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Y eso no es todo. Hace unos días 25 distribuidoras estadounidenses, entre ellas Seagrott Riccardi, formaron la compañía Pangea Floral Group para comprar dos cultivos en Colombia y proveerse del producto, con lo cual tendrían acceso a cerca de una tercera parte de las exportaciones nacionales, logrando, de hecho, una integración vertical del negocio, desde el cultivo hasta el consumidor final.
Consultado sobre este nuevo movimiento, el gerente de un cultivo de flores de la Sabana de Bogotá sostuvo que la revaluación es sinónimo de muerte, pero hay posibilidades de sobrevivir mediante alianzas, competitividad y valor agregado. "La llegada de más extranjeros preocupa, pero eso es bueno", concluye.
ALTERNATIVAS PARA GANAR
Hace unas semanas el gerente de Rosas Sabanilla, Carlos Borrero Ángel, dijo que una de las fortalezas de su pequeña empresa, como la de la floricultura en general, es poder trabajar con invernaderos livianos, que representan una inversión menor de 90 millones de pesos por hectárea, así como mano de obra barata con respecto a la competencia. No obstante, ve nubarrones en el futuro. "Anualmente se incrementan los costos de producción, la mano de obra y los servicios mientras los ingresos decaen por la revaluación", sostuvo.