El narcoterrorismo ataca al Poder Judicial. Lea un extracto de Días de memoria, de Jorge Cardona

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Un panorama oscuro de comentarios amargos. La desesperación colectiva multiplicada en desahogo por la necesidad de encontrar un responsable distinto a los asesinos de siempre. Durante el sepelio del magistrado Carlos Valencia García, se escucharon airadas voces contra el Ejecutivo, ajeno e impotente. «Gobierno, que pena, apoyas a MORENA», «Detrás de los sicarios están los mandatarios», injustas arengas contra el Presidente de la República y sus ministros, pero demostrativas de la angustia masiva de una Nación que, como lo resaltó otro de los asistentes a las exequias, «en cada magnicidio volvía a prometer carros blindados, pero lo único que podía garantizar era carros fúnebres». En el otro frente de la pesadumbre, en los ecos del asesinato del coronel Valdemar Franklin Quintero en Medellín, el alcalde de la ciudad, Juan Gómez Martínez, en sorpresiva alocución televisada, reclamó un nuevo pacto social para enfrentar el difícil momento que vivía la Nación, a través del diálogo abierto con los grupos guerrilleros, los paramilitares y los carteles del narcotráfico. En sus breves palabras, «con todas las fuerzas que desestabilizan a Colombia».  

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