La Sub-20 ratifica que equipos surgidos por 'generación espontánea' hacen brillar el fútbol nacional

El actual equipo de juveniles dista mucho de grupos anteriores como los de 2003 y 2005. Foto: Efe

Si en el mundo la teoría de la generación espontánea es antigua y está desacreditada, en el fútbol colombiano parece tener vigencia cada vez que una selección participa en un torneo internacional.

En el Suramericano Sub-20 de Venezuela, la Selección Colombia ha sido un reflejo del sello genético del balompié nacional: siempre despierta gran expectativa en torneos juveniles, generalmente cumple destacadas actuaciones en los partidos de preparación, hay jugadores que les abren el apetito a empresarios, pero a la hora de la competencia la presión del triunfo y la poca fortaleza mental echan al traste los objetivos.

¿Qué tiene que ver, entonces, la generación espontánea? Según algunos directores técnicos, esta hace que de vez en cuando -y gracias a la madre naturaleza- aparezcan grandes talentos que se juntan en una Selección y entregan títulos y un futuro lleno de ilusiones.

Este es el ejemplo de la Selección Colombia que ganó el Suramericano Sub-20 de 2005 en el Eje Cafetero y que bajo la dirección técnica de Eduardo Lara combinó un juego armonioso con estupendos resultados. Lo más importante es que aquella camada hoy surte al equipo de mayores.

Juan José Peláez, el director técnico antioqueño que ha sido campeón colombiano con Nacional y reconocido por su labor en las selecciones juveniles entre 1988 y 1992 (fue subcampeón suramericano y clasificó al equipo al Mundial de Arabia Saudita), cree como pocos que el fútbol colombiano le debe parte de su éxito a la 'generación espontánea'.

"Selecciones como la de 2005 o la de 2003, que fue tercera en el Mundial de Emiratos Árabes, triunfaron porque surgieron jugadores muy buenos y con personalidad, eran equipos que tenían recambio y eso es fundamental para tener éxito en torneos cortos", asegura Peláez.

Sin embargo, aclara que "sin demeritar el trabajo que se hace por parte de los técnicos, el fútbol colombiano es muy irregular en resultados y estilo porque no hay procesos, nadie se los aguanta en medio de esta inmediatez en la que vivimos y la exigencia de conseguir resultados", agrega el hoy comentarista deportivo de un canal privado de televisión. Para Peláez, la 'generación espontánea' es la que ha marcado al fútbol colombiano a través de su historia, no solo en categorías juveniles.

"En el país se pudo reunir en una misma generación a talentos como Carlos Valderrama, Freddy Rincón, Leonel Álvarez, Faustino Asprilla, entre otros, y con ellos se intentó darle un estilo al fútbol colombiano. Pero para mí es claro que son jugadores que surgen de repente y no porque haya un trabajo consciente en las divisiones inferiores para conseguirlos".

Biotipo igual, trabajo distinto

 Uno de los más sorprendidos al volver a dirigir en Colombia después de diez años, debido al cambio de estilo que hubo en este tiempo, es Hernán Darío Gómez, actual técnico de Santa Fe. A 'Bolillo' le costó adaptarse a un fútbol en el que, según él, importan más la potencia física y la velocidad, que la técnica con la pelota y el juego inteligente. "Lo que yo veo es que en muchos equipos poco se trabaja para jugar con el balón. Ahora quieren jugadores que corran y corran, vayan al choque, jueguen muy rápido, que haya un fútbol muy vertical, pero sin toque y sin pausa, y eso para mí no es bueno", sentencia.

Gómez afirma que en el país siempre ha habido buenos jugadores y siempre surgirán, pero que la clave es rescatar el estilo. "Al jugador colombiano le gusta tener la pelota, tocarla, eso le da alegría y confianza, lo hace sentir bien; en eso se parece mucho al brasileño y no debemos cambiar".

Eduardo Lara, hoy técnico de la Selección de mayores y uno de los más exitosos en la historia del país en categorías juveniles, considera que el biotipo del jugador colombiano siempre ha sido el mismo y coincide con Peláez en afirmar que en el país lo único que valen son los resultados.

"En Colombia siempre vamos a encontrar el jugador rápido de la Costa Atlántica, el habilidoso del Valle del Cauca, al que le gusta la pelota como al antioqueño, el potente y grande del Chocó, el driblador de la Costa Pacífica... Eso difícilmente va a cambiar, lo que sí cambian son las necesidades. En el fútbol de hoy, hasta en las categorías menores, lo que más importa es el resultado", asegura.

Lara también es consciente de que si bien las características de los jugadores no cambiarán, porque son innatas según la región de donde sean, el sello de calidad lo darán las mejores generaciones. Y aunque no lo afirma públicamente, da a entender, de manera tácita, que la actual camada de juveniles dista mucho de la que a él le dio la gloria en 2005.

Por  Gabriel Briceño F. 
Enviado especial  CEET /  Venezuela.

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