Septiembre 2 de 2009

El mexicano Artemio Narro la emprende contra el sinsentido de las fórmulas en el arte

Se llama a sí mismo 'el Rolls Royce' del arte contemporáneo mexicano y se precia de haber sido parte de una generación del arte de su país que rompió con la academia, con el muralismo, con la pintura.

Nació en el DF hace 33 años. Se llama a sí mismo 'el Rolls Royce' del arte contemporáneo mexicano y se precia de haber sido parte de una generación del arte de su país que rompió con la academia, con el muralismo, con la pintura. En la década de los noventa fue uno de los fundadores de La Panadería, un espacio alternativo al circuito de galerías y museos. Allá empezaron a llegar todos aquellos que tenían algo nuevo que decir, todos los que estaban haciendo video, performance e instalación. "Hasta que nos volvimos oficiales, cuando antes éramos el enemigo", contaba irónicamente la semana anterior a estudiantes de Artes en la Universidad de los Andes.

Obsesionado con las formas de distribución y convencido de que debía ser rebelde y punk, pensó que una buena manera de mandar al diablo el mercado del arte era metiéndose directamente con los videoclubes. Así que alquiló las 24 copias que había de Bambi en el DF y las modificó. "Hice una versión libre de traumas, de muerte, de abandono, de incendios". Por supuesto, la cinta cambió sin el melodrama. Hizo lo propio con El Rey León y Dumbo, y después optó por reemplazar, por ejemplo con nieve, las escenas más tensas de las películas de acción.

Luego se lanzó a hacer su propio trabajo. Siguiendo esa idea de simulación hizo un video con una especie de falso porno en el que los actores están tocándose la axila o picándose el ombligo. Luego creó el colectivo Heroico Honorable Comité de Reivindicación Humana, HCRH, en donde jugaban a ser una institución de filantropía que decía haber nacido en 1944 y contar con el apoyo de las Naciones Unidas. Ofrecían proyectos de renovación urbana gratuitos, como peatonalizar la Avenida Insurgentes -la vía que atraviesa el DF-, ponerle pasto artificial y soltar animales salvajes para que la gente conviviera con estos; otra idea buscaba erradicar la pobreza... escondiendo a los pobres. 

Todo en su obra gira en torno a hacer reflexionar sobre los discursos. Qué decir y cómo decirlo es lo que más le importa. Sabe del poder de los contenidos, de lo vacíos que a veces resultan, de lo fácil que es armar peroratas sin sentido pero con seguidores. En este orden de ideas, alguna vez escribió una revista de arte con jerga incomprensible y con la prepotencia del 'creador', la cual hizo llegar a diversas personalidades felicitándolas por haber sido elegidas para recibirla. También, junto con otros, armó un equipo de 'especialistas' para dictar conferencias gratuitas donde se disfrazaban de filósofos, politólogos o lo que fuera.

"El mundo del arte nos empezó a prestar atención y la cultura oficial le abrió espacio al performance", cuenta el artista. Pero como aquella asimilación resultaba ajena a su propósito, con su grupo de amigos fundó la Organización Reivindicadora del Canon Ortodoxo, ORCO.

Nunca conforme

Narro, queda claro, huye de la oficialidad. Por eso, cuando lo invitaron a participar en un festival de performance, en lugar de exhibir cómodamente sus ideas, irrumpió con ellas: un chico entró al auditorio corriendo con un casete. La cinta tenía a los artistas de su grupo amarrados, golpeados y supuestamente asustados mientras tres hombres encapuchados hacían demandas para liberarlos. Entre estas prohibían el uso de la palabra performance y le daban todos sus nombres en español, como 'acción' o 'ejecución', y prohibían el uso de sangre, animales, imágenes religiosas, fluidos y autolaceraciones. En síntesis, ridiculizaban la práctica por su obviedad, por la recurrencia a las fórmulas.

Tras esa experiencia, se fue a Europa por nueve meses, pero realmente nunca abandonó México, pues se vistió de poncho y sombrero de ala ancha para marcar bien el estereotipo, y se dedicó a caminar y a fotografiarse con los turistas. Visitó 17 ciudades y obtuvo 2.000 fotos "mexicaneando".

Después, para estrechar los lazos con Cuba, se inventó un proyecto de distribución de 10.000 libros ilegales, entre los cuales estaban Un mundo feliz y 1984. Los metía de contrabando a la isla y los entregaba personalmente a la gente, como si fuera un testigo de Jehová. Los libros iban acompañados de una carta que prometía que iban a cambiar el mundo y pedían que los siguieran a ellos, no a Fidel, "muy al estilo del PRI en México", confiesa, crítico.

No abandonó el video y volvió a sus propias interpretaciones del cine de Hollywood. Gracias a la edición hizo de Rambo un hombre lloroso y frágil, y de Winnie the Pooh, con la voz de Marlon Brando en  Apoohcalypse now, hablando sobre cómo la guerra transforma al hombre. También armó una monumental 'videoenciclopedia' del cine de Hollywood, con una selección de 1.500 películas y 120 videos con escenas melosas in crescendo, así como postales del desencanto realizadas con los stills de cintas.

Su trabajo más reciente son unas intervenciones en las que pega stickers gigantes que dicen "Made in China" en edificios muy lujosos. El propósito, dice riendo, es 'abaratarlos'. Y claro, también están los mandalas de guerra que ha traído a su exposición en Colombia, hechos con armas, criticando a lo que se le rinde pleitesía hoy en día.

Mandalas de guerra

Aya krops 47 se expone actualmente en la galería La Central -Calle 93 No. 14-20 (606), de Bogotá-. Consiste en mandalas, dibujos que representan las fuerzas que regulan el universo en la tradición budista, pero aquí, paradójicamente, hechos de armas.

Según la investigadora Natalia Valencia, la obra de Artemio Narro hace pensar en profundidades desde la superficie. "Señalando elementos tan formales y cotidianos como la decoración, cuestiona con qué símbolos queremos construir nuestro entorno doméstico. En la armonía del diseño de un mandala, se representa un orden cósmico que construye la continuidad del mundo. Al examinar de cerca estos mandalas, pensamos en la filigrana de un nuevo orden new age que refleja una espiritualidad de procesiones violentas".

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