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Cuatro piernas enormes, de la rodilla para abajo, aparecen proyectadas sobre la parte alta de la fachada del Museo de Bellas Artes de Basilea (Suiza). Las cuatro personas que corresponden a cada una de las extremidades narran cómo han tenido que vivir escondiendo su condición de ilegales, temerosos de ser denunciados, fingiendo hacer parte de esa sociedad.
Dos mujeres de cuerpo entero y del tamaño de una columna, proyectadas a lado y lado de la entrada de un museo en Varsovia (Polonia), cuentan sus historias de maltrato, violación, golpes, desprecio, engaño y amenazas por parte de sus parejas. Sollozan al contarlo, como si hubieran destapado una olla.
Un par de manos se reflejan en un río, justo debajo de un edificio derruido en Japón. Las voces tímidas y agobiadas van contando lo que para ellas significó heredar el horror de la bomba de Hiroshima. Una conserva un candado de bicicleta, lo único que permitió reconocer a su padre desintegrado; la otra dice que ya no puede callar más, que necesita sacar todo el dolor que lleva dentro.
Estas tres obras de video, que el público mira desde la calle, hacen parte de un grupo de trabajos del artista polaco Krzysztof Wodiczko (Varsovia, 1943), que desde el viernes 11 de septiembre podrán verse en la exposición La memoria del otro en la era global, en el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia. A su lado estarán las propuestas, también de imagen en movimiento -algunas de ellas a manera de documental-, de Ursula Biemann (Zúrich, 1955), Rogelio López Cuenca (Nerja, España, 1959), Hannah Collins (Londres, 1956), Francesco Jodice (Nápoles, 1967) y Antoni Muntadas (Barcelona, 1942).
Curada por la reconocida investigadora española Ana María Guasch, la muestra busca abordar algunos de los conflictos más dramáticos del presente, como la xenofobia y la persecución a los inmigrantes, el miedo, el estigma musulmán como sinónimo de terrorismo, el maltrato femenino, los pueblos excluidos de la globalización... En fin, la historia no sanada.
Pensada para Colombia por encargo de María Belén Sáez, directora cultural de la Nacional, la exposición tiene un carácter universal en donde es fácil encontrar vínculos con lo local. Tal vez porque como ha dicho la artista Doris Salcedo, "el dolor es lo único que relaciona a todos los seres humanos".
Arte memorioso
La memoria del otro en la era global resulta un título bastante sugerente para una época en que museos, salas de arte y ciudades viven una especie de boom de manifestaciones que recuerdan hechos espinosos del pasado, y más aún cuando intentan trasladar esa historia al presente. En efecto, el mundo ha visto la apertura de un buen número de centros de memoria en honor de las víctimas del Holocausto, de dictaduras y de genocidios. Aunque su utilidad ha sido cuestionada por más de un experto, todas estas iniciativas han surgido con el propósito de evitar que la historia se repita.
La polémica ha suscitado fuertes debates, a tal punto que en el ámbito artístico algunas voces propenden por revaluar la forma como se está recordando. De hecho, entre el 24 y el 26 de septiembre el Museo Nacional abordará el tema en la cátedra Ernesto Restrepo Tirado: 'Museos, comunidades y reconciliación'.