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Pambelé baila a un ritmo que no entiendo. Le dije que en el baño público del mercado hay un letrero que dice "Pambelé es un pobre marica" y él me dijo que eso era lo de menos, que ya sabía quién había sido, pero que eso no le importaba por ahora, que le importaba haberle ganado a Pryor la otra noche en la playa. Por supuesto, no le creí. Le dije que eso lo había soñado, que había sido pelea de borracho, entonces se puso serio y me dijo que no, que esa noche no se había metido nada, que estaba limpio. No le creí, pero me cagué de susto. Pambelé tiene puños duros.
Hoy regresó con su historia, venía feliz, gritando a todo pulmón que de nuevo estaba aquí, que había regresado. Apenas me vio sacó del bolsillo de su pantalón un papel amarillo y arrugado y me lo entregó como si se tratara del mapa de un antiguo tesoro.
-Mira profe, toma pa' que me creas, esto me lo dio Pryor después de que le di su muñequera.
El papel tenía escrita una frase en griego. Con guantes pendencieros que ahora cierran ferozmente, sus resquebrajados rostros resuenan con los golpes. Le digo que es una frase de la Ilíada y Pambelé me dice que le importa un culo de quién sea, que Pryor se la dio por haberle ganado la otra noche en la playa. La noche en que por segunda vez volvió a ver esa luz brillante volando sobre el cielo de Bazurto. Me pide que le devuelva el papel y se queda callado, me dice que Pryor venía raro, que no sabe por qué no quiso decirle nada, que solo le dio el papel y se fue dando tumbos por la playa. Yo le sigo la corriente y le digo que no hay líos, que otro día se encontrarán a recordar los viejos tiempos. Que la vida da revanchas y que nadie podrá dudar nunca que él sigue siendo el campeón.
Luego me invita una cerveza. Nos sentamos y le cuento de la vez en que Hemingway le ganó a Tom Heeney, quien aspiró al título mundial en el 28. Pambelé abre los ojos y me pregunta cuánto medía Hemingway. Le digo que casi dos metros. Entonces se para y me dice, mirándome a los ojos, que por eso le hubiera gustado ser un poco más alto. Para no estar por debajo de ningún hijueputa.
Tercera parte
Primeras abducciones
De cómo apareció Aaron Pryor en Cartagena, después de trece años de su extraña desaparición, es un misterio que nadie ha podido resolver aún. Las autoridades que lo encontraron en la playa, inconsciente y con la cara cubierta de hematomas, no se explican cómo tal cosa pudo ocurrir. Muchas hipótesis han sido elaboradas a lo largo de los años. Las más arriesgadas plantean que Pryor fue abducido por seres de otra galaxia. Las destrezas adquiridas injustificadamente podrían dar fe de ello. El hecho de que el mismo Pryor no sea consciente de cómo o cuándo desarrolló sorprendentes habilidades para la cocina, la oratoria o los idiomas podrían sustentar tan osada afirmación.
Aunque científicamente los contactos interplanetarios aún no están comprobados, son muchos los casos de personas que dicen haber tenido experiencias de este tipo. Quizá uno de los casos más famosos sea el de los Hills, quienes en 1961 aseguraron haber sido raptados por seres de otro mundo. Su encuentro con los supuestos alienígenas estableció desde ese momento el guión de Las abducciones. Durante los años setenta la historia de los Hill se popularizó y se filmó una película sobre el tema. Después de la emisión de la película en 1978 los relatos sobre abducciones se multiplicaron asombrosamente por todo el mundo.
El hecho de que Aaron Pryor hubiese sido o no víctima de una abducción es algo que se podría asegurar si él mismo hubiese constatado tal experiencia. Pero no. Pryor nunca manifestó haber sido raptado por nadie, ni haber visto ningún tipo de luz, ni mucho menos haber establecido contacto directo con seres del otro mundo, como sí lo han declarado a lo largo de la historia quienes dicen haber sido abducidos. No obstante, el hecho de que el boxeador haya sufrido una pérdida sustancial de la memoria es, para muchos conocedores del tema, un síntoma frecuente de las primeras abducciones.
A principio de los ochenta, el investigador neoyorquino Budd Hopkins, manifestó en su libro Missing Time que dicha amnesia casi siempre impide a los protagonistas recordar el meollo del incidente. Por ejemplo, si una persona vive una situación extraña de una supuesta abducción o una visita extraterrestre a una determinada hora, más tarde, al mirar su reloj, comprobará que han pasado varias horas pero no recordará bien qué ocurrió en ese lapso. Pryor, por su parte, manifestó públicamente no recordar nada de lo sucedido en los trece años posteriores a su desaparición. Sin embargo, en una entrevista aparecida en la American UFO Magazine declaró haber sido víctima de un salto de tiempo anterior a la fecha en cuestión. Pryor confiesa haber sufrido náuseas horas antes de su pelea contra 'Kid' Pambelé aquel memorable 2 de agosto de 1980. Según él, su cuerpo sufrió violentas contracciones que lo llevaron a un sueño repentino. Al recobrar la conciencia era el nuevo campeón de los Welter Junior. Título que nunca perdió y que le valió su ingreso al salón de la fama. Horas después de la pelea regresaría a su camerino, recogería algunas de las cosas que no recordaba haber visto nunca, entre ellas un viejo papel amarillo en donde, a pesar de no tener idea del griego, podía leer una vieja frase de Homero, escrita inequívocamente con lo que parecía ser su propia letra.
El que Aaron Pryor haya aparecido después de tanto tiempo, a kilómetros de distancia de su casa de Cincinnati, sigue siendo un misterio que nadie ha podido resolver. Hasta hoy, ninguno de los intentos de aclarar el enigma ha resultado válido.
Durante los diez años siguientes a su regreso, Pryor sufrirá horribles pesadillas y una pérdida progresiva de la visión, los médicos atribuirán esto a los golpes que recibió a lo largo de su carrera.
Durante sus quince años de vida restantes, sufrirá dos pérdidas de tiempo más, antes de consagrase del todo a la cocina, convertirse en predicador baptista y morir a causa de una extraña enfermedad degenerativa. Pambelé, por su parte, seguirá su vida repleta de desmanes y excesos hasta el día en que será inculpado por la muerte de un antiguo profesor de lenguas venido a menos, amante de los libros de Hemingway y del boxeo, a quien señalarán de haber sido el autor de los ofensivos mensajes que fueron apareciendo con el tiempo en los baños públicos del tradicional mercado de Bazurto y que arremetían directamente en contra de la sexualidad del boxeador. De las extrañas luces que volaban sobre el cielo de Cartagena hace algunos años, nadie volverá a saber nada.