No sea bestia

De una manera simpática, el libro celebra los 60 años del fútbol profesional colombiano. Cortesía 'Bestiario del balón' / Editorial Aguilar

Un politólogo y estadígrafo frustrado, un futbolista que no fue tenido en cuenta ni en la selección de quinto de primaria y un abogado con maestría en 'Ocio Dominical' conforman la nómina de autores de Bestiario del balón (Aguilar), una biblia para los que quieran conocer las más grandes torpezas y despropósitos del fútbol colombiano.

Con toda la autoridad moral para pronunciarse al respecto, Federico Arango Cammaert, Nicolás Samper Camargo y Andrés Garavito, los tres 'troncos' de marras, han decidido pasar de la pantalla al papel los relatos que desde 2005 contaban en la página www.bestiariodelbalon.com. Las gestas gloriosas y las epopeyas futbolísticas aquí quedaron fuera del lugar; en esta colección el campo de juego solo tiene espacio para las bestias y las bestialidades. En pluma de sus propios autores, cuatro botones de muestra.

GUILLERMO 'MANIMAL' CORTÉS

Un cronista avezado lo bautizó de esa manera sin que aún se sepa por qué ese mote llegó a su vida; se dice que no fue por la agilidad para reptar como una serpiente en el área adversaria, o por ser un acorazado depredador del área, como un puma negro, y mucho menos porque su velocidad se asemejara a la de un corcel desbocado cuando emprendía esos carrerones hacia campo contrario. No, todo parece que se gestó por su aspecto físico.

Y hay que ser divertidamente cruel para zamparle semejante sambenito a un honrado trabajador del fútbol. Manimal, el famoso seriado que fue un hit en Colombia por la transformación de un bien plantado científico en animal (interpretado por Simon McCorkindale), resultó ser la palabra perfecta, el calificativo ideal, para identificar a este delantero de los años noventa, tan veloz que en su galope golpeaba sus brazos contra la cara.

HANS SCHOMBERGER TIBOCHA

Por donde se le mire, era un bicho raro. A su nombre y apellido foráneos (su familia paterna provenía de Austria), se sumaba su estrato. Además de bogotano, no tenía problemas en declararse hincha de Millonarios, lo que le permitía ser visto por los fanáticos como uno de los nuestros que había bajado de las gradas para ponerse los cortos y redimir al equipo. Por su singular perfil, y también por su talento, desde temprana edad Hans Schomberger Tibocha llamó la atención. El rumor de la aparición de una exótica estrella juvenil no tardó en esparcirse por los corredores de El Campín. A comienzos de 1999 Jorge Luis Pinto lo tuvo entre las novedades juveniles de la pretemporada, pero su desempeño fue más bien intermitente. Sin tantos ojos encima, al final decidió desplegar su talento en los torneos interuniversitarios como figura estelar del equipo de su facultad.

REFERENDO ROJO

Como es una inveterada costumbre, el Santa Fe de 2003 se quedó por fuera por sus propios medios y esto produjo incontenible rabia entre sus fanáticos, porque nada le puede dar más 'piedra' a un hincha que comprar un abono para todo el semestre y que, por la incapacidad del equipo de sus amores, apenas termine utilizado el 60 por ciento. El grave problema radicaba en que los atacantes eran un monumento al desperdicio, una oda a la esterilidad, una ligadura de trompas en pos del gol, una vasectomía ofensiva incurable.

Cuentan que varios dirigentes utilizaron un método de presión muy efectivo: hacer un referendo entre los hinchas para saber cuál de los jugadores cuestionados debía irse. Por eso en la última jornada del Finalización, dieron la orden de que no se cobrara el ingreso a El Campín y que, además, cada fanático que entrara debía escoger, muy al estilo de Expedición Robinson, aquellos personajes que quería eliminar, los que debían permanecer y también sugerir refuerzos para el club.

EL LONDRINAZO

Iniciado el partido, y en hechos en los que no vale la pena detenerse, Brasil mandaba la pelota al fondo de la red una y otra vez ante la mirada impotente de un Javier Álvarez, que solo atinaba a tomar su alopécica cabeza entre las manos. Para tratar de enmendar la cadena de errores previos, ingresó gradualmente a uno que otro de los titulares, intentando revertir una situación que mucho antes de iniciar el juego ya era irreversible.

Otras postales del ridículo de esa tarde del año 2000 en Londrina quedaron grabadas con hierro caliente en el inconsciente colectivo de la nación. Por un lado, León Darío Muñoz implorando con señas a los defensas brasileños que le dejaran convertir el 7-1 salvador. Por la otra faz, David Montoya lloraba desconsoladamente mientras dejaba asomar una patética camiseta blanca con mensajes propios de Og Mandino o Walter Riso. Atraído por las lágrimas del volante paisa, el técnico rival, Wanderley Luxemburgo, se acercó a consolarlo. Montoya le agradeció el gesto y de paso le solicitó comedidamente una 'camisetica' de las que usaron sus verdugos. 

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