Abril 20 de 2007

Batalla de flores

La revaluación y la competencia internacional amenazan a la floricultura, pero el sector crece.

A MEDIADOS DE MARZO llegó a Bogotá el embajador John Veroneau, número dos de la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos, con el fin de conocer la percepción que hay en el país en torno al Tratado de Libre Comercio (TLC) que aún no ha terminado su proceso de ratificación. Aparte de las reuniones oficiales con funcionarios del Gobierno y empresarios, el diplomático pidió expresamente tener contacto con trabajadores colombianos.

Ese deseo fue cumplido durante una visita a los cultivos de Flores Bacatá, una de las principales empresas del sector con sede en la Sabana, en donde el funcionario observó de primera mano la labor de cientos de personas. Vio, por ejemplo, cómo los operarios preparaban bouquets y accesorios para bodas con destino al mercado de Nueva York, un negocio en el que han entrado cerca de una decena de empresas colombianas de flores, que han encontrado un buen filón para diferenciarse y mejorar su posicionamiento estratégico.

No obstante, Veroneau escuchó los lamentos de un sector que requiere las preferencias arancelarias para subsistir, más aun a la luz de lo sucedido con la cotización del dólar. Durante la reciente asamblea de Asocolflores, gremio que agrupa a tres cuartas partes de la industria, el presidente de la junta, Ernesto Vélez Koppel, dijo que "cada año que pasaba estábamos sintiendo que debido a la revaluación del peso, la floricultura atravesaba su peor momento. Hoy, otro año después, vemos con pavor que esta situación, lejos de mejorar, ha seguido empeorando".

Y es que esa situación se ha convertido en el gran dolor de cabeza de los exportadores de flores. De acuerdo con cifras de la Superintendencia de Sociedades, actualmente cinco empresas adelantan acuerdos de reestructuración de pasivos bajo la Ley 550, y otras 12 ya  han salido de este proceso. De estas últimas un poco más de la mitad logró firmar el acuerdo pero las demás fueron enviadas a liquidación obligatoria.

Lo que está en juego no es de poca monta. Según estimativos de Asocolflores, sus afiliados ocupan unas 205.000 personas y poseen 7.000 hectáreas de cultivos. El año pasado el sector exportó 972 millones de dólares, de los cuales cerca del 75% fue hacia Estados Unidos.

Incluso los inversionistas internacionales han sentido el golpe. Dole Fresh Flowers reveló hace unos meses que despediría a cerca de 3.500 personas luego de tomar la decisión de cerrar Splendor el Corzo y Porcelain Flowers, dos de sus más grandes fincas productoras en Colombia, y otras instalaciones. "El exceso de oferta de la industria lleva los precios abajo, creando una presión significativa a los cultivadores para mejorar su operación", dijo entonces Juan Amaya, presidente de la empresa, en un boletín.

Pero el comportamiento del dólar no es el único factor que afecta a la industria. La aparición de nuevos competidores, básicamente en países de África y Asia, es una de las principales amenazas para el mercado de flores frescas, debida a sus menores costos de producción. Un ejemplo que se ha mencionado con insistencia es el de Kenia, el cuarto exportador mundial de flores, en donde a un obrero gana 60 dólares al mes, mientras que en Colombia recibe unos 380.

A raíz de esa situación, los conocedores del tema sostienen que el sector está buscando nichos de mayor valor agregado. Peter Morant, presidente de la Sociedad Americana de Floristas, dijo durante una reciente visita al país que el trabajo de las empresas colombianas se nota pues hoy se ven "más maduras, con mayor sofisticación en el desarrollo de las estrategias de negocios". Así mismo, Morant destacó la "preocupación por profundizar en las tendencias de los consumidores", al referirse a estudios concretos que se han hecho para lograr una mejor penetración del mercado de Estados Unidos.

Elementos como ese permiten afirmar que aunque las circunstancias no son fáciles, los productores de flores no están quietos, pues desde hace unas semanas se han dado movimientos que  llevan a algunos analistas a pensar que poco a poco se está dando un reacomodo de la cadena.

Un ejemplo tuvo lugar el pasado 19 de marzo cuando AIG Capital, un fondo privado  filial del grupo asegurador estadounidense del mismo nombre, anunció la compra de una participación accionaria significativa de Falcon Farms, que tiene 300 hectáreas de flores en Colombia, Ecuador y México. En sus operaciones en el país la empresa tuvo ventas por 81.000 millones de pesos el año pasado, con una disminución de 5,1% con respecto al 2005, debido precisamente a que recibió menos por sus ventas de flores cortadas a EE.UU. y Canadá. No obstante, AIG sostiene que la compañía tiene buenas posibilidades y que desea adquirir a más empresas del ramo.

Y eso no es todo. Hace unos días 25 distribuidoras estadounidenses, entre ellas Seagrott Riccardi, formaron la compañía Pangea Floral Group para comprar dos cultivos en Colombia y proveerse del producto, con lo cual tendrían acceso a cerca de una tercera parte de las exportaciones nacionales, logrando, de hecho, una integración vertical del negocio, desde el cultivo hasta el consumidor final.

Consultado sobre este nuevo movimiento, el gerente de un cultivo de flores de la Sabana de Bogotá sostuvo que la revaluación es sinónimo de muerte, pero hay posibilidades de sobrevivir mediante alianzas, competitividad  y valor agregado. "La  llegada de más extranjeros preocupa, pero eso es bueno", concluye.

 

ALTERNATIVAS PARA GANAR

Hace unas semanas el gerente de Rosas Sabanilla, Carlos Borrero Ángel, dijo que una de las fortalezas de su pequeña empresa, como la de la floricultura en general, es poder trabajar con invernaderos livianos, que representan una inversión menor de 90 millones de pesos por hectárea, así como mano de obra barata con respecto a la competencia. No obstante, ve nubarrones  en el futuro. "Anualmente se incrementan los costos de producción, la mano de obra  y los servicios mientras los ingresos decaen por la revaluación", sostuvo. 

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