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El autor Víctor Bravo, también director de un taller de RENATA en Riohacha, publicó recientemente La Guajira en la obra de García Márquez. A diferencia de Bravo, quien para esta publicación tuvo la suerte de conseguir una editorial, la mayor parte de los cuentistas o novelistas que crean desde las regiones de Colombia se autoeditan. Algunos de ellos tienen una obra importante, además de décadas en el oficio. Sin embargo, no tienen acceso a los mecanismos de circulación y divulgación que vienen con un proceso editorial.
Así las cosas, Colombia sigue siendo hoy un país inédito. Con excepciones como la de Bravo o la del escritor del pacífico colombiano Alfredo Vanin, son pocos los que alcanzan la posibilidad de publicar su obra adecuadamente. Sus esfuerzos, en muchos de los casos, se limitan a buscar una imprenta local donde pagar unos ejemplares para familiares y amigos.
Los relatos de las regiones nos muestran un país oculto, con tantos tonos y matices como realidades existen en una nación diversa y contradictoria. Al toparnos con dos premios nacionales, uno de dramaturgia y otro de novela en un rancho a las afueras de Cereté, en Córdoba, o al encontrar publicaciones periódicas de la calidad literaria de El Túnel de Montería, o el grupo que maneja Hermínsul Jiménez, doctor en Educación, en Florencia, Caquetá, nos sorprende haber creído que estábamos en el centro, allí donde todo confluye.
Pero no es así. El país se está escribiendo silenciosamente. Así lo demuestran los cuarenta talleres de la Red cargados de talento, curiosidad y de historias, muchas de ellas nacidas de la realidad de la violencia, de las cárceles -en el caso del proyecto Libertad Bajo Palabra-o de una pena del corazón, que no es nunca la misma en Aracataca que en Popayán.
Por Melba Escobar de Nogales,
Dirección de Literatura de Mincultura.