Artista colombiano expone su obra en París

'Genius Loci', instalación. Alonso Garcés Galería. 2008. Foto: Daniel Santiago Salguero

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Mientras la mayoría intenta detener el envejecimiento, retardar las marcas del paso del tiempo, bloquear lo inevitable, Luis Carlos Tovar (Bogotá, 1979) hace lo contrario, trabaja con hongos que aceleran su proceso sobre un material, le aplica ácido bórico a las superficies y juega con la más natural de todas las destrucciones: pone papel a que se modifique ante el inclemente sol de Girardot. "Si unos ponen barniz para proteger, o utilizan urnas para conservar, que en últimas son maneras de contener el tiempo, yo lo que hago es evidenciar lo que este produce y cómo se imprime gracias a ese reloj natural que es la luz", cuenta Tovar.

La máxima expresión de esta acción son las sombras, y en especial aquellas que tiñen de manera permanente su contorno gracias a la persistencia de la luz solar. Basta mirar el contraste de colores que, después de algunos días, se obtiene de exponer una parte de un papel al sol y otra a la oscuridad: una superficie amarillenta y arrugada con una silueta intacta donde estuvo proyectada la sombra.

No hay posibilidad de maquillaje ni de mentira, la evidencia está ahí, es inmodificable. En ese punto, el artista se hace observador y se confiesa ladrón de las sombras que se roba de los objetos. Como las muchas que capturó al meterse, casi a escondidas, a los estudios de decenas de artistas en la residencia que realizó en la Escuela de Artes Visuales (SVA) de Nueva York y que se convirtieron en dibujos de las atmósferas de otros.

Esta idea se manifestó en la primera feria La Otra, realizada de forma paralela a la Feria de Arte de Bogotá, ArtBo, en 2007. Como arquitecto que luego estudió artes plásticas -pues le interesaba la ficción en el papel de los planos- encontró en la instalación un buen lugar para poner en práctica lo que tenía en mente y que siempre se inicia como una pintura.

En Naufragio -que fue adquirida por la prestigiosa colección Cisneros, de Venezuela- el espectador entraba a un espacio vacío, aparentemente un cuarto abandonado. Sin embargo, al acercarse y mirar al suelo mojado aparecían como fantasmas las sombras de varios pupitres solitarios que transformaban del todo el espacio. De repente, este se convertía en un salón de escuela, pero vacío, melancólico, como condenado al olvido. Y es que de tragedia y ruina se reviste su trabajo. De la conciencia de la pérdida del significado de los espacios.

Siguió en 2008 la exposición Genius Loci, en la galería Alonso Garcés, cuya sala volvió a convertirse en un espacio sagrado, como la iglesia que alguna vez había sido. De nuevo, las sombras, esta vez en el techo, reconstruían las bancas de un templo que conducían al púlpito, representado en un gran espejo terminado en punta.

Este año continuó su metáfora del tiempo en ContraViento, una instalación realizada en el Museo de las Ciencias de la Salud, en el barrio La Candelaria, de Bogotá, por invitación de la curadora Irene Aristizábal. Allí instaló largos soportes metálicos para evitar que la casa colonial se fuera al piso, con la clara idea de "sostener algo que no es capaz de sostenerse a sí mismo". Como si rompiera un mal presagio, el museo sobrevivirá a las amenazas de su desaparición, que eran, en realidad, más presupuestales que físicas.

Pero fue gracias a un trabajo que propuso para la Alianza Francesa (A través, 2008), en el reputado circuito de Nuevas Propuestas, el que le permitió estar hoy presentando su obra 7am-6pm en la exposición La Colombie à Paris, llevada a cabo por la Fondation Alliance Française en la capital gala.

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