La nueva temporada de ballet de Anna Pavlova destaca a las solistas Milenka Kisilac y Aya Watanabe.
Frente a una calamidad no pueden más que respirar hondo, armarse de coraje, transformarse en su personaje y sonreír. La función debe continuar y, aunque duela, saben que en la ligereza de sus pies y del liderazgo que tengan dentro del cuerpo de baile depende un espectáculo impecable. Quienes consagran sus vidas al ballet saben de los sacrificios que ello implica. Eso lo reconocen la chilena Milenka Kisilac y la japonesa Aya Watanabe, dos de las figuras internacionales que este año participan en los montajes de ballet de Don Quijote y Cascanueces, de la compañía colombiana Anna Pavlova. Sin embargo, ambas aseguran que vale la pena.
Las dos tienen 23 años, pero su actitud tan adulta tiene una razón de ser: llevan estudiando ballet desde niñas y hoy se mueven como peces en el agua en diversos países. Aya, una joven dulce que parecería quebrarse con el viento y sueña con interpretar algún día el ballet Romeo y Julieta, actualmente es figura en el Ballet de Praga. Ha trabajado también en Japón, Estados Unidos, Australia y Colombia, una experiencia que reconoce como fundamental gracias a la orientación de sus maestros Jaime Díaz y Ana Consuelo Gómez, directores de Anna Pavlova. "No estaría hoy en Praga de no ser por el rigor que me impusieron", asegura.
Aya inició sus estudios a los cuatro años en Japón, tal vez porque, al nacer, su madre vio que tenía largas manos, sueño que habría querido para sí misma. Pero solo empezó a tomárselo en serio a los 12, cuando se percató de que no podía levantar la pierna tanto como sus compañeras. "Allí decidí que debía hacerlo bien, pues se veía indudablemente más bello -cuenta-. Eso lo tornó mucho más fácil y divertido".
Desde entonces no ha parado. Vino a Colombia por primera vez en 2006 a participar en el montaje de Carmen, regresó en 2008 para Cascanueces y ahora está en Don Quijote. De estas experiencias le ha gustado ver el progreso en el cuerpo de baile y su trabajo en equipo. "Uno se va y, sin embargo, verles la cara de felicidad a esos niños que te miran anhelando un día ser solistas, como yo misma lo hacía, hace que hagas el mejor trabajo posible con ellos".
Milenka, por su parte, comenzó a los 5 años sus estudios de ballet en Santiago de Chile, a lo que le sumó clases de folclor a los ocho. "Eso no le hace gracia a muchos maestros, que lo ven como algo que perjudica el estilo", confiesa. Pero para ella no representó riesgo alguno y combinó sus enseñanzas durante cinco años. Y aunque sabe que el ballet es lo suyo, no rechaza las particularidades de cada danza ni las discrimina entre 'terrenales' y 'celestiales', como suele hacerse.
"Aprendí baile de salón, me gusta la fuerza dramática de las danzas de mi país y hasta participé en la versión chilena de Dancing with the stars", cuenta consciente de la dificultad que representa dedicar la vida a la danza en Latinoamérica. Por eso no desaprovecha un solo segundo los retos que le imponen. "Mientras el ballet es delicadeza y pararse en puntas, el folclor carga sensualidad y coqueteo -explica Milenka-. Mezclarlos le quita rigidez al primero y me ha servido para tener una mayor posibilidad y capacidad de actuación, pues es distinto ser la bella durmiente, un cisne, Gisela o la gitana Kitri que es a quien interpreto en la actualidad".
Colombia le ha dado, además, la oportunidad de crecer como bailarina. Su carrera la construyó en la escuela de ballet del Teatro Municipal y en el Ballet de Santiago. Allí hizo parte del cuerpo de baile y llegó a ser primera bailarina dirigiendo al grupo. "Aunque la gente normalmente va a ver a los solistas, el cuerpo de baile es el que hace que estos se vean maravillosos, su coordinación y belleza hacen la diferencia", añade. En efecto, como en los conciertos hay un concertino -violinista que ejecuta los solos-, en el ballet hay dos cuerpos de baile, cada uno con una primera bailarina, que debe hacer que las que van detrás de ella se vean como una sola persona y todos estén sincronizados.
Ahora ella tendrá, por primera vez, la posibilidad de bailar como solista. Un trabajo al que le ha dedicado el año entero, desde que decidió radicarse en el país, donde también trabaja como docente. El año pasado había participado en Cascanueces. De ese montaje a este ella nota una ostensible mejoría en el grupo de bailarines. "No solo hicimos dos montajes este año -Don Quijote y Cascanueces en una nueva versión-, sino que la complejidad es superior, tiene más bailarines y más cambios de escena".
Para ella todavía falta un poco para ver una obra como El lago de los cisnes en Colombia, que en la jerga se considera como 'ballet blanco', pues es una coreografía difícil, de cuatro actos y 24 bailarinas. Pero hacia allá apunta.
Sobre 'Don Quijote'
En 1868, al coreógrafo francés Marius Petipá, director y maestro del Ballet Marynsky en San Petersburgo (Rusia), le fue solicitada por los Teatros Imperiales Rusos la creación de una coreografía. Esta obra sería Don Quijote. La historia, tomada del capítulo 22 del segundo volumen de la novela de Cervantes, se enfoca en los amores de la bella Kitri (Quiteria) y el barbero Basilio, más que en las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza. La música para la obra fue compuesta por Ludwig Minkus (1826-1917). En 1900 el ruso Alexander Gorsky, director del Teatro Bolshoi de Moscú, por orden imperial realiza una nueva versión coreográfica. Desde entonces hasta nuestros días las compañías de ballet más relevantes del mundo tienen esta obra en su repertorio.
Dónde y cuándo
Temporada de Ballet Anna Pavlova 2009.
- Don Quijote: 27, 28 y 29 de noviembre.
- Cascanueces: 8 a 16 de diciembre.
Teatro de Bellas Artes
Av. Carrera 68 No. 90-88 Cafam La Floresta
Teléfono: 6468000, Ext. 3111.