Indignada por las burlas racistas de los hinchas del Atlético de Madrid contra los jugadores negros del Olympique de Marsella el pasado 1º de octubre, la Unión de Asociaciones de Fútbol Europeas (UEFA) tomó la decisión de suspender al estadio madrileño Vicente Calderón por dos partidos y dejar otro en suspenso mientras el equipo 'rojiblanco' no se viera inmerso en nuevos incidentes durante los próximos cinco años.
"Esos actos de xenofobia no se van a soportar más en el fútbol -afirmó William Gaillard, director de Comunicaciones y Relaciones Públicas de la UEFA-. Estamos seguros de que hemos sido consecuentes con los principios y valores que debe impartir este deporte y, por ello, resolvimos darle una sanción ejemplarizante al equipo 'colchonero' (Atlético de Madrid)". El vocero añadió que 'los Ultras' (barras bravas) del tradicional club español cometieron "una falta intolerable" contra la política de este organismo, que aboga por una "tolerancia cero" hacia las conductas violentas o racistas.
Sin embargo, luego de un recurso de apelación que presentó el Atlético de Madrid, la UEFA optó por aplazar la suspensión al Vicente Calderón. El equipo pagó una multa de 150.000 euros -450 millones de pesos- y gracias a ello jugó en su cancha el pasado miércoles 22 de octubre el encuentro de la Liga de Campeones contra el Liverpool, de Inglaterra. Aun así, el Comité de Disciplina y Castigo del organismo europeo se volverá a reunir el viernes 31 de octubre para seguir estudiando el caso.
Aunque la reculada es una demostración del temor a las chequeras abultadas y al poder de algunos dirigentes, el hecho de que la UEFA se atreva a mencionar la posibilidad de imponer sanciones tan severas es un síntoma de que la violencia en el fútbol está a punto de tocar fondo y de que las estrategias para poner en cintura a las barras díscolas se están agotando.
Prontuario futbolístico
Los resultados han sido poco efectivos, pero es claro que, en los últimos años, las sanciones impuestas por la UEFA y la FIFA han tendido a endurecerse. En 2003, la Asociación Inglesa de Fútbol pagó una histórica multa de 99.000 euros -aproximadamente 300 millones de pesos- por la conducta racista de los seguidores de su selección nacional y por invasión del terreno de juego en el partido que disputaron el 2 de abril de ese año las selecciones de Inglaterra y Turquía.
Unos meses después, la Comisión Disciplinaria de la FIFA, además de sancionar a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) con 100.000 francos suizos -46.020 millones de pesos- por las expresiones racistas de los fanáticos que asistieron al encuentro entre España e Inglaterra por las eliminatorias al Mundial en 2004, advirtió al equipo ibérico que en caso de reincidencia, la selección debería jugar uno o varios partidos a puerta cerrada e incluso quedaría relegada de las competencias continentales.
Al año siguiente, el Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol obligó al Atlético de Madrid a pagar una multa de 6.000 euros -18 millones de pesos- por la actitud xenófoba de un sector de su afición durante un encuentro contra el RCD Espanyol. "Aplicamos esta multa por los insultos racistas que recibió Carlos Kameni, portero titular de la selección de Camerún", indicaba la sentencia, a la vez que confirmaba que unas 500 personas en la localidad sur imitaron "sonidos de monos" cada vez que jugadores de color del club visitante tocaban el balón.
En 2006, la UEFA dio otro giro de tuerca al advertir que los insultos a la dignidad, fueran por raza o religión, serían sancionados durante cinco partidos o por un tiempo específico.
Este año, el Paris Saint-Germain por poco se convierte en el pionero en recibir el castigo después de que sus hinchas desplegaron una pancarta contra los jugadores del Lens en la que se leía: "Pedófilos, desempleados, incestuosos". Otra vez, la conmiseración de los tribunales salvó al equipo.
Del dicho al hecho
La amenaza ahora pende sobre las selecciones: los actos xenófobos de los hinchas de España, Polonia y Croacia durante la pasada Eurocopa o los partidos de eliminatoria europea, han llevado a la FIFA incluso a plantearse la posibilidad de que las respectivas selecciones no participen en el Mundial de Sudáfrica de 2010 o la Eurocopa de Naciones de 2012.
La escalada hace suponer que no falta mucho para que los tribunales pasen de los dichos a los hechos. Por supuesto, los directivos del fútbol mundial saben que las sanciones contra los clubes y las selecciones por actos cometidos por los hinchas en cierto sentido es hacer que justos paguen por pecadores. Pero una vez agotadas las medidas policiacas, el último recurso será meterse con aquello que los fanáticos más aman: sus propios equipos. Que la estrategia funcione... eso está por verse.
Por Felipe Ortegón