Fallecer no es morir. El recuerdo de lo que se fue, en vida permanece. En el terreno de las artes este indicio cobra una dimensión única, pues al leer un texto, disfrutar de un espacio arquitectónico, contemplar una pintura, asistir a una representación teatral o escuchar una música, uno se hace cómplice de quienes, tiempo atrás, las crearon.
Las obras se completan, reviven y transforman al ser experimentadas y vividas por el espectador, o simplemente se dejan de lado si no resultan de interés.
El compositor austríaco Franz Joseph Haydn, de quien se conmemoran 200 años de su fallecimiento, dejó un legado que suscita una avalancha de contradictorias experiencias en quienes lo escuchan.
Nacido en Rohrau (Austria) el 31 de marzo de 1732 en el seno de una humilde familia, el párvulo Franz Joseph absorbería los primeros rudimentos musicales de sus padres y otros familiares cercanos. Con 8 años ingresa en la escuela coral de la catedral de San Esteban, en Viena, donde recibió su única instrucción musical académica.
En su adolescencia, Haydn se ve obligado a abandonar el coro, y a partir de los 17 años se dedica a trabajar como músico ambulante, animando reuniones de toda índole. Gracias a Metastasio, el famoso libretista de óperas y poeta, Haydn conoce al compositor y maestro de canto italiano Antonio Porpora, de quien recibe lecciones de canto e italiano a cambio de oficiar como su sirviente y mensajero.
En 1759, con apenas 27 años, Haydn se hace director musical de la capilla del conde Morzin, empleo que lo haría conocer entre la aristocracia europea.
Apenas dos años después, la vida de Haydn sufre un cambio radical al relacionarse con los Esterházy, una familia de nobles austrohúngaros que se convertirían en los permanentes mecenas del compositor.
Esta sociedad y amistad de mutuo beneficio no murió pese a la disolución de la orquesta que los Esterházy pusieron a disposición de Haydn durante tres décadas, y con la que este austríaco compondría una buena parte de su obra.
Aceptando una invitación del empresario Johann Salomon, Haydn se embarca a partir de 1791 en un par de travesías a Londres, de las cuales salió victorioso.
De regreso a Viena, emprende la composición de sus últimos cuartetos y los monumentales oratorios 'La creación' y 'Las estaciones', así como la catalogación de su obra y la escritura de sus memorias, antes de morir el 31 de mayo de 1809 en Viena.
El legado
La obra de Haydn resulta capital en el desarrollo de la sonata como forma musical. Muchas de las 62 que compuso para piano siguen siendo parte fundamental del repertorio para teclado.
La sinfonía fue otro de los grandes amores de este compositor. Si bien este género comienza a desarrollarse en el siglo XVI, Haydn recibe el afectuoso calificativo de 'padre de la sinfonía'.
De las más de 100 compuestas por el austríaco, algunas se convertirían en el punto de apoyo de varias generaciones que le sucedieron, aunque algunas otras resulten dispares y extremadamente juguetonas. Dentro de las obras de este género se destacan 'El filósofo', 'Lamento', 'La cacería', 'Oxford', 'La sorpresa', 'El milagro', 'El reloj', 'El redoble de timbal' y 'Londres'.
Sin embargo, es en el universo íntimo de la música de cámara donde se depositan los afectos de la mayoría de quienes gustan de Haydn.
Sus cuartetos para cuerdas resultan obras maestras de un equilibrio extraordinario, y de ello dan fe sus 68 creaciones dedicadas al mundo de las cuatro voces en las cuerdas. Estas, a su vez, abrirán el camino al noble arte del cuarteto por el que transitarán Mozart, Beethoven, Schubert, Bartók, Dvorák y Schoenberg. Para destacar, sus cuartetos de cuerda, ojalá interpretados por los cuartetos Mosaïques o Festetics.
Esta aventura creativa, colmada de sonatas, sinfonías, cuartetos, conciertos para diversos instrumentos, tríos, óperas, misas, cantatas, oratorios, divertimentos y varias obras más, no estuvo exenta de debilidades.
No es extraño, entonces, que la obra de Haydn sea recurrentemente criticada, aunque nunca pueda obviársela. Este sencillo, feliz y prolífico arquitecto musical del clasicismo dejó una obra que, en su aparente liviandad, resguarda los cimientos de mucha de la música que hoy se considera seria, sólida y trascendente. Tal vez estén en un error aquellos que se atreven a demeritarla.
Los recomendados para conocer a Haydn
String Quartets Op 20 Mosaïques Quartet
Astrée
2000
String Quartets Op 76 Quatuor Mosaïques
Astrée
2000
The Complete String Quartets
Kodály String Quartet
Naxos / 2008
Complete Music For Solo Keyboard
Ronald Brautigam
BIS / 2008
Complete Piano Sonatas
Rudolf Buchbinder
Warner Classics / 2007
The Creation
Gabrieli Consort & Players
Paul McCreesh
Archiv / 2008
Complete Symphonies / Fischer, Austro-Hungarian Haydn
Brilliant Classic / 2002
Nelsonmesse, Theresienmesse
English Baroque Soloists, Monteverdi Choir
John Eliot Gardiner
Por Carlos A. Heredia Galindo
Crítico musical