Hasta el 4 de julio habrá una muestra del teatro contemporáneo polaco en Bogotá

En un tiempo en donde el cine y la televisión hicieron creer que el teatro desaparecería, pues las pantallas reemplazaban el lugar del entretenimiento y, en el caso de la pantalla chica, lo llevaba a la casa, el director de teatro polaco Jerzy Grotowski (1933-1999) se hizo la pregunta de rigor: ¿qué hace del teatro una experiencia única?. ¿Puede hacerse sin luces? Sí; ¿Sin vestuario? Sí; ¿sin escenografía? Sí; ¿Sin edificio? Sí; ¿Sin actor? No; ¿Sin espectador? Tampoco. "El teatro es justamente la experiencia que sucede entre estos dos protagonistas, por eso de lo que se trata es de trabajar esta relación", asegura Fernando Montes, director del teatro Varasanta y discípulo de Grotowski. 

Para Montes, el gran valor de este director de teatro fue, ante todo, su espíritu investigador, su curiosidad insaciable, su manera de entender el acto teatral como un ritual, como una experiencia mística en donde el actor se entrega de tal forma a la escena y se compromete tanto con lo que sucede allí que pierde cualquier impostación y cualquier muestra de virtuosismo, para quedar expuesto, desnudo, despojado de cualquier resistencia,máscara, escudo, habilidad, construidos culturalmente. "Es lo que en el teatro pobre creado por él fue denominado como el momento en el que el actor se quema a sí mismo, tal como lo haría un santo", explica Montes. Un ejercicio que, por supuesto, requiere de un entrenamiento sumamente riguroso. "Se trata, justamente, de desacumular el virtuosismo", insiste. Suena extraño, claro está, esconder el talento, pero ese es su aporte, pues estaba convencido de que esa era la máxima expresión de transparencia. "Hay un sitio en donde se puede ser libre, el único lugar: en usted mismo", era una especie de máxima de esta escuela teatral. 

No es gratuita esta búsqueda de la libertad. Vale la pena recordar que la escuela polonesa de teatro se inscribía dentro de un régimen autoritario, que lo censuraba todo. No obstante eso no le impidió meterse con temas espinosos. En Acrópolis (1964) hizo una reinterpretación del Holocausto desde la mitología griega, así como una versión del Príncipe constante (1965) de Calderón de la Barca, hizo que el público para ver la obra tuviera que actuar cual voyerista. 

Y es que uno de los ingredientes más importantes de la obra de Grotowski, es que como se dice en la jerga teatral, rompió el espacio. Y eso en los 60, donde la estructura escenográfica seguía la tradición italiana del escenario y el público contemplándolo, fue revolucionario y hoy una tendencia que continúa. Por eso, el que para Acrópolis haya hecho sentar a los espectadores en camarotes que miraban de qué forma los actores construían hornos crematorios, no es menos que desconcertante. Y, que en el Príncipe, el público tuviera que asomarse intencionalmente si quería ver la disección de un cuerpo, como en la Lección de anatomía de Rembrandt, redefine sin duda la forma de involucrar al espectador en la obra de teatro. Lo hizo parte constituyente, ya no como simple contemplador, sino interactuando, incomodándose, sintiéndolo cada palabra, cada movimiento.   

Esto hizo, por añadidura, y como otra de sus enseñanzas para el teatro contemporáneo, que hubiera un desarrollo de la voz como resonadora. Esto parece evidente, sin embargo, en el teatro "a la italiana", el actor acostumbraba a proyectar la voz hacia el fondo del teatro para que alcanzara a escuchar. En este nuevo esquema en donde el espacio es disímil el actor tuvo que aprender a manejar volúmenes y aprender a controlar su voz para que resonara en el pecho, la espalda y la coronilla. 

Grotowski, sin embargo no resistió quedarse en Polonia. Viajó a Estados Unidos, a Francia y terminó sus días en Italia, siempre experimentando nuevas teorías teatrales que cada día se acercaban más y más al regreso a las fuentes y las tradiciones, como ese camino para encontrarse a sí mismo. 

Sus herederos, entre ellos la compañía polaca Studium Teatralne serán los encargados de mostrar en una corta temporada en el Teatro Varasanta de Bogotá, por qué la Unesco declaró el 2009 como el año Grotowski. Rey de Corazones será la obra que abre la temporada. (Espere reseña de la obra).
 

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