Se acabó el sueño para los niños que actuaron en '¿Quiere ser millonario?'

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Los cineastas coinciden en que los actores no profesionales ofrecen mayor realismo, sus rostros están curtidos por la vida, usan un lenguaje coloquial y pueden mostrar parte de su experiencia.

Según Víctor Gaviria, ellos favorecen "procesos de conocimiento social", y según su colega Ciro Durán, aportan realidad y legitimidad a la historia. "Trabajar con actores naturales es el sueño de todo cineasta", puntualiza Durán.

Obviamente, el hecho de que los actores no sean profesionales acarrea grandes dificultades: la inexperiencia suele prolongar los rodajes y por lo general solo pueden representar sus propias vidas -notable excepción es Ramiro Meneses, que empezó en Rodrigo D: no futuro-. Más aún, muchas veces creen que su actuación los va a catapultar a la fama. Y ahí es cuando aparece la discusión de índole social.

El papel del mesías

El crítico de cine Pedro Adrián Zuluaga cree que en estos casos la principal responsabilidad del director es sensibilizar más que convertirse en redentor. Por tanto, su compromiso ético es el de investigar exhaustivamente el contexto de los actores, respetarlo y ser coherente a la hora de pasar la realidad a la ficción.

En la misma línea, el director Rubén Mendoza, quien actualmente está filmando la película 'La sociedad del semáforo' -protagonizada por actores naturales que fueron seleccionados en una convocatoria pública a la que se presentaron más de 600 habitantes de la calle, entre indigentes, vendedores y artistas callejeros-, opina que los cineastas no están llamados a solucionar la vida de nadie, ni mucho menos resolver los problemas del país.

"No somos trabajadores sociales ni bancos; no estamos obligados a responder por la gente", dice el cineasta, aunque reconoce que es inevitable que durante el rodaje aparezcan vínculos afectivos entre el actor y el director, y que surja en éste el impulso de proteger al otro. "No podemos burlarnos de esas relaciones", advierte.

Mendoza cuenta que durante el rodaje de su película los actores se han apegado al equipo de filmación porque son los únicos que les brindan apoyo; se han convertido en la familia que no tienen. Asimismo asegura que los actores prefieren participar en la película aun cuando saben que al final volverán a su miseria. "Yo no les prometo nada. Solo les digo que vamos a hacer una película".

Pero para ellos, que han cambiado ambientes traumáticos por uno más acogedor, no es fácil asimilar la idea de tener que dar un paso atrás.

Alexis, quien interpreta a Raúl en 'La sociedad del semáforo', permaneció en la calle casi toda su vida y consumió cualquier tipo de drogas. Antes de la filmación, el director le explicó que el único requisito para empezar era abandonar el vicio porque solo de ese modo estaría en capacidad de cumplir con los horarios y estar lúcido para atender instrucciones.

Alexis cumplió la solicitud y gracias a eso se reencontró con su familia, a la que no veía desde hacía cinco años. Ahora que su vida es otra, teme perder lo ganado: "Me da miedo volver a la calle. He hablado con los productores para que me ayuden a buscar trabajo, o lo que sea para no volver a perder a mi familia".

Pero aquí nadie ha sembrado falsas expectativas, y Alexis es consciente de ello. En contraste, los niños de '¿Quiere ser millonario?' siguen esperando la casa que el Gobierno indio les prometió "por traer éxito al país".

Parodia del oportunismo

'Agarrando pueblo', una parodia de documental que rodaron en 1978 Luis Ospina y Carlos Mayolo, es un antecedente importante sobre la explotación de la pobreza para conmover audiencias.

Durante 25 minutos, los cineastas capturan escenas de miseria en las calles de Cali y Bogotá para mostrar cómo viven los pobres del Tercer Mundo, y descienden del carro que los transporta para filmar mendigos que reposan en las calles, enfocándolos en primer plano.

"Agite más el tarrito", le dicen a un anciano apostado en las puertas de una iglesia. Y luego se escucha: "Faltan locos, mendigos y gamines, ¿qué más miseria hay? -pregunta el director al camarógrafo-. ¡Ah!, ahora vamos por las putas".

Al final irrumpen en una pequeña casa de madera, con actores disfrazados, libreto aprendido, ropa rasgada y niños prestados, para que digan que no tienen trabajo y que no gozan de buena salud. Mientras el entrevistador está terminando con un sesudo análisis de la miseria de la sociedad, aparece el dueño de la casa y arruina la dramatización.

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