El golf no patinó

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Tras más de un siglo por fuera del programa olímpico, por voluntad propia, el golf está a las puertas de volver a formar parte de los Juegos de Verano. Ya dio un primer paso cuando el Comité Ejecutivo del Comité Olímpico Internacional (COI) lo escogió al lado del rugby como las disciplinas que pondrá a consideración de la 121 Asamblea General de cara a la cita de 2016, el próximo 9 de octubre en Copenhague (Dinamarca). En el camino se quedaron patinaje en línea, squash, sóftbol, béisbol y karate. Un duro contraste en el que Colombia, sin querer queriendo, es protagonista de primer orden: cuenta con varios de los mejores patinadores del mundo y fue uno de los países que promovió las gestiones para llevar a esta disciplina a los Olímpicos. Para nadie es un secreto que en nuestro país existe una amplia cultura del patinaje, mientras que el golf es un deporte que solo en los tres últimos años, gracias a las actuaciones de Camilo Villegas en el PGA Tour, es familiar para la gente del común.

En 1997, cuando Colombia empezaba a pisarles los talones a los mandamás del patinaje en el mundo, el entonces presidente de la Federación Colombiana de Patinaje, Carlos Orlando Ferreira, se ilusionó con darle al país la conquista de la primera medalla de oro en la historia de la cita ecuménica, algo que solo se hizo realidad para Colombia en septiembre de 2000, gracias a la pesista María Isabel Urrutia, en la división de 75 kilogramos.

Lo más irónico de todo es que hoy, convertido en concejal, Ferreira impulsa ya no la inclusión del patinaje en los Olímpicos, sino la construcción de campos de golf en algunos de los humedales de Bogotá, como estrategia para masificar esta disciplina y permitir la práctica en todos los estratos sociales. Un muy llamativo cambio de bando que explica por qué el golf sí puede volver a los Juegos y el patinaje continuará la espera.

Un siglo después

El golf estuvo en los Olímpicos: en París-1900 y San Luis-1904, solo con competencia masculina y con la única presencia de Estados Unidos y Canadá; el oro le correspondió al canadiense George Lyon. Luego, sus dirigentes se autoexcluyeron de la cita veraniega aduciendo que los Juegos estaban en un nivel inferior a la historia y tradición del deporte de birdies y bogeys. El primer intento por regresar se dio con ocasión de los Juegos de Atlanta-96, pero se frustró por las cerradas políticas del Augusta National Golf Club, que acogería la competencia.

A diferencia de lo ocurrido con el patinaje, con muy pocas superestrellas por mostrar, el golf empleó una agresiva estrategia que incluyó a leyendas como Jack Nicklaus (el mejor golfista de la historia) y Annika Sorenstam como embajadores. Además, Tiger Woods y Lorena Ochoa se unieron a figuras como Colin Montgomerie (capitán europeo para la Copa Ryder de 2011), Phil Mickelson, la noruega Suzanne Pettersen, el fijiano Vijay Singh, el surafricano Ernie Els, la australiana Karrie Webb, el español Sergio García, el japonés Ryuji Imada, el canadiense Mike Weir y hasta el colombiano Camilo Villegas.

Juegos de poder

Tal y como lo expresa Jorge Andrés Botero, ex campeón mundial y uno de los patinadores más representativos del país, "la suerte del patinaje, en contraste con el golf, radicó en el poder de sus dirigentes y del dinero". Al golf están vinculadas multinacionales; hay actividad organizada (aficionada y profesional) en todo el planeta; hay canales de televisión especializados que transmiten las 24 horas; en Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica hay innumerables publicaciones impresas y digitales, en gran variedad de idiomas, que dan cuenta de la actividad del golf.

Por otro lado, Tiger Woods, Phil Mickelson, Annika Sorenstam, Lorena Ochoa y Camilo Villegas, por ejemplos, son verdaderas figuras de talla mundial. Eso no ocurre con los mejores patinadores. El francés Yann Guyader y la cartagenera Cecilia Baena son hoy los líderes de la Copa Mundo de Maratones, pero casi nadie los identifica fuera de ese ámbito.

Para el aficionado colombiano resultaba mucho más atractiva la opción del patinaje. Sin embargo, la decisión del Comité Ejecutivo del COI parece un duro castigo a los dirigentes de este deporte, que a pesar de años de esfuerzo no han encontrado los argumentos   para convencer. Y, como en el caso de Ferreira, terminaron cruzando la vereda. El golf, en cambio, está a punto de volver a la fiesta más grande del deporte en el mundo. 

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