Milagro a alta velocidad

La tragedia de Steven Guerrero movilizó a sus amigos y seguidores, que continúan orando por él.

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El viernes 14 de noviembre de 2008, a la 1:23 a.m., Steven Guerrero Osorio entró por la puerta de urgencias del Hospital Federico Lleras Acosta de Ibagué. En medio del llanto histérico de sus amigos, el joven de 19 años fue conducido a la sala de cuidados intensivos. "Sálvenlo, es la gran promesa del deporte colombiano", gritaban.

Tres horas más tarde, tras la correspondiente estabilización, el médico Harold Trujillo, quien se encargó de la supervisión del piloto en Ibagué, declaró a un par de periodistas de la ciudad: "Steven presenta un politraumatismo severo múltiple, fractura de tibia y peroné de la pierna izquierda y un trauma craneoencefálico severo, que le causó inflamación en el cerebro. Está muy grave y el pronóstico es reservado".

Un día antes, Steven Guerrero, por entonces el rutilante subcampeón de la F3 Británica, había llegado por la mañana a la población de El Guamo, proveniente de Bogotá, con el único fin de cumplir con el Circuito Callejero 2008, primer evento automovilístico que se organizaba en la vieja población de Tolima, en la que él sería la figura descollante.

Su hermana, Katherine, le había rogado esa mañana que no fuera a la exhibición de velocidad. Encontraba el evento "muy poco profesional y fuera de contexto". Pero el joven bogotano hizo caso omiso, viajó con un par de amigos y a las 11  en punto de la noche del jueves 13 de noviembre, en medio de la algarabía del pueblo que festejaba su presencia, solicitó una motocicleta para efectuar el reconocimiento de pista adaptada para el certamen a realizarse el día siguiente.

Steven se subió al aparato, aceleró y, según testigos, se salió del trayecto destinado para la carrera. En poco, a la deriva, recorrió las calles de la pequeña población y en la avenida más importante del municipio se encontró de frente con una tractomula que lo arrolló. El impacto en la parte izquierda de su cabeza truncó una de las carreras más promisorias del automovilismo latinoamericano y dio la señal de partida al via crucis de una familia que, día y noche, hasta hoy, ha vivido con la angustiosa presencia de la muerte.

Montaña rusa

Su madre, Ana Josefina Osorio, y su hermana Katherine -quienes destrozadas viajaron el mismo sábado 14 en la madrugada una vez recibieron la fatídica llamada desde El Guamo-, lo encontraron en el peor estado. "Un médico en la clínica me dijo que tenía muerte cerebral, que estaba desahuciado -relató Ana Josefina a CAMBIO-. Cuando vi a mi niño aún ensangrentado lo abracé y le dije que no nos dejara solas. Entonces él lloró, con lo cual los médicos se dieron cuenta de que todavía algo se podía hacer".

 Intubado, completamente inconsciente y en el filo de la muerte, Steven Guerrero estuvo hospitalizado a lo largo de nueve días. Los médicos le suministraron medicamentos vasoactivos para atenuar la actividad cerebral y así evitar la formación de un edema. La recuperación, sin embargo, era tan leve que una enfermera del hospital Lleras le recomendó a Ana Josefina Osorio los servicios del 'Padre Fredy', un cura del corregimiento de Villa Restrepo -cercano a Ibagué- reconocido en la zona por sus poderes curativos.

El 19 de noviembre, bajo la supervisión del sacerdote, se celebró una misa de sanación que, según su mamá, ayudó para que el milagro se produjera. Contra todos los pronósticos, quien era la estrella del equipo inglés T-Sport mostró pequeños signos de mejoría y el 23 de noviembre fue trasladado desde Ibagué a la Clínica del Country de Bogotá. Su condición se reportó como estable. Desde entonces le empezaron a practicar cuatro terapias que han sido las competencias de su actual vida: física, respiratoria, ocupacional y fonoaudiológica.

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