Octubre 28 de 2009

Estrategias de escape

Sobre Trainspotting, la obra de teatro dirigida por Mario Duarte. Dominique Rodríguez Dalvard.

El miedo a crecer, la fuga de la realidad, la ausencia, el abandono, la tentación, la presión, la necesidad de encajar, la pérdida de pudor, la ruptura de las relaciones, la impotencia sexual, pero también el derroche sexual. La versión presentada de Trainspotting, adaptada por Matías Maldonado y Mario Duarte, choca porque es real, porque se ve a la vuelta de la esquina, porque es creíble, porque está el dealer que le rompe la cabeza a los niños y que no tiene ningún problema en venderles droga hasta a sus más allegados. Pierde toda la noción de moral, de límite.

El vendedor, 'El Ganso', incita a consumir al dudoso, le fía, le regala en silencio para que no pueda decir que no. El dudoso tiene la presión de ver que su círculo está rodeado de droga, que su amigo Marco no soporta un día sin meter y no le importa pedir fiado, prestado, insultar a quien tenga que hacerlo, engañar a quien tenga que engañar con tal de obtener un golpe de evasión. "Si a mí me ponen a escoger qué hacer, pues prefiero no hacer nada", dice, perdido como está. Sabe que está en la mala, que amaneció vomitado, cagado, que la luz de la mañana simplemente le es insoportable. Pero no para. Tampoco los que lo rodean, cada cual con su drama, acentuado por la droga, que quisieran creer que se los ayuda a atenuar.

Allison es una chica que tiene un hijo a regañadientes. Trabaja de mala gana en una tienda de mala muerte donde el vino que se ofrece es imbebible. Ella es capaz de cualquier cosa, odia lo que hace. Enloquece cuando luego de un viaje con la Madre Superiora -heroína- se encuentra con su hijo muerto. Todo ocurre rápido, todos se conmueven por un instante, se arriman al carrito que servía de escondedero de la droga de 'El Ganso'. Buscan responsables. "¿Usted no se acostó con ella?", lo indagan. "Si a mí ni se me para", contesta Marco a la defensiva. Ella, tirada en el piso, llora desconsolada, hasta que le dice a Marco, en medio de las convulsiones, que si se meten un pase. Luego, aparece muy transformada en una recatada joven que se "curó" con el cristianismo y que critica la forma como sus amigotes le hacen daño a sus cuerpos.

El parche está mal, es evidente. El dudoso termina cayendo y ni siquiera el que no mete está libre de pecado, toma como loco y está enfermo del deseo por coronar traficando, de ganársela fácil. Practica locamente ejercicio, desprecia a la mujer con la que está, y exige reconocimiento como sea. Todo transpira decadencia y, lo peor, no es exagerado si bien uno rogaría porque lo fuera.

Porque no es amable, por supuesto, es literal, agobiante, desagradable y patética. El director logra su objetivo de dejarnos tristes, golpeados por la dureza de algo en lo que todos opinan y condenan y pocos parecen querer realmente indagar qué hizo que se llegara a semejante hueco.

Por Dominique Rodríguez Dalvard.

Trainspotting
Teatro Libre de Chapinero
Dirección: Mario Duarte
Reparto: Bernardo García, Paula Estrada, Matías Maldonado, Camilo Sáenz y Carlos Torrado.

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