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Un proyecto de 20 años por fin bota sus frutos. Hablar de imaginarios urbanos a finales de los 80 todavía era algo etéreo, inasible, imposible de entender. Sin embargo, el semiólogo Armando Silva, contra viento y marea logró convencer a respetados académicos de América Latina para que le siguieran la cuerda en ese intento por definir las ciudades desde lo que la gente siente de estas.
Esto, después de muchas dificultades, produjo una serie de libros que demuestran lo que la gente piensa de sus ciudades y que fueron todos titulados como la ciudad imaginada (Bogotá imaginada, Santiago imaginada...). La semana pasada, después de más de una década de trabajo, los investigadores de las diversas capitales, por fin se vieron las caras en un encuentro de una semana en la biblioteca Luis Ángel Arango que cerró con broche de oro con una completa muestra de archivos ciudadanos en video, fotografías, sonidos y documentos, curada por los españoles Jorge Blasco y Nuria Enguita, de la Fundación Antoni Tapies y que puede verse en la sala de exposiciones bibliográficas de la Biblioteca.
"Si bien en las ciudades se trazan mapas, que son líneas continuas y puntuadas, nosotros trazamos croquis, que son mapas lógicos de percepciones ciudadanas, un territorio más abstracto, como el de los afectos", explicaba Armando Silva. Allí entran la antropología social, el psicoanálisis, la semiótica... y trata de responder a una pregunta como ¿es posible plantear el concepto de la construcción del deseo -que es individual-, como algo colectivo?
Partiendo de esa hipótesis, los investigadores de 12 ciudades latinoamericanas (Bogotá, Caracas, Lima, La Habana, Quito, Santiago, Sao Paulo, Portoalegre, La Paz, Montevideo, Buenos Aires, Ciudad de México) y dos españolas (Barcelona, Sevilla), se dieron a la tarea de rastrear qué piensan los habitantes de sus propias ciudades, cómo las sienten y viven, con qué las relacionan, qué las identifica, entre otros muchos aspectos. Esto podría llegar a sonar extraño hasta que hechos concretos comprueban que en realidad los imaginarios sí existen.
Por ejemplo, ¿por qué las personas cuando saben que un lugar solía oler mal, incluso si ya fue recuperado, siguen frunciendo el ceño como si todavía oliera?, se preguntaba el investigador chileno Carlos Ossa. O ¿por qué si en Santiago los índices de inseguridad son tan bajos comparativamente con sus vecinos la ciudad ha multiplicado su presupuesto de seguridad privada de 40 millones de pesos en los 90 a 4 millones de dólares hoy en día? El miedo por la inseguridad es un fantasma que se pasea por todas las ciudades de América Latina. Justamente del fantasma, de aquello que no se ve sino que se percibe, se trata esta extensa y rica investigación. "Los imaginarios no son una teoría abstracta, ni se queda en la fantasía, se encarna en el lenguaje, en los cuerpos y en las ciudades", asegura Silva. El paso a seguir será, cruzar los datos. Otra tarea titánica que seguramente tardará otros años más. Por ahora, vea los imaginarios de algunas de las ciudades estudiadas.
SANTIAGO
Carlos Ossa & Nelly Richard
Esta ciudad está atravesada por dos principios extremos: el ingenio de la modernización y el padecimiento de la catástrofe. Por un lado, la permanente construcción y demolición de una ciudad bandera en el desarrollo de América Latina. Con edificios de aluminio y cristal, es una ciudad que le rinde un culto infinito al dinero plástico, que tiene más cajeros y farmacias que cualquier otra capital del continente y con uno de cada tres santiaguinos conectados a internet. Por el otro, el fantasma de la catástrofe es de doble faz. No sólo es el residuo de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), sino el miedo real a que una tragedia natural ocurra. Algo que no es infundado, pues el Río Mapocho, que cruza la ciudad, se ha desbordado en tres siglos 80 veces y ha habido tres terremotos. Ambas percepciones van atadas a algo que parece ser una obsesión por la seguridad, en donde el discurso del miedo promovido por los medios y el poder ha calado en la sociedad. Tan solo en seguridad privada, el chileno incrementó su gasto de 40 millones de pesos chilenos en los 90 a 4 millones de dólares hoy. "Si bien en décadas pasadas las clases adineradas eran muy pudorosas y no exhibían su riqueza, hay un nuevo chileno que desea mostrar lo que tiene y eso va atado a la necesidad de protegerlo", explica Ossa.
Otro aspecto relevante de esta sociedad santiaguina es que, si bien al chileno se le percibe como oficialista y obediente, la gente en la calle no lo siente como tal, incluso le cuesta trabajo asociarse con alguna figura heróica y le rehuye a la autoridad y se reconoce más en los oficios populares y anónimos que esquivan la memoria oficial y los hace mezclarse entre la multitud. "Santiago es un cuerpo sobreexpuesto, atosigado de monumentos y construcciones que celebran nuevas formas de culto (sin nombres ni personajes) pues este culto refiere a lo abstracto e inmaterial, sin textura histórica porque se lo piensa inagotable: el poder".
LIMA
Javier Protzel
Lima vive lo que otras capitales latinoamericanas como Buenos Aires y Montevideo, y es que se tragan al país y son totalmente centralistas, lo que significa que en la capital se configuran las ideas de lo que es la nación. Lima concentra 8.100.000 habitantes frente a otra ciudad peruana que, como Arequipa, solo tiene 700.000. Los limeños sienten una suerte de nostalgia de un pasado esplendoroso que se evoca sin cesar, pero de conoce muy poco y que ha constituido algo que se conoce como el criollismo. La historia de Lima está jalonada por momentos de auge urbanístico y euforia festiva seguidos de periodos más largos de caída, pobreza y lento restablecimiento. Además de los altibajos de cada ciclo económico, esto se ha debido a terremotos, guerras, revoluciones, y en el siglo XX, a las transformaciones culturales provocadas con la voluminosa inmigración andina y la consiguiente expansión de la urbe. Lima se concibe clasista, tiene como referente heroico a Francisco Pizarro y tiene una percepción de la ciudad como insegura. Las cantantes populares, aunque de buena cuna, Chabuca Granda y Alicia Maguiña, representan para la ciudadanía la posibilidad del ascenso social. Y a pesar de la clara segregación social y racista, la cultura popular es, en la actualidad, lo que más tiene para aportar al desarrollo del país.