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Un empleado bancario que ofrece tarjetas de crédito tiene otra explicación para este fenómeno. "No es tanto que los bancos den más préstamos, sino que se los dan a las personas que ya los tienen y no les interesa prestarles a los que están por fuera del sistema financiero".
Casos como el de Reynel Gómez pueden llegar a ser peores. Por ejemplo, a Carlos Arturo Ramírez, un vendedor de minutos de celular, le llegaron a su casa dos tarjetas de crédito sin ser solicitadas, con un cupo de 23 millones de pesos.
Y esto a pesar de que los colombianos no usan todo el cupo de sus tarjetas de crédito, pues de los 10,7 billones de pesos que según la Superfinanciera se podían gastar en mayo pasado, solo usaron 4,6 billones. Pero la 'tentación' siempre es muy grande. "Le vendí la cartera a un banco para pagarle a otro y en este momento tengo tres tarjetas de crédito, que estoy tratando de cancelar, para quedarme con una sola y ordenar mis finanzas", dice un oficinista.
Por lo general cada entidad tiene una política diferente para otorgar el cupo de las tarjetas, aunque el patrón normal es el de 10 veces el salario. El problema aparece cuando un usuario recibe varias ofertas al tiempo o no cuenta toda la verdad en la solicitud que hace. "Hay personas que reportan un menor número de hijos o dicen que no tienen, y según nuestros modelos, cada hijo resta la capacidad de pago en 350.000 pesos. También inflan sus salarios, cuando en el certificado de ingresos y retenciones se ve que ganan menos, pero los bancos solo les piden un certificado laboral", precisa un conocedor.
Así las cosas, la responsabilidad es compartida. Y aunque todavía el sistema financiero está lejos de registrar las preocupantes cifras de los años de la crisis, el campanazo ya ha sido escuchado. Tal como en otros temas de la vida, los conocedores aconsejan moderación, tanto por parte de las entidades como de los usuarios del crédito de consumo.