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Una de las personas que mejor describió esta situación fue el reputado documentalista inglés Brian Moser, quien en 1969 dedicó La guerra de los dioses a mostrar, además de una tradicional misión católica de Mitú, la penetración del puritanismo del Norte llevada a cabo por los pastores del ILV. Según el antropólogo Mauricio Pardo, esta institución representó "la avanzada de las misiones para catequizar a los indígenas del Vaupés, quienes practican una religión acaso más antigua que la de quienes pretenden redimirlos".
En su documental, Moser muestra el doble universo de la asepsia del pastor protestante y de su blanquísima esposa, que se baña todos los días, lava la loza en medio de la selva en recipientes de agua hirviendo y saca con pinzas los utensilios, mientras que en sus malocas con piso de tierra la familia indígena come con las manos tortas de yuca brava. Al fondo, la voz de la mujer norteamericana lamenta lo mal que comen los niños y sus precarias condiciones de vida.
Uno de los miembros del ejército de pastores en la cinta de una hora asegura: "No podemos presumir que tenemos mucho tiempo, pues si estamos acá es porque Dios nos lo pidió y no nos dejará ir hasta que hayamos terminado. Estoy seguro de que Él también tiene un calendario". Y sí que cumplieron la agenda: si en 1969 trabajaban con 38 etnias, en 1972 ya lo hacían con las 48 de la región. Y todavía se les encuentra en la selva.
Para Moser, que reside en el país, los predicadores tenían como fin erradicar el pensamiento y las creencias indígenas. "Quise mostrar a los televidentes en Inglaterra que estoy totalmente en contra de eso. Todos tenemos el derecho de creer en lo que queramos creer".
La zona gris
Pero en cuestiones de creencias no todo es blanco o negro. Anastasia Candre, de la etnia uitoto, creció en el internado de La Chorrera. A los 5 años, por no hablar español, una monja le jaló tan fuerte una oreja que se la desgarró. Sin embargo, se considera católica y no ve que exista contradicción entre los dioses católicos y los uitotos. "También tenemos un equivalente a una Virgen y a un Cristo", asegura la indígena que estuvo en la inauguración de la exposición y colaboró en la investigación de la misma.
De igual forma, Reyes cuenta que los evangélicos han sido recibidos con entusiasmo por los tikunas. "Hace 10 años estaban consumidos por numerosos vicios, pero estos religiosos llegaron a organizarlos y muchos de sus miembros hoy en día han regresado a sus prácticas tradicionales".
Como concluye Cristina Lleras, la otra curadora de la exposición, "una tierra que históricamente se ha construido a partir de bonanzas es un caldo propicio para el arraigo de cualquier oferta de futuro mejor". Y, la evangelización, que no es algo que pasó hace siglos, sino que existe aún, es sin duda, una de las mejores promesas".