El mercado del fútbol nacional hoy está a la altura del peruano y el boliviano

Gabriel Gómez.

SI EN LA DÉCADA DEL 80 se vivió un segundo Dorado en el fútbol colombiano, con las principales figuras del fútbol suramericano luciendo las camisetas de los clubes nacionales, hoy tenemos un mercado deprimido. Y lo más cómico del asunto es que la Federación de Historia y Estadística del Fútbol asegura que tenemos la novena liga del mundo... Como para causar risa.

Es cierto que en esa época hubo mucho dinero extraño rodando de cancha en cancha, que los narcotraficantes asumieron a varios equipos como juguetes de lujo. Pero es que las grandes figuras no solamente llegaban a los clubes grandes. Tolima, con todo y sus problemas económicos, se daba el lujo de traer jugadores de Boca Juniors, como Hugo Alves y Jorge Vásquez; el eterno colero de los 80, Cúcuta Deportivo, empeñó hasta los guayos de los jugadores para traer en 1985 a Juan Ramón Carrasco, el '10' de la Selección uruguaya que le peleó en su momento el puesto a Norberto Alonso en River. Bucaramanga, que en cada partido se comía cuatro y cinco goles en contra, contrató a Luis Landaburu, que siempre salía como figura y que en su momento fue suplente de Ubaldo Matildo Fillol. Unión Magdalena, otro experto en administrar pobreza, logró traer a Adolfino Cañete, que acababa de ser el volante de armado de Paraguay en el Mundial de México-86. Había para todos.

Y ni hablar de los equipos grandes. Uno mira las nóminas de esa época y la eliminatoria suramericana perfectamente podía jugarse en nuestros viejos estadios: Ricardo Gareca, Juan Manuel Battaglia, Julio César Falcioni, Roberto Cabañas, Amaro Nadal, Ricardo Villa, Carlos Ángel López, Alejandro Barberón, Marcelo Trobbiani, Sergio Goycochea, Wílmar Cabrera, Hugo Gottardi, José Luis Brown, Hugo Perotti, César Cueto, Guillermo La Rosa, José Velásquez, Julio César Uribe... Ojo, la mayoría eran mundialistas e incluso algunos jugaron finales, como 'Goyco'. Pero el mercado cambió. Los mecenas se fueron (o murieron, o se entregaron a la justicia) y la plata comenzó a escasear. Las grandes figuras llegaron con cuentagotas, en muchos casos cuando sus años de gloria ya eran historia patria.

Millonarios, que en su momento tuvo a Alfredo Di Stéfano y Adolfo Pedernera, ahora tenía que resignarse a traer a Neto, un brasileño que llegó a ser el '10' de su Selección, pero que cuando se puso la azul escondía su barriga debajo de la camiseta. Y como el que no conoce su historia está condenado a repetirla, el año pasado lo volvió a hacer, esta vez con el uruguayo Marcelo Tejera, también dueño de pizcas de talento y exceso de kilos. América tuvo a Fabián Estay, un chileno que llegó a los 37 años. Hugo Morales, que llegó a Nacional con 31 años, ya podía contarle a sus hijos que jugó en la Selección Argentina... diez años atrás.

El mercado colombiano, hoy por hoy, no tiene nada que envidiarle... al peruano o al boliviano. Jugadores a los que su cuarto de hora les pasó no en horas, sino en días. Extranjeros desconocidos que en el 99 por ciento de los casos fracasan y se van en el mismo silencio en que llegaron.

Cómo estará de deprimido el mercado colombiano, que las grandes figuras extranjeras que juegan en Colombia son venezolanos o panameños, un mercado que hace 20 años ni siquiera se conocía. Hace 12 años, en 1996, Millonarios contrató al venezolano Stalin Rivas, quien fue goleador de la Copa Libertadores y pintaba para figura, y fracasó estruendosamente. Hoy los venezolanos marcan diferencia. Es cierto que el fútbol venezolano ha progresado, pero no es para tanto.

Y ni hablar de los que vienen de la vecindad del canal de Panamá, que se destacan mucho en el béisbol, pero que en el fútbol todavía están en construcción. Sin embargo, llega un jugador como Blas Pérez, que tiene que pasar por varios equipos en Colombia para encontrar su lugar en el mundo en Cúcuta. Luego va a España y no juega. O Gabriel Gómez, que también le da la vuelta a Colombia en busca de un equipo y al final termina en Portugal, escándalo de por medio.

 Lo más cómico del asunto es que uno mira el fútbol venezolano y allí están muchos jugadores colombianos que acá no tuvieron lugar y al otro lado de la frontera son figuras. Y Bolivia es uno de los escampaderos tradicionales de nuestros futbolistas. Aparte de Bernardo Redín, y ahora Arnulfo Valentierra, ¿qué jugador medianamente famoso de nuestro fútbol jugó allí?

Y los extranjeros que año tras año llegan a Colombia lo toman como escala para conocer Suramérica. El Deportivo Quito de Ecuador, por ejemplo, acaba de contratar al defensa Darío Caballero y al delantero Martín Mandra. El primero pasó sin éxito por el Cali y el segundo se destacó en el Bucaramanga... por su falta de gol.

No nos digamos mentiras: los únicos mercados que tienen dinero para comprar jugadores son Chile, México, Argentina y algunos equipos brasileños. Los demás compran sobras. Cosas que pasan en la novena liga del mundo.

POR JOSÉ ORLANDO ASCENCIO
SUB EDITOR DE DEPORTES DE EL TIEMPO.

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