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En 1842 el escritor estadounidense Edgar Allan Poe aseguró que si una obra literaria era demasiado larga para ser leída de una sola sentada no merecía llevar el título de cuento. "Si la lectura se hace dos veces -dijo Poe- las actividades mundanas interfieren destruyendo al punto toda totalidad". Un siglo después, en 1962, el argentino Julio Cortázar confirmó lo dicho por Poe cuando declaró, a partir de una metáfora pugilística, que en el combate entre un texto y su lector, la novela ganaba por puntos y el cuento por nocaut.
Ambos apuntaban a una de las leyes de cabecera de todo cuentista: la unidad de impresión, que se logra cuando el escritor concibe un efecto único y dirige todos los elementos de su texto para conseguirlo. "No te distraigas viendo otra cosa que el camino que trazaste", aconsejó Horacio Quiroga en su Decálogo del buen cuentista, aludiendo a eso que hace cuento al cuento y que no es más que la eficacia y la economía de las palabras. Ninguna puede sobrar y de cada una debe aflorar un profundo significado. De ahí la brevedad del género. De ahí que la intensidad de unas pocas páginas resuene en el lector como un verdadero golpe en la mandíbula.
En 2009 el cuento pareciera recobrar su fuerza ante los lectores del mundo entero. Un primer indicio es que este año se conmemoran varias fechas de ilustres cuentistas: 200 años del nacimiento de Poe y del ucraniano Nikolái Gógol, 100 del de Juan Carlos Onetti y 25 de la muerte de Cortázar.
En Colombia, las nuevas generaciones de cuentistas, la apuesta de las editoriales y uno que otro concurso, son muestra de la afirmación del profesor Jaime Alejandro Rodríguez -prologuista de Narradores del siglo XXI. Cuatro cuentistas colombianos- en el sentido de que el cuento está más saludable que nunca.
Según Rodríguez, la existencia de un género breve, conciso y dotado de gran intensidad está asegurada en una sociedad que se mueve con ritmo acelerado. Prueba de ello es la acogida que Internet ha dado a relatos negros o de ciencia-ficción. Al decir de Rodríguez, "el cuento se ha venido adaptando muy bien como expresión contemporánea, garantizando así su funcionalidad y presencia".
En el libro mencionado, Rodríguez hace una selección de 17 cuentos de los escritores nacionales Pablo Montoya, Lina María Pérez, Octavio Escobar y Ricardo Silva. Los cuatro se suman a un grupo de plumas, nacidas entre 1950 y 1970, que dirigieron su talento hacia el relato corto y fueron situadas por la profesora y crítica literaria Luz Mary Giraldo en la generación de fin de siglo. "La predilección por temas del momento, lo inmediatista y banal, la violencia urbana, los mecanismos policiacos y periodísticos y, en algunos casos, el regreso al misterio y al suspenso", son algunas de las características que observa Giraldo para esta generación que reúne a Santiago Gamboa, Héctor Abad Faciolince y Jorge Franco.
En cuanto a los escritores del siglo XXI -dice Giraldo en la introducción a Cuentos y relatos de la literatura colombiana-, un punto en común es mostrar un "más allá de Macondo", lo que equivalió en el resto de América Latina a separarse del boom narrativo. "Prevalece el distanciamiento de lo rural y del realismo mágico, mítico y maravilloso, el cambio de arquetipos por personajes más cercanos a lo real y las expresiones y experiencias propias de la complejidad urbana", comenta la crítica literaria.
De concurso
Del grupo de escritores del último siglo hacen parte varios de los cuentistas que han sido publicados por la editorial Panamericana en su colección 'Sólo para adultos'. Desde 2005 ha lanzado 14 títulos de autores como Jorge Aristizábal Gáfaro, quien en sus Cuentos de escalofrío logra cinco relatos divertidos, ingeniosos y envolventes; Ramón Cote con Tres pisos más arriba; Roberto Rubiano con Cincuenta agujeros negros, y -el más reciente- Elkin Restrepo, autor de La bondad de las almas muertas.
Aunque las editoriales reconocen que en ventas y lectura la novela va un paso adelante del cuento, aún creen en el género. Tal es el caso de Santillana y el Fondo de Cultura Económica. La primera ha publicado desde 2007 un promedio de un libro de cuentos al mes de autores nacionales y extranjeros. Sobresalen las colecciones de los maestros del género en Colombia Tomás Carrasquilla y Germán Espinosa, y de los más recientes Juan Manuel Roca y Juan Gabriel Vázquez. La segunda editó una antología del cuento colombiano y Guía para viajeros de Darío Jaramillo.