Abril 6 de 2009

Separados por naturaleza

El artista Luis Fernando Ramírez construye un panal dentro de una galería como símil de la distancia del hombre y la naturaleza.

¡Hay abejas en el Parque de la Independencia! La alerta podría generar pánico, pero los insectos parecen bien domesticados  y extrañamanente tranquilos pese a circular por donde se les ocurra. Esto se debe a que Luis Fernando Ramírez, artista con formación de arquitecto, les construyó un hábitat, un invernadero con la temperatura justa para que se sientan cómodas, construyan sus panales, sirvan a sus reinas y las resguarden.

Este proyecto, titulado 35º C, abre la serie de exposiciones del Premio Luis Caballero, en la Galería Santafé (Planetario de Bogotá), donde anualmente concursan artistas que ya tienen una obra reconocida.

El tema de las abejas no es nuevo para Ramírez. Y lo conectó con la arquitectura cuando en Colonia (2006) puso una colmena dentro del baño del Libertador en la Quinta de Bolívar durante la exposición Arte y Naturaleza. Procuraba introducir una 'colonia' dentro de unos aposentos de la época.

También en 2004 había explorado el tema apícola en Colmena, en la Alianza Francesa, cuando por medio de una animación, iba transformando los dibujos icónicos del urbanista suizo Le Corbusier en modificaciones que alteraban su diseño original, con planchas de más, ventanas cerradas y nuevos usos de los espacios -muy al estilo de la arquitectura local que va, como las abejas, construyendo su hogar paulatinamente.

Y es que para Ramírez el desencanto con la arquitectura moderna se dio rápidamente cuando, cartón en mano, se dio cuenta de que lo tan bellamente descrito en los libros que tanto había estudiado en nada coincidían con la realidad del oficio. "Los edificios debían estar 'posados' sobre el paisaje para no tocarlo, tener el primer piso libre para que flotaran, ventanas corridas, una terraza para contemplar la naturaleza. Ese fue el sueño de Le Corbusier, algo que nunca logró convertir en ciudades, fue pura utopía".

Y de eso se trata de alguna forma 35º C. Al ingresar a la gran sala curva, de paredes blanquísimas y piso de cemento, aparecen unas piedras de jardín, de parque. Más allá un video con un joven malabarista que manipula los vértices de una gran pirámide, los hace girar en su mano y juega con ellos como si se tratara de livianas pelotas en un semáforo. "Hice una especie de paisaje virtual dentro de la sala de exposiciones, la naturaleza y quien se la apropia, para luego dar paso a un invernadero, por donde circulan las abejas", explica el artista.

En efecto, dentro de la estructura de plástico -climatizada a 35 grados de temperatura-, cientos de abejas entran y salen por el orificio que fue dejado en la fachada norte de la galería para que salieran "de paseo". Sin embargo no abandonan el lugar que les brinda esas cómodas condiciones. Regresan a las cuatro colmenas que les fueron asignadas. Cada una representa edificios modernos siguiendo los modelos planteados por los maestros fundadores del estilo.

El único inconveniente, y de ahí la tragedia que quiere exponer Ramírez, es que las abejas no interactúan con otras, pues cada una pertenece a un panal al que le deben fidelidad y trabajo. Aunque están acostumbradas a vivir en comunidad y solo tratan con los suyos, nunca podrán vincularse entre sí.

Es la metáfora de una ciudad que se desprendió inevitablemente de la naturaleza y que nunca podrá generar vínculos entre los ciudadanos a pesar de las buenas intenciones de la arquitectura.

"Quería hablar de esa utopía, de cómo el edificio está separado de la naturaleza -explica Ramírez-. Al entrar a la sala no puedes entrar a la naturaleza a pesar de que se ve allí. Volver a lo natural ya no será posible, no en nuestras ciudades".  

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