Conocí a Jorge Volpi de la mano de En busca de Klingsor, su novela que ganó el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral en 1999 y del Manifiesto Crack, un documento en el que, junto a otros cinco escritores jóvenes mexicanos, proponía un estilo narrativo que naciera de "la duda, hermana mayor del conocimiento". Para un lector no muy experto en letras latinoamericanas, y acostumbrado a los grandes autores del boom, Klingsor ofrecía un cambio notable de géneros (novela detectivesca mezclada con ensayo y relato histórico); de temáticas (un recorrido por la generación de físicos de la primera mitad del siglo pasado) y de ambientes (la Berlín de la posguerra, el campus de Princeton).
Y con esa misma fórmula me enganchó en las otras dos partes de su trilogía del siglo XX: El fin de la locura, alrededor del psicoanálisis, mayo del 68 y el levantamiento zapatista; y No será la Tierra, que aborda el proyecto del Genoma Humano, la globalización y las fórmulas del Fondo Monetario Internacional. Sin pretender ser un reseñista profesional, las novelas de Volpi giran para mí alrededor de las utopías -nuclear, política, biológica, económica, psicológica- como motores de profundas transformaciones y decisiones que alteraron el rumbo de la historia de Europa, o de México, o de Francia.
Con eso en mente, pasé a leer algunos de sus ensayos como La guerra y las palabras, donde reconstruye los hechos que sucedieron en México, su país natal, en 1994, año del alzamiento zapatista, la entrada en vigencia del Nafta y el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio. Encontré que sus novelas y sus ensayos compartían varias características: una seria investigación; una narrativa que experimenta estilos y combina géneros, y una escritura inteligente y exigente para el lector.
Volpi llega a esta Feria del Libro con un nuevo libro, El insomnio de Bolívar, Premio Debate Casa de América 2009, donde, esta vez, la gran narrativa de turno es la América Latina que entra a "la pachanga" del bicentenario, de sus independencias en serie. En cuatro consideraciones el escritor mexicano trata de encajar el rompecabezas de la identidad, la historia, las maneras de narrar y, hasta avizorar, el futuro del 'proyecto' latinoamericano del Libertador. Con ironía, seducción y un dinámico ritmo de escritura, el escritor mexicano retrata un subcontinente que en las últimas décadas ha demolido lo que la distinguió política y culturalmente en el siglo XX y que corre velozmente hacia su desaparición.
Por Francisco Miranda Hamburger