"Estamos viviendo un nuevo barroco": Josep Bargalló Valls

Foto: Nicola Mesken

¿Qué veremos en las semanas del 19 de marzo al 4 de abril de parte de Cataluña y Baleares?

Habrá 12 propuestas diferentes, así como eventos académicos, musicales y gastronómicos. Destacan los conciertos de Concha Buika y del gran pianista Carles Santos -cuyos espectáculos, influidos por John Cage, son siempre más que música, ya que en una ocasión les agregó lecturas poéticas-. También, la presentación del monólogo Non Solum de Sergi López, el teatro de calle de la reconocida Compañía Res de Res, poesía recitada por los actores Vicky Peña y Mario Gas, así como lecturas dramatizadas de textos del veterano dramaturgo Josep María Benet i Jornet y de una de las nuevas voces, Jordi Casanovas.

El teatro catalán se caracteriza por lo arriesgado y vanguardista de sus textos, ¿cuál es la razón de ello?

La tradición del teatro catalán es de vieja data y tiene una gran tradición de modernidad, en sus textos claro está, pero no solo allí; también en la escenografía, en la actuación y en los espectáculos de calle. Conviven muy bien los grupos consolidados de teatro clásico y el teatro moderno contemporáneo, y eso es porque el tono y las propuestas siempre son diferentes. Lo que viene a Colombia tiene la intención de ser una pincelada de esa riqueza y diversidad.

¿A ello se debe entonces la variedad de espectáculos, incluida una gran muestra de lecturas dramatizadas salidas del escenario?

Claro. La escenografía ha roto con el realismo visual de la caja escénica en donde hay una clara diferenciación entre el actor y el espectador, como las propuestas de La Fura dels Baus. Otro ejemplo de ello es una propuesta como la de Calixto Bieito, revolucionario director de ópera, teatro y zarzuela, que ha contado con maestros como Jerzy Grotowski, Peter Brook, Ingmar Bergman o Andrej Wajda. O la combinación lectura, cocina y vino que ha funcionado muy bien en París y Nueva York. Por eso queremos sorprender por la calidad y creatividad de las propuestas ya que traemos una gran mezcla disciplinaria.

Al dirigir un instituto como el Ramón Lull, que investiga la riqueza de la cultura catalana, ¿cómo caracteriza usted esta época?

Estamos viviendo un nuevo barroco. Si el Románico y el Gótico se caracterizaron por su simplicidad y esteticismo comedido, el Barroco representó el esplendor y la desmesura y eso es justamente lo que estamos viviendo actualmente en este crisol de culturas diferentes que es Cataluña y sus más de 300 lenguas. Están haciéndose reflexiones personales extremas y crudas y una buena descripción de las relaciones sociales que están mediadas por los grandes movimientos migratorios, las crisis en el sistema socioeconómico y de valores. Las crisis hacen que los textos teatrales sean violentos y duros, rotos incluso, y claro, no son textos que expliquen historias agradables, pero eso pone a prueba una gran creatividad.

Buika o la perfecta mezcla vocal

Lo segundo que hace Concha Buika antes de salir a escena es quitarse los zapatos. No canta con zapatos porque no la dejan sentir la percusión en su cuerpo. Sus pies descalzos son su tercer oído. Lo primero que hace es invocar a sus diosas, esas musas cuyos nombres lleva tatuados en su brazo izquierdo: las mujeres de su vida. Su bisabuela, su abuela, su mamá, sus hermanas. Su tribu. Buika -elegida por la propia Chavela Vargas como su heredera, su 'hija negra'- nació en 1972 en Palma de Mallorca. La suya era una de las tres familias de africanos que entonces habitaban esa ciudad mediterránea. Sus papás, nacidos en Guinea Ecuatorial, habían huido de su país para refugiarse en tierra ajena. Concha se crió en Palma entre los sonidos de la copla que salían por las ventanas, el cante de los gitanos, los boleros que oía su mamá, los versos africanos que cantaba su abuela. Sin terminar la escuela se empleó como mesera en un bar del barrio chino; tocó la batería en un grupo que duró poco, cantó blues en un hotel balear y viajó a Las Vegas a imitar a Tina Turner en casinos dementes. De vuelta a España conoció al productor musical Javier Limón (el mismo de artistas como El Cigala). Y se reveló su talento. Sus discos Mi niña Lola, Niña de Fuego y El último trago (homenaje a Chavela con el piano de Chucho Valdés) son la suma de flamenco, copla, jazz, bolero, son, ranchera... y en nada se oye extraña. Su voz no es de conservatorio, no importa. Buika no canta con la voz: canta con el deseo. ¿Africana? ¿Europea? "Si me encierro en la prisión de sentirme de un sitio, pierdo -ha dicho-. No olvido de dónde vengo, pero me gusta saberme de todas partes". Oírla cantar, con esa voz indomada, rota, llena de humo, es un goce. Oírla hablar puede ser un reto. "Soy bisexual, trifásica y tridimensional", suele repetir. Defiende (y usa) la marihuana; también el matrimonio a trío (se casó con un hombre y una mujer). "Viendo cómo Concha se acerca a la música, mezclando géneros de un modo tan espontáneo y magistral, uno piensa que el futuro no puede ser tan malo como parece", dijo Pedro Almodóvar. Tiene razón.

Martes 23 de marzo,
8:00 p.m. Plaza de toros.