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Jorge Cardona es uno de los periodistas judiciales más respetados del país. Desde su ejercicio como reportero y hoy editor general de El Espectador, así como profesor de periodismo político, hoy le entrega al país un libro que contiene el doloroso legado de los años 80 en Colombia, Días de memoria, del holocausto del Palacio de Justicia al falso sometimiento de Pablo Escobar (Aguilar). Cardona hace una radiografía día a día de los años de 1986 hasta 1991, una trágica enumeración de hechos de aquellos años que viven en carne propia la explosión del monstruo del narcotráfico.
Para él, la primera guerra empieza con la muerte de Rodrigo Lara Bonilla en 1986 y termina con la muerte de Pablo Escobar el 2 de diciembre de 1993, para darle entrada a una segunda confrontación en donde se mimetizan los nuevos capos paramilitares con traje de legalidad que los hacen penetrar el Estado hasta que les extraditan a 14 de sus cabezas hacia Estados Unidos el año pasado. Considera que actualmente una nueva guerra vive el país, que venía creciendo silenciosa, la guerra de la delincuencia común, que provee de sus servicios al mejor postor y ve con temor la peor herencia que dejaron los tiempos de Escobar: generaciones de niños sicarios que pondrán en peligro al país en 20 años. "Soy un obsesivo de la memoria histórica", dice y reclama que es importante entender por qué los ochenta produjeron tanta muerte y miedo, por eso le dedica su libro a quienes no vivieron esa época o para quienes necesitan recordarla.
¿A qué se debe que en los años 70 se hayan multiplicado los frentes de las Farc de 6 a 27?
Fue una época de una proyección muy grande de la izquierda. Las Farc nacen en 1964 y el ELN en 1965, por eso para esa época todavía la guerrilla representaba un modelo revolucionario, como el de la Guerra fría de la toma del poder. Todavía la universidad pública era un hervidero de guerrilla.
En ese mismo tiempo surgen las autodefensas y empieza a gestarse el fenómeno del narcotráfico, ¿cómo se conectan uno y otro hecho?
El narcotráfico arranca a finales de los 60 con la marihuana y luego muta a la cocaína y se empiezan a formar los carteles de la droga que están alrededor de los grupos delincuenciales. Pablo Escobar era un delincuente como lo fueron los Rodríguez Orejuela, pero de la noche a la mañana pasan de serlo a convertirse en magnates de la sociedad. Y cuando va cayendo el telón de los años 70 ya son prohombres. La prueba está en que tenían banco propio, cadenas radiales, eran los concesionarios de las principales firmas importadoras, eran dueños de los equipos de fútbol, se metieron a la política.
Queda claro que había un gran vacío de las autoridades, ni en el gobierno de López ni en el de Turbay se tomaron cartas en el asunto. Podrán decir que tomaron medidas y firmaron decretos, pero los narcos se paseaban a sus anchas por fuera y por dentro del territorio nacional. La guerra empieza con Belisario Betancur, con la muerte a Lara Bonilla.
¿Era por desconocimiento, por simpatía, por qué esa falta de agudeza de esos gobiernos de percatarse que estaba surgiendo un monstruo?
Pienso que en toda esa situación hubo una conducta permisiva, social, política, económica, judicial. Porque por ejemplo, cuando Estados Unidos firma el Tratado de Extradición en el 79, este país le entregó inmediatamente a las autoridades colombianas todo un dossier de los Rodríguez Orejuela, de Pablo Escobar y de todos los narcotraficantes, ellos la tenían clarísima. La Ley aprobatoria del Tratado de Extradición es del 80, pero Turbay, salvo algunas medidas, pasó de agache con el tema de la confrontación. Lo mismo sucedió con Belisario Betancur que cuando arrancó el gobierno, en una posición nacionalista, tomó distancia de Estados Unidos y trató de buscar una solución del conflicto interno por la vía de la paz; no quiso aplicar el Tratado de Extradición hasta que le mataron a Lara Bonilla. Por eso su discurso en el sepelio de Lara el 1º de mayo del 84 en Neiva, después del asesinato dice 'basta ya enemigos de la humanidad' y dice que va a empezar a extraditar. Ahí es donde empieza la guerra, pero ya era muy tarde, ya era un monstruo y los narcos ya habían coptado las autodefensas.
¿Cómo fueron esas estrategias sistemáticas de muertes que se dieron en los ochenta?
El negocio del narcotráfico y de los grandes capos estableció tres estrategias claras: la eliminación física de sus enemigos principales, la caída del Tratado de Extradición y la penetración del Estado a través de la corrupción. Este libro es una noticia sostenida, no es interpretativo sino una enumeración de hechos. Los narcos lograron los tres objetivos: la muerte secuencial de magistrados, periodistas y enemigos de su proyecto militar. Por eso matan a personas como Gustavo Zuluaga Serna, un magistrado trascendental porque es el primero que se atreve a enfrentar judicialmente hablando a Pablo Escobar. Por eso matan a Hernando Baquero Borda, ponente del Tratado de Extradición. Por eso matan a Carlos Valencia García, dos días antes de la muerte de Galán porque él era quien estaba investigando el crimen de Guillermo Cano. Por eso matan a María Helena Díaz Pérez, porque fue la jueza que hizo la triangulación entre Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha y Fidel Castaño. Por eso matan a periodistas como Guillermo Cano o Raúl Echavarría Barrientos y por eso penetran el Estado, y la prueba es cómo personas que fueron ministros de Estado luego terminaron procesados en el 8.000. Y estoy hablando solo de los carteles de Medellín o de Cali.
Otro tipo de muerte fue la del narcoparamilitarismo, que están atados el uno al otro. Ahí, además de la víctima selectiva para matar a los enemigos del negocio, están también las víctimas del sesgo ideológico de ellos, o sea todo lo que huela a izquierda y es un poco la línea Rodríguez Gacha, Fidel Castaño y obviamente el blanco fundamental es la UP. Ahí mueren dos candidatos, la mayoría de los electos al Congreso, a la Asamblea, ese es otro tipo de magnicidio y allí mueren muchos líderes políticos, periodistas.