Enhorabuena, la distribución de cine en Colombia vuelve a considerar de interés una película de Gus Van Sant. Las últimas obras de este irregular director fueron ignoradas en el país, al tratarse de narraciones lentas y elegíacas, que observaban con sutileza y fascinación el mundo perturbado de jóvenes y adolescentes: Gerry, Last Days, Elefante, Paranoid Park. En ellas, Van Sant no cede a la tentación del juicio directo o la condena, lo que sin duda resulta perturbador.
Milk, a pesar de una fragmentada estructura narrativa que mezcla material de archivo y articula distintos tiempos, es una película mucho más convencional. También más airada, y comprometida con una causa específica: la de los derechos civiles de los gays, que lucen bastante lejos de estar garantizados en una sociedad llena de miedo -a pesar de Obama- y con tendencia al fanatismo y la exclusión del otro. Harvey Milk, el primer supervisor (concejal) gay elegido en Estados Unidos, es presentado como héroe y pionero, y como uno de los grandes responsables del extraordinario desafío a la moral tradicional que se vivió en San Francisco en los años setenta, brutalmente sacudido, apenas unos años después, por la epidemia del sida.
A pesar de sus concesiones y de estar llena de los tics habituales en un biopic, Milk es un valioso documento histórico sobre cómo la sexualidad pone a prueba el talante de una sociedad y revela sus miedos. También es una memorable lección de actuación que consagra a Sean Penn, más allá de la anécdota de los Oscar. El epílogo, donde se informa al espectador del destino de aquellos que acompañaron de cerca a Milk, muestra cuán fecunda fue su semilla y todo el camino que falta por andar para vivir la sexualidad sin vergüenza.
Por Pedro Adrián Zuluaga
MILK.
Dir: Gus Van Sant.
Con: Sean Penn, James Franco, Diego Luna, Josh Brolin.
Estados Unidos, 2008, 128 min.