La obra 'Premier XX', que se presenta en Bogotá esta semana lo confirma.
"Los impulsos del deseo, el estado del cuerpo, la vida y su modo de escapar hacia lo imaginario; seres humanos se dispersan en pensamientos y situaciones, inmóviles ante los sonidos del tiempo en un mundo moderno fuertemente hostil o sutilmente benévolo". Aunque estas palabras parecen describir el argumento de una obra de teatro, en realidad se refieren al montaje circense Premier XX, del Centro Nacional de las Artes del Circo de Chalons-en-Champagne, que se presenta en Bogotá del 15 al 17 de julio con el apoyo del Teatro Libre y la Alianza Colombo Francesa.
En este espectáculo, que se ha definido como 'circo contemporáneo', no hay espacio para acrobacias de animales amaestrados como tigres, elefantes, caballos y perros, ni para intervenciones burlescas de payasos con nombres graciosos. Aquí se reemplazan los elementos característicos del circo tradicional por una puesta en escena muy teatral con tintes dramáticos, integrando música, danza y escenografía para contar historias e incluso conflictos del ser humano. Se conservan las características básicas de las artes circenses orientadas hacia el manejo del cuerpo humano como el equilibrio, la gimnasia acrobática, las piruetas y los malabares, pero inmersas en un contexto teatral. Según Patricia Sáenz, quien coordina la presentación de Premier XX en Bogotá, este estilo de circo es una propuesta donde los animales desaparecen de la escena y el hombre entra a ser lo fundamental. "El circo tradicional es una expresión obligada de los animales, pero el circo contemporáneo es una verdadera expresión del hombre", dice Sáenz.
Por su parte, Rafael Peralta, director de la escuela Circo Ciudad de Bogotá, opina que estos espectáculos son diferentes porque tienen un desarrollo dramático: "Muestran una propuesta comunicativa con objetivos claros, donde los artistas saben interpretar un personaje dentro de una historia". Agrega que quienes participan en estos montajes no solo son acróbatas con habilidades físicas, sino actores que tienen una formación integral: "Son actores versátiles entrenados para ser músicos, cantantes, cuenteros, malabaristas, equilibristas, etc.".
Esta tendencia parece consolidarse gracias a la proliferación de compañías dedicadas a la mezcla teatro-circo. El ejemplo por excelencia es el Circo del Sol -Cirque du Soleil-, que fue fundado en Canadá hace 25 años y actualmente cuenta con 13 espectáculos diferentes que se presentan simultáneamente en varias ciudades como Orlando, Las Vegas y París. Otros similares son el Circo Baobab de Guinea y Francia, el Circo da Madrugada de Francia -que se presentaron en Bogotá en el marco del pasado Festival Iberoamericano de Teatro-, el Circo del Aire de Argentina y el Circo Eloize de Canadá. En Colombia ya existen iniciativas parecidas como la Escuela Circo Ciudad, la Fundación Teatro Taller y la Escuela Circo para Todos, de Cali.
Al parecer el viraje hacia una nueva propuesta circense se debe a que el público se cansa de las repetitivas fórmulas que presentan los circos tradicionales, que en esencia son las mismas de hace cien años. Para Jorge Vargas, director de la Fundación Teatro Taller de Colombia, "ahora el público es más exigente y difícil de sorprender. Especialmente los jóvenes quieren ver cosas nuevas y saben mucho sobre circo y teatro". De hecho, cuenta Vargas, los mismos artistas se dieron cuenta de la necesidad de innovar y por eso empezaron a proponer caminos diferentes.
La multiplicación de circos contemporáneos no significa que los tradicionales -del corte de Hermanos Gasca o el American Circus- hayan desaparecido. Aunque es evidente que ya no son tan exitosos, Vargas opina que no morirán porque mantienen su público fiel que prefiere lo clásico a propuestas arriesgadas que tal vez no entienden.
Por su parte, Peralta cree en la importancia de los circos tradicionales porque "son la base del circo contemporáneo". Sin embargo, agrega que "han sido muy criticados por el maltrato a los animales y la explotación de los empleados, quienes deben someterse a malos salarios y falta de seguridad social. Lo ideal sería solucionar eso para fortalecerlos y consolidarlos".
Lo cierto es que desde que el circo abandonó las carpas para instalarse en salas de teatro y centros culturales, ha adquirido un significado completamente diferente. Ahora hace parte de importantes festivales de teatro, e incluso se contrata en lanzamientos de marca y eventos corporativos. No es fortuito que el público esté dispuesto a pagar boletas costosas para apreciar espectáculos que antes se asociaban a ferias ambulantes. De hecho, el circo contemporáneo ha generado todo un movimiento que incluye el surgimiento de escuelas y talleres. "Hoy la gente quiere aprender artes circenses -afirma Peralta-. Ahora el circo se ha vuelto casi una profesión".
Sobrevive la tradición
El modelo del circo tradicional apareció por primera vez en Gran Bretaña en 1770. Los primeros circos fueron negocios familiares donde los conocimientos se heredaban. Eran nómadas y fueron muy exitosos porque eran la única forma de entretenimiento, pero con la aparición del cine, la televisión e Internet, la asistencia de público empezó a disminuir notablemente. La mayoría se vieron afectados por crisis económicas que les impidió mantener la compleja logística indispensable para desplazarse. Los más exitosos actualmente son el Circo estadounidense Ringling and Barnun & Baley y el Circo de Moscú.