Un árbol crece en Brooklyn
De Betty Smith
Lumen
Cuando le preguntaron a Betty Smith si este libro escrito en 1943 era su autobiográfica, ella se limitó a decir que eso hubiera querido. Y es que la vida de Francie Nolan, una jovencita de Brooklyn en los tempranos años veinte del siglo pasado, es pura poesía. No solo porque su válvula de escape es la lectura y la escritura, sino porque la manera como está descrita su durísima vida no despierta ni un ápice de lástima y tampoco es un recetario de superación. Nada de eso. Hija del sueño americano, sus padres Johnny y Kattie creyeron que emigrar a Estados Unidos sería su solución, pero no hubo tal. Sin embargo, rehúsan abandonarse a la queja y con ese espíritu crecen Francie y Neeley, su hermanito. Aunque Johnny es dado a la bebida, su hija lo adora porque se cree poeta, porque alegra con la música a los demás, porque ama a su esposa. Y Kattie, lo quiere y entiende. Sufre, pues cada borrachera le significa un periodo de vacas flacas en donde los niños saben que deben acogerse a un código propio: se les acababan los alimentos porque estaban de expedición... saben que de cuando en cuando eso ocurre en casa. Mientras, Kattie decide que para complementar su trabajo de limpieza debe estimular el alma, así que como un inquilino dejó un piano en la casa que habita decide aprender a tocarlo. La maestra, una refinada vecina que está igual de vaciada que ellos pero que ante todo conserva su dignidad, se hace la de la vista gorda y deja que los niños asistan sentados a la clase por los mismos centavos. Francie, entretanto, distrae sus días leyendo. Quiere estudiar y eso tampoco será tan fácil para una niña pobre como ella. Pero gracias a su tía, una mala influencia según dicen, logra captar la atención de la profesora. Le gustan las historias y eso le acarreará problemas pues quisiera que el mundo fuera tal como ella lo imagina y no como debe padecerlo en su injusticia. Como aquella vez que vio cómo apedreaban a una mujer frente a sus ojos, mujeres pobres como todas, porque su bebé no tenía padre. Ese día tuvo vergüenza del mundo en que vivía. Pero su profesora le ha dado una solución: hacer de sus anhelos cuentos y atenerse a decir la verdad cuando toque. Será, así, la imaginación su mejor aliada para superarlo todo.
Dominique Rodríguez D.
Invisible
Paul Auster
Anagrama
La historia nace de un encuentro fortuito. Adam Walker, joven universitario y aspirante a poeta, conoce por casualidad a Rudolf Born, profesor de Columbia, y a su mujer, Margot, ambos franceses, en una aburrida reunión de intelectuales en la Nueva York de 1967. A partir de ahí comienza Invisible, la nueva novela de Paul Auster. Walker recibe de Born la propuesta de crear y dirigir una revista literaria y surge entre los tres una relación que se meterá en terrenos peligrosos y que incluirá un asesinato. Lo más interesante de esta nueva obra de Auster es la forma como está narrada. Hay un juego continuo de géneros y puntos de vista narrativos. De hecho alguna parte de la crítica norteamericana ha afirmado que Invisible puede convertirse en un modelo que enseñe sobre el género a autores en formación. Porque es una ficción que juega con la ficción, con lo que es verdad o es mentira, con la memoria. Hacia la mitad del libro, el lector se enterará que lo que ha leído en presente es un manuscrito que Walker ha entregado a un colega escritor y que será este quien siga con la historia para luego dejarla en manos de otro narrador. Al final no se sabe si lo que el universitario ha vivido es real o no. La sombra de la invención rodea cada dato. La verdad está tan invisible como el título de la novela. Hay párrafos maravillosos, como siempre en Auster, referencias literarias exquisitas, una Nueva York peligrosa y sofisticada al mismo tiempo. Se lee rápido, como siempre con su prosa. Pero algo nos sigue debiendo este autor, que ya mostró su mayor talento con obras como Trilogía de Nueva York.
M.P.O