Las recientes referencias literarias en México son demográficas: la narco- literatura en el norte del país y los escritores de la ciudad de México.
Eran solo unos cuantos escritores mexicanos, no más de cinco, que en su manifiesto, publicado en 1966, dejaron en claro sus propósitos literarios: terminar con la dictadura del Realismo mágico de García Márquez y sus muchos imitadores.
Tomaron su distancia del boom latinoamericano, y en lugar de escribir sobre pueblos inundados de mariposas amarillas, optaron por escribir de robots, de piratas del espacio y de ovejas electrónicas, entre otras cosas. Querían hacer una literatura menos latinoamericana y más universal, dijeron.
Se denominaron la generación del crack y componen la más reciente corriente literaria mexicana. Sus exponentes: Jorge Volpi (El temperamento melancólico), Ignacio Padilla (Si volviesen sus majestades), Pedro Ángel Palau (Memoria de los días).
Pero no solo escritores bautizados encontramos en nuestro país. Fuera de los escritores del crack, la literatura mexicana se ha desparramado por todas las latitudes y sin aparente dirección, escritores sin etiquetas de grupo o corrientes definidas.
De hecho, las recientes referencias literarias en México son demográficas: por un lado la narco-literatura en el norte del país; y por el otro, los escritores que tienen sus raíces en la ciudad de México y sus nueve millones de habitantes.
La narco-cultura ha sido motivo de una literatura innovadora y sólida, pero por desgracia son pocos los escritores afectos a esta vena creativa, en parte por el temor que despierta escribir sobre gente peligrosa en un país donde el Estado no es capaz de proveer seguridad a sus ciudadanos. Los colombianos saben bien de lo que estoy hablando. El mayor exponente sobre la literatura que se escribe desde la frontera norte de México es Elmer Mendoza (El amante de Janis Joplin), un escritor a quien el español Arturo Pérez-Reverte se refiere como "maestro".
Y desde el D.F.
Sobre la nueva literatura de la ciudad de México, integrada por escritores nacidos entre los años 60 y 70, es muy variada e inclasificable. Son escritores que han embebido de la novela moderna mexicana, que nace con La región más transparente, de Carlos Fuentes, y continúa con la otra genial novela de la ciudad de México, Batallas en el desierto de José Emilio Pacheco.
Va pues una lista de esos jóvenes, que no son tan jóvenes, escritores mexicanos, una lista incompleta por supuesto, porque en esto de los compendios siempre sucede lo mismo: no están todos los que son, ni son todos los que están.
- Guillermo Fadanelli (1963) (Te veré en el desayuno) es el último de los escritores etílicos geniales, irreverente y cero reverencial, escribió un manifiesto sobre la literatura basura, narra magistralmente lo subterráneo y habla del realismo sucio. En 1998 recibió el Premio Nacional de Literatura por su novela La otra cara de Rock Hudson.
- Mario Bellatín (1960) (Damas chinas), es uno de los más prolíficos escritores mexicanos. Experimental como pocos, no tiene problema en mezclar realidad con ficción y géneros aparentemente disímiles, llenas de audacia. Bellatín tiene el récord de publicar una novela por año, eso sin tomar en cuenta que solamente cuenta con una mano; lo que no haría si tuviera las dos.
- Fabrizio Mejía Madrid (1968) (Tequila DF) es un cronista nato, antecedente directo del mejor cronista que existe por estas tierras, el maestro José Joaquín Blanco (Un chavo bien helado) y de otro maestro de la crónica urbana, Carlos Monsiváis (A ustedes les consta). Maravilloso observador de la realidad, lleno de picante e ironía.
- Las damas del tequila. La lista de escritoras es menos lucidora, pero igual de potente que los varones. En ese rubro despuntan Rosa Beltrán (1960) (América sin americanismos), Mónica Lavín (1955) (Café cortado), Cristina Rivera-Garza (1964) (La luna llena sobre París), y sobre todo Guadalupe Nettel (1973) (su primera novela fue El huésped, 2006, finalista del premio Herralde y Anagrama le publicó Pétalos en 2008), una jovencísima escritora, promesa de las letras mexicanas.
- Daniel Sada (1953) (Casi nunca; Premio Herralde de Novela) no pertenece a esta generación, es un poco más viejo que los demás, pero es uno de los mejores escritores mexicanos del momento y leerlo es una obligación. El chileno Roberto Bolaño escribió sobre él: "Daniel Sada, sin duda, está escribiendo una de las obras más ambiciosas de nuestro español, parangonable únicamente con la obra de Lezama Lima, aunque el barroco de Lezama, como sabemos, tiene la escenografía del trópico, que se presta bastante bien a un ejercicio barroco, y el barroco de Sada sucede en el desierto".
Por Juan Manuel Badillo,
periodista mexicano
badillo685@hotmail.com.mx