otros), que se incrementó en 397%, las cuales no pagan regalías. Tampoco lo hace el oro en forma de pigmentos (semilíquido). Las cifras del DANE muestran que entre enero y junio de este año las exportaciones de desperdicios de oro llegaron a 137 millones de dólares, frente a los 90 millones del mismo período de 2006.

La situación preocupa, pues se puede tratar de un mecanismo para ocultar el oro de mina y evadir el pago de regalías, al punto que el ministro de Minas, Hernán Martínez, le pidió en marzo pasado a la DIAN tomar todas las medidas  necesarias sobre el oro chatarra que pretenda salir del país. Las autoridades sospechan que el mineral extraído de la mina es convertido por los comerciantes en joyería, así sea un alambre, frente a lo no habría argumentos para decir que no es joyería en desuso.

Por tal motivo, se espera que este año se comience a recuperar el terreno perdido en producción, cuando empiece a operar el Proyecto Angostura, en California, con la operación de Greystar Resources, que probó un yacimiento de más de 10 millones de onzas de oro. Por su parte, la multinacional Anglogold Ashanti invierte actualmente 14,3 millones de dólares en la búsqueda de yacimientos de oro y cobre en los departamentos de Antioquia y Risaralda. Según ellos, Colombia es el mayor productor histórico de oro en Suramérica y no cuenta con métodos modernos de exploración. Agregan que el país tiene buena infraestructura física y seguridad corporativa, poca competencia en exploración de oro, un código minero actualizado y alta capacidad profesional.

Otro negocio grande en el sector lo lidera Tao Minerals que adquirió la mina El Colmillo, la mayor propiedad productora de oro de Colombia, ubicada en la zona La Tina, en Cáceres (Antioquia). Tiene 296 hectáreas y una planta de recolección con capacidad para remover 30 toneladas diarias de material. Por su parte, hace dos años, la firma inglesa Cambridge Mineral Resources (CRM) adquirió las minas Quintana, El Cinco y Santa Rita, por 25 millones de dólares, en la zona de Frontino (Antioquia). En la primera, espera lograr una producción anual superior a las 100.000 onzas de oro.

Entre los nuevos proyectos que están siendo objeto de adjudicación están el de Taraira, en Vaupés, en la frontera con Brasil, que tiene 9.973 hectáreas y en donde se han hecho perforaciones de hasta 1.118 metros. En Nariño, el año pasado, Tao Minerals adquirió dos licencias de explotación de oro y viene de obtener áreas en Acandí, Chocó y en Frontino (Antioquia).

Todo lo anterior demuestra que el entusiasmo es grande. Y aunque faltan los grandes descubrimientos, son pocos quienes ponen en duda que, en este tema, el país tiene un futuro dorado.

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