Marzo 25 de 2009

Diez años sin Bioy Casares

Entre sus libros más importantes, donde los misterios de los sueños y los mecanismos de la literatura misma se funden sin esfuerzo, se cuentan Historias fantásticas o El sueño de los héroes.

En 1940, a los veintiséis años, Adolfo Bioy Casares publicó La invención de Morel, acaso la mejor novela fantástica en la historia de la literatura latinoamericana. En el prólogo, Borges sentenció: "He discutido con su autor los pormenores de su trama; la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta". Ese mismo año Bioy Casares se casó con la escritora Silvina Ocampo, con quien publicó, en compañía de Borges, la famosa Antología de la literatura fantástica. Con Borges, Bioy Casares mantuvo una estrecha amistad durante más de cincuenta años: juntos crearon un álter ego, Bustos Domecq, al que se le deben varios cuentos policiales perfectos; juntos, también, realizaron una serie de antologías tan perdurables como Los mejores cuentos policiales (1943).

Adolfo Bioy Casares nació el 14 de septiembre de 1914 en Buenos Aires y murió en esa misma ciudad el 8 de marzo de 1999. La literatura inglesa, con Shakespeare a la cabeza, fue la base de su formación. De los autores argentinos de su época ninguno le interesó; su secreto desprecio hacia Roberto Arlt tuvo tintes casi medievales. Entre sus libros más importantes, donde los misterios de los sueños y los mecanismos de la literatura misma se funden sin esfuerzo, se cuentan Historias fantásticas o El sueño de los héroes.

Tenista fracasado, amante del cine, aficionado a los paseos a caballo y a los perros, enamorado de las primeras ediciones y de las mujeres, Bioy Casares tuvo siempre un gran sentido del humor: "3 de marzo 1998: Murió Beatriz Guido. Una de las personas más encantadoras que conocí. Dijo que si escribía una nota sobre una de sus novelas, se acostaría conmigo. La escribí y nos acostamos, riendo de la situación", anotó en Descanso de caminantes, su diario, donde también le rindió pleitesía a la muerte. Por todo eso, a una década de su deceso, vale la pena redescubrirlo.

Por Luis Fernando Charry

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