MARIO VARGAS LLOSA, en su magnífica novela Conversación en la catedral, puso en boca de uno de sus personajes, el popular Zavalita, una pregunta que se haría impertérrita con el transcurrir del tiempo en la vida de los peruanos: "¿En qué momento se jodió el Perú?" La cita viene al caso cuando el otro día, desde Bogotá, me solicitaron una opinión sobre la realidad actual del fútbol peruano a propósito del partido que nuestra selección y Colombia jugarán este sábado en el Estadio Nacional limeño por las Eliminatorias suramericanas. Lo primero que saltó a mi mente fue Mario y, por supuesto Zavalita. Y me pregunté: ¿En qué momento se jodió nuestro fútbol?
Pues hace mucho tiempo. Desde 1982 no llegamos a un Mundial. Las imágenes de triunfo de aquel equipo que dirigía el brasileño Tim parecen instantes de ficción para las últimas generaciones, tan acostumbradas a las derrotas.
En todo ese tiempo -seis Eliminatorias- la selección peruana ha tenido nueve entrenadores (Pacho Maturana incluido). Antes de que se inicie la presente, de Sudáfrica 2010, Julio César Uribe le cedió la posta a José del Solar. Estos vaivenes se originan en dirigentes faltos de ideas, temblorosos ante la presión de la prensa, faltos de tacto y determinación para solucionar los problemas, como los recientes actos de indisciplina cometidos en el hotel El Golf Los Incas.
En la Copa Libertadores el panorama tampoco es distinto: desde el 2004 no pasamos siquiera de la primera fase. Nunca la hemos ganado y solo Universitario, hace 36 años, y Sporting Cristal en 1997 estuvieron cerca de alcanzarla. Terminados los ciclos de los Cueto, Velásquez, Cubillas, Uribe y tantos otros que prestigiaron a la 'blanquirroja', se perdió de vista el trabajo con los menores, que necesita de mucha paciencia, sin pedir resultados inmediatos. Los dirigentes de la Federación Peruana de Fútbol, elegidos en votaciones extrañas, ofrecieron inflexibles planes para cambiar nuestro fútbol, pero muy pronto ellos mismos los echaron al tacho. Algo parecido ocurrió con nuestro 'vóley' femenino, subcampeón olímpico en 1988. Sus dirigentes pensaron que el grupo que encabezaba Cecilia Tait iba a ser eterno y la inflexible realidad no tardó en mostrarles su equívoco.
Francisco Lombardi, afamado cineasta y conocedor profundo de la problemática del fútbol peruano, comentaba hace poco que la crisis es seria y que no se aprovecha el buen momento que atraviesa el país en otros rubros. El trabajo en menores está quebrado por cuestiones más políticas que deportivas. Si en la década del 60 había 200 clubes en los Barrios Altos -zona cercana al Centro de Lima, cuna de buenos futbolistas- hoy apenas sobreviven 15, lo que explica en parte la crisis actual. Es en el club de barrio donde se forma el jugador de fútbol, donde aprende a competir para triunfar, a ser disciplinado, a respetar a los buenos dirigentes que por amor a su barrio entregan sus horas de ocio para trabajar por su institución. Brasil y Argentina mantienen una producción formidable gracias a los jugadores salidos de favelas y villas míseras, pese a que sus problemas económicos y sociales son similares a los de Perú.
La aplastante mayoría de clubes profesionales peruanos son muy pobres. Un ejemplo de ello es Sport Boys, cuna de Valeriano López y Willy Barbadillo, estrellas peruanas en el fútbol colombiano de hace décadas, que pasa por una de las peores crisis de su historia. Adeuda sueldos a sus jugadores desde el año pasado, causa por la que ya han perdido puntos en el torneo actual y que ha puesto en riesgo su existencia institucional.
El presidente de la Federación Peruana de Fútbol, Manuel Burga, ni siquiera puede firmar cheques porque no es reconocido por las autoridades deportivas peruanas. Una reciente encuesta reveló que el 86% de la gente está en contra de su permanencia, pero se mantiene atornillado en su sillón. Los propios jugadores de la selección, lejos de responder a la confianza del aficionado, cometen actos de indisciplina, se trenzan en discusiones absurdas con la prensa y hasta amenazan con no jugar -como ocurrió antes del partido por la Eliminatoria ante Ecuador- por diferencias con la dirigencia por el pago de premios.
El deporte peruano, y el fútbol en particular, nunca aprendió a organizarse. Si se ganó alguna vez fue gracias a la calidad de sus jugadores. Hoy navega en el desprestigio, en polémicas absurdas, atizadas por resultados tan vergonzosos como el sufrido el último domingo a manos de México (0-4) en Chicago. Del Solar tampoco parece tener claras sus ideas. Desde que asumió el cargo ha hecho mil y un ensayos, sin que a la fecha encuentre el equipo ideal. Ha convocado a más de 60 jugadores, cuando no se necesita tener dos dedos de frente para saber que en este Perú versión 2008 no debe haber más de diez jugadores listos para la alta competencia. Dice Lombardi, con razón, que solo una vuelta de tuerca radical es indispensable para avizorar mejores horizontes.
Solo nos queda rogar porque este sábado 14, Dios nos ilumine ante los colombianos. No nos queda otra.
MÁS CRISIS
A tan sólo una semana del partido frente a Colombia en Lima, por las Eliminatorias suramericanas al Mundial de Sudáfrica 2010, Perú cayó ante su similar de México. Tras recibir cuatro goles en los primeros 30 minutos (así terminó el partido: 4-0), titulares como "Humillados", de Perú 21; "Qué vergüenza", de Correo y La Razón, o "Ni fútbol ni coraje", de La República, expresaron el lamento nacional por la pésima imagen mostrada por el equipo dirigido por 'Chemo' Del Solar quien amagó con renunciar al cargo. Los diarios analizaron los dos últimos amistosos jugados por la selección -el primero con una derrota de 2-1 frente a España-, y sentenció que los encuentros solo generaron dudas. También la prensa estableció que frente a los partidos de Eliminatorias "solo se espera un milagro".
POR MARIO FERNÁNDEZ G.
Periodista Deportivo de El Comercio De Lima.