Tanta sangre vista, la primera novela de Baena, transcurre durante la segunda parte del siglo XIX, y en ella los caballos comparten el escenario con los protagonistas de los asuntos políticos y amorosos. ¡Vuelvan caras carajo!, su segunda novela, se devuelve hacia las guerras de Independencia, y los hombres y sus caballos ocupan el primer plano, mientras que en el trasfondo revolotean las faldas y los bailes de salón. La narración se concentra en el día a día de la soldadesca, campesinos sin talante marcial, "no habituados a que les gritasen o dijesen qué hacer y cuándo". Más que un ejército, es una "horda pordiosera", esa milicia desastrada que hace sacar el pecho a los encargados de reescribir la historia patria para escolares.
Pero al escritor no le interesa la historia patria: lo suyo son las vicisitudes de los hombres en tiempos difíciles, la dificultad de persistir en los grandes propósitos ante las pequeñas contrariedades, la confusión entre los grandes ideales y los caprichos personales. Y aunque descuellen de vez en cuando Bolívar y Morillo, Santander, Barreiro o Páez, estos no son más que hombres rodeados de otros hombres, y saben que la única manera de aguantar el peso de las decisiones es repartiendo las cargas.
El novelista presta particular atención a Juan José Rondón, hijo de un esclavo manumiso. Pero este Rondón no es tanto el héroe del Pantano de Vargas como el campesino, el bravo lancero cuyo desempeño militar no basta para abrirle los salones de los bogotanas. Y nos cuenta la campaña libertadora sin aspavientos, con aire de quien sabe que en realidad no hay nada de lo cual podamos o debamos sentirnos orgullosos, excepto de la capacidad compartida por hombres y mujeres de todas las razas y condiciones de establecer vínculos duraderos de amistad y de afecto con otros seres humanos. Y con los caballos, por supuesto.
Por Margarita Valencia
¡Vuelvan caras, carajo!
Rafael Baena
Editorial Pre-textos, 2009