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Aunque no con la velocidad y profundidad que algunos quisieran, los indicadores muestran que las medidas han empezado a dar resultados. La desaceleración del crédito se ha hecho evidente: en el segmento de consumo, de acuerdo con cifras de la Superintendencia Financiera, después de crecer a una tasa nominal del 48% al finalizar el primer trimestre del año, hoy el ritmo de aumento se acerca al 43%. En el caso de la cartera hipotecaria, que registró un aumento del 20%, a comienzos de julio era del 8,4%, según los desembolsos nuevos.
El crédito comercial, que representa el 56% de la cartera del sistema financiero, luego de crecer al 40% anual al cierre del primer trimestre, ahora lo hace al 25%. También el microcrédito, que al cierre de marzo crecía al 30,5% lo hace hoy al 25,7%.
Algunos analistas creen que todavía la dinámica sigue alta y sería necesario aplicar un nuevo freno. Es el caso de Mauricio Cárdenas de Fedesarrollo, quien piensa que la tasa de referencia debe llegar a 9,5%. Por su parte, la presidenta de la Asociación Bancaria, María Mercedes Cuéllar, dijo que "las tasas de los créditos han venido cayendo; pienso que es conveniente que la Junta del Banco deje actuar las medidas tomadas".
Pero todo indica que la voluntad de torcerle el cuello a la inflación es indeclinable, sobre todo después del dato de aumento en el índice de precios al consumidor conocido la semana pasada. El hecho de que ni siquiera el Gerente del Banco de la República piense que la meta de inflación de 4% anual sea lograble indica que la entidad a su cargo tratará de recuperar la credibilidad perdida. Sea como sea.