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SER TAPA DE LOS PRINCIPALES diarios y revistas estadounidenses, ser el argentino más popular del momento, asistir con pases mágicos a la leyenda Tim Duncan (su compañero de equipo) o jugarle de igual a igual a cualquiera de las grandes estrellas de la NBA, son hechos que hacen el pan de cada día de Emanuel Manu Ginóbili.
Ya es una costumbre que los cables internacionales destaquen las espectaculares hazañas del argentino Manu Ginóbili, cuando juega con su equipo los Spurs de San Antonio, Texas. Ya es un hábito que su técnico, Gregg Popovich, se refiera a él en los siguientes términos: "cuando debe ser agresivo lo es y cuando debe ser fino, también. Es un jugador muy completo, el jugador que todos queremos tener". Y ya es una tradición que los Spurs, de la mano del gran Manu, peleen las finales de la NBA, la liga más importante del baloncesto mundial (como en esta temporada).
"Es sin duda el latinoamericano que más lejos ha llegado en esto del baloncesto -dijo a CAMBIO Carol Rumié, analista y crítico de baloncesto-. De hecho no recuerdo a ningún jugador en el mundo haya ganado la Liga Europea, los Juegos Olímpicos, la NBA y segundo puesto en un Mundial. Y encima de eso, hoy, una vez más, tiene a los Spurs en la pelea".
'Manu' de Dios
Para nadie es un secreto que la afición argentina ve a Emanuel Gonóbili como el Maradona del baloncesto. Y la verdad es que tienen por qué creerlo. Su carrera, la más brillante de cualquier latinoamericano en la historia del baloncesto, comenzó en 1993 en la Liga Argentina cuando debutó en el equipo de su ciudad Bahía Blanca, el Bahiense del Norte, de donde salió para el Club Andino, para luego recalar en el Club Estudiantes con el que fue destacado en 1997 como el jugador más valioso de la Liga.
De allí Manu saltó a Italia donde jugó dos temporadas en el Basket Viola Reggio Calabria. Ahí logró consagrarse como uno de los mejores jugadores del viejo continente, ya que en aquella época ganó dos Coppa Italia (2001 y 2002), una Liga Italiana (2001) y una Euroliga (2001). En 2002 condujo a la Selección Argentina a obtener la medalla de plata en el Mundial de Indianápolis, formando parte del quinteto ideal del campeonato. Fue precisamente ese mismo año cuando aterrizó en los San Antonio Spurs, pero fue hasta la temporada 2004-2005 cuando demostró lo suyo.