Después de haber estado a punto de desaparecer, Pizano se mantuvo en pie gracias al control de costos y el auge de la construcción.
LO QUE NO LOGRÓ el gorgojo que hace años aparecía en un comercial de televisión: acabar con una lámina de triplex Pizano, estuvieron a punto de conseguirlo el alto endeudamiento y los ciclos recesivos de la construcción, a finales de la década pasada. Pero hoy la realidad es distinta y las plagas han desaparecido. La compañía vendió 89.891 millones de pesos en el primer semestre del 2007, cifra 16,3% superior al mismo período del año anterior.
Ese es un cambio descomunal. Y es que desde 1935 el liderazgo de Pizano en la industria maderera se mantuvo como un roble, pero a finales de los 90 concurrieron varios hechos que lograron derribarlo. Llegó un ciclo recesivo en la construcción debido al cual de 14 millones de metros construidos en 1996 se llegó a siete millones cuatro años después. La caída coincidió con un proceso de crecimiento en la capacidad instalada en la planta de Barranquilla, con una inversión de 40 millones de dólares para ampliar la producción 60%.
Las condiciones del mercado en ese momento no hicieron posible que la compañía aumentara los precios con lo cual sacrificó márgenes de ganancia. También conspiró la revaluación, que permitió la llegada de productos extranjeros, pues las importaciones crecieron 13%, mientras que las exportaciones cayeron 8,3%, a lo cual se sumó el contrabando.
Pero el hachazo más fuerte fue el alto endeudamiento y los intereses, con niveles que alcanzaron el 50% anual. "En el año 2000 vendimos 70.000 millones de pesos, cuando el endeudamiento era de 123.000 millones", recuerda Enrique Camacho, presidente de Pizano. Frente a este panorama, la compañía entró en Ley 550 en el 2001, año en el que las ventas del negocio maderero en el país cayeron 11,3%.
Ante el panorama, se implementaron medidas de choque como una severa racionalización de costos, la cual implicó reducción de personal (de 2.200 a 1.000 trabajadores); se reestructuraron procesos, y se le apostó al aumento en la productividad que se incrementó un 22%. La compañía también se acercó a los productores para establecer alianzas. Fue el caso del acuerdo con la empresa de muebles Displex, con la que unió esfuerzos para dirigirse a mercados internacionales, lo cual les representó un incremento del 60% en las exportaciones.
Ya en el 2002 la compañía estaba reestructurada en costos, con lo cual pudo aprovechar los vientos favorables que vinieron con el repunte de las cuentas AFC para compra de vivienda, que coincidieron con el aumento en la aprobación de licencias de construcción. Al terminar ese año, Pizano facturó 82.813 millones de pesos, 11,5% por encima de la cifra de 2001. La dinámica positiva continuó y en 2004 la empresa vendió 126.528 millones de pesos, impulsada por la construcción. Así, aumentó la demanda por toda la línea de productos, en especial de acabados y los que se utilizan para la fabricación de muebles de hogar y oficina.
Otra de las fortalezas que se aprovecharon en los momentos de turbulencia fue el autoabastecimiento de materias primas. Para asegurar la sostenibilidad de sus procesos productivos, Pizano comenzó en 1980 un proyecto forestal que hoy tiene 20.000 hectáreas sembradas, dirigido a cultivar especies nativas como ceiba roja (cedro macho). Las plantaciones ubicadas en Zambrano, Bolívar y en El Difícil (Magdalena) tuvieron el apoyo de Finagro. Así se desarrollaron proyectos asociativos para sembrar en terrenos que dejaron cultivos como el algodón y la explotación ganadera en la Costa Atlántica, a través de una línea de crédito de 30.000 millones de pesos.
De tal manera, Pizano aporta 4,5 millones de árboles, de las variedades cedro y melina, y se hace cargo de la tecnología y el cuidado. En la actualidad, el 65% de la materia prima que requiere es propia y la proporción restante es adquirida a las comunidades negras que tienen manejos medioambientales sostenibles. El proyecto cuenta con el Sello Verde de manejo sostenible del Forest Stewardship Council.
Ese es un ejemplo más de cómo, a través de decisiones audaces y de mucho valor empresarial, la empresa dejó atrás sus épocas más oscuras. Hoy, Pizano tiene su capacidad instalada con una ocupación superior al 95%, con ingresos en plena expansión, y exportaciones por más de 11.000 millones de pesos a Venezuela, Costa Rica, República Dominicana y Estados Unidos.
"En lo que resta del año, montaremos una línea de recubrimiento, para aumentar 30% la producción de laminados, y un nuevo aserradero en Barranquilla, con una inversión de seis millones de dólares", agregó Camacho. Con el repunte y los nuevos proyectos, Pizano ha incorporado en los últimos tres años 500 trabajadores y su participación es del 46% del mercado de la industria maderera del país. Nada mal para una compañía que fue víctima de un vendaval formidable pero que, como los árboles que procesa, logró sobrevivir gracias a la fortaleza de sus raíces.
NUEVOS SOCIOS
Pizano vivió a comienzos de este año una recomposición accionaria. Citibank Colombia y Leasing Citibank le vendieron a Corficolombiana sus acciones en Pizano S.A., por 5.626 millones de pesos. La transacción dio lugar a que Corficolombiana tuviera una participación del 36%, mientras el Banco de Bogotá conservó el 18,5%. Hay que tener en cuenta que Grupo Aval Acciones y Valores S.A. ejerce control directo sobre el Banco de Bogotá, e indirecto sobre Corficolombiana.