San Basilio de Palenque invita al mundo a su festival

Ante la imposibilidad de traer los tambores desde África, los esclavos decidieron elaborarlos con materiales del Nuevo Mundo. De izq a der., El llamador, La tambora, El pechiche y El alegre.

La voz de una anciana convoca a la gente alrededor de la estatua de Benkos Biohós, libertador del pueblo. Un tambor 'alegre' llega puntual, y mientras sirve de asiento a quien lo toca, se encarga de comenzar la armonía. El 'llamador', un tambor más pequeño, pone el tatequieto a la algarabía, dándole forma al ritmo mientras prepara el camino para la tambora. Es así como los palenqueros invitan a sus festividades, y así lo harán otra vez el 9 de octubre para la versión 34 del Festival de Tambores de San Basilio de Palenque, que llegará hasta el 12 de octubre. "Una vez más, el tambor sirve para comunicarnos con el exterior", expresa Jesús Palomino, organizador del evento.

Este instrumento, al fin y al cabo, está anclado al alma de este corregimiento bolivarense. En otros tiempos sirvió para comunicar a otras poblaciones sucesos como matrimonios, muertes o el escape de su casa de una mujer. Y no solo comunicaba hacia el exterior: Enrique Márquez, palenquero integrante del sexteto Tabala, relata que en los tiempos de su infancia, "los abuelos iban por todo el pueblo pregonando novedades con un 'pechiche' (tambor de rituales) como si fuera un megáfono". Como los ancestros africanos no tuvieron la oportunidad de transportar instrumentos, echaron mano del recuerdo y de los materiales de la nueva tierra para elaborarlos. "Nuestros tambores solo se consiguen aquí", cuenta Márquez mientras toca su 'alegre'.

Má tabalá suto a sendá asina (así son nuestros tambores).

El llamador

Cómplice del 'alegre' en sus andanzas. Le cubre la espalda y le dice cuándo parar. Lo previene antes de que la 'tambora' se enoje. Es organizado y serio. Tiene 25 centímetros en la boca, 10 abajo, y una altura de 35 centímetros. Está donde esté su amigo. Marca el ritmo con un golpe en secuencia en piezas como Manuelito Barrios o Yo me llamo cumbia.

El alegre

Marca la pauta y  pone 'picante' al ritmo. Contradictorio en sus emociones, puede ser extrovertido y melancólico a la vez. Llama la atención por su voz fuerte y vibrante. Es coqueto, práctico y amable, y en los bailes danza con cada mujer presente. Con sus 60 centímetros de alto, 35 en la boca y 30 en la parte inferior, es el que enciende el mapalé con su repique.

Los bongós

Son dos hermanos pequeños. Como todos los niños, son inquietos, desordenados y curiosos. Llegaron de Cuba junto con la 'timba' y se volvieron propios. Hasta hace cinco años se fabricaban en Palenque, pero la madera empezó a escasear y ahora se compran en las casas musicales de Cartagena. Tienen 18 centímetros de altura y 20 de ancho.

La timba

Es la mujer extranjera del conjunto. Llegó con los cañaverales a comienzos del siglo XX. Se utiliza en el son palenque. Es la que controla a los bongós palenqueros, que son como sus hijos. Su apariencia es la de los timbales de la salsa pero es completamente artesanal y se toca con las manos. Tiene 60 centímetros de altura y 25 en la boca.

La tambora

Es la mujer del grupo. Marca la pausa y toma decisiones en la canción. Es sensible y se guía por los bailarines. Es compinche de las parejas que danzan. A juicio de los entendidos, la tambora es coqueta, pero también recatada y lúcida. Tiene 60 centímetros de alto y 50 de ancho, y sus extremos están cubiertos por cuero. Es la encargada de dar la entrada en los Tres golpes de Totó la Momposina.

El pechiche

Es el rey de los tambores, el más viejo y el más sabio. Fue el encargado de difundir noticias dentro y fuera de San Basilio. Su altura le otorga poder e imponencia. Para los palenqueros es un orgullo tenerlo cerca, ya que no puede ser tocado por cualquiera. Mide 150 centímetros de alto, 20 en su boca y 15 en la parte baja. Actualmente es utilizado en rituales fúnebres.

Así se hace

Todo los tambores se elaboran a partir del mismo material, lo que varía son las medidas exigidas por cada uno.

Madera. Puede ser ceiba blanca, balsa, caracolí o banco. La mejor es el Caracolí, pero la escasez de esta madera en Palenque hizo que dejara de utilizarse desde hace una década.

Membrana o cuero. Se utiliza el cuero de venado, carnero, chivo o res. El más indicado es el cuero de venado, por su textura fina y delgada que produce un mejor sonido y evita lesiones en la mano.

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