Febrero 18 de 2009

Niégalo todo

La negación del Holocausto contra los judíos tiene más de medio siglo, pero ha sido completamente controvertida por los historiadores.

El último episodio del largo debate fue protagonizado por el obispo británico Richard Williamson, y en buena medida comenzó con la metida de pata de un colombiano. Siguiendo el consejo del cardenal paisa Darío Castrillón, el papa Benedicto XVI aceptó el pasado 24 de enero la vuelta al redil de cuatro excomulgados de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, congregación tradicionalista a la que pertenecía Williamson. Todo habría tenido tinte de reconciliación de no haber sido porque el clérigo británico, contra la posición oficial de la Iglesia de Roma, pregonaba que el genocidio del que fueron víctimas los judíos durante la Segunda Guerra Mundial no fue realizado con cámaras de gas y que el número de muertes no había sido de 6 millones sino de 200.000 o 300.000.

Para apagar el incendio, el Papa tuvo que salir a decir que es intolerable negar el Holocausto, a su vez que la comunidad de Williamson decidió apartar al prelado de la dirección del seminario que tenía en Argentina. Pero nada de retractaciones: hasta que no tenga pruebas que demuestren lo contrario, el sacerdote dice que no cambiará de opinión.

No son pocos los intelectuales, historiadores o líderes políticos que, como él, sostienen que todo lo que se ha dicho sobre la matanza de los judíos en la Alemania nazi es exagerado o, incluso, que niegan que hubiera ocurrido. Según el caso, son llamados 'revisionistas' o 'negacionistas'. Y algunos hechos recientes parecen confirmar que su número es creciente.

En 2001, un aviso publicitario con un plácido paisaje bávaro de montañas y cielo soleado fue desplegado en distintos puntos de Berlín. En el centro del anuncio había una leyenda que decía: "El Holocausto nunca ocurrió". Debajo, en letras más pequeñas, otro mensaje: "Hay muchos que todavía aseguran esto. En 20 años habrá más. Por eso, apoye el Monumento por los Judíos Europeos Asesinados". Al parecer, el efecto de la campaña fue negativo y en lugar de hacer reflexionar a la gente ante semejante afirmación, comprobó que lo que decía era cierto. Los administradores del monumento debieron interrumpir la campaña.

Falsos positivos

El revisionismo del Holocausto no es de cuño reciente. Su paternidad suele atribuirse a Paul Rassinier, autor de un libro titulado La mentira de Ulises (1950), en el que recogió testimonios de ex prisioneros de campos de concentración alemanes y su propia experiencia en dos de ellos. Ex miembro de la resistencia francesa, Rassinier desmintió la existencia de las cámaras de gas. Aunque inicialmente admitió que carecía de autoridad para testificar sobre otros campos de concentración, luego ratificó su hipótesis.

Al otro lado del Atlántico, uno de los primeros textos en inglés que se atrevieron a negar la existencia del Holocausto fue El mito de los seis millones,(1969) de David Hoggan, según el cual la Segunda Guerra fue una conspiración anglo-polaca en contra de Alemania. El ensayo aseguraba que el Holocausto no era más que una invención.

Varios artículos de esos años, publicados en el American Mercury, divulgaron la misma idea. Entre otros, Fraude sionista de Harry Elmer Barnes, Los seis millones escurridizos de Austin App, ¿Fue el diario de Ana Frank una patraña? de Teressa Hendry y Los judíos que no son de Leo Heiman. Otra forma de revisionismo fue la adoptada en 1977 por el historiador británico David Irving, que en su libro La guerra de Hitler planteó que el Holocausto había ocurrido a espaldas del Führer.

Entre 1978 y 1979, el profesor francés de literatura Robert Faurisson, de la Universidad de Lyon, insistió en negar la existencia de las cámaras de gas con el argumento de que estas habrían requerido un desarrollo tecnológico muy elevado para su tiempo. Curiosamente, su colega Jean Claude Pressac, que compartía su punto de vista, se convenció rápidamente de lo contrario después de analizar las evidencias obtenidas en Auschwitz y otros campos de exterminio. Tanto, que en 1989, publicó Auschwitz: Técnica y operación de las cámaras de gas.

Willy Carto es otro de los nombres ineludibles al hablar de 'negacionismo'. A finales de los años sesenta fundó en Los Ángeles el sello editorial Noontide Press, dedicado a la publicación de literatura antisemítica y de textos en defensa de la supuesta pureza de la raza blanca. Su editorial fue, de hecho, la que publicó El mito de los seis millones, de Hoggan. En esa línea, Carto creó en 1979 el Instituto para la Revisión Histórica (IHR) -que se ha dedicado a difundir nuevas versiones 'negacionistas'- y en 1984, el Partido Popular, en el que congregó a antiguos miembros del grupo racista Ku Klux Klan.

Conveniencia árabe

Pero si algún motivo ha dado pie para hablar del 'negacionismo' en años recientes, ha sido el conflicto árabe-israelí. En este contexto, no pocos líderes árabes o musulmanes afirman que el Holocausto fue la excusa ideal para crear el estado de Israel y resarcir moralmente a la comunidad judía, históricamente perseguida.

En 1982, Mahmud Abbas, cofundador del partido Fatah y presidente de la Autoridad Palestina, tituló su tesis doctoral La conexión secreta entre los nazis y los líderes del movimiento sionista. En ella afirmaba que el movimiento sionista inflaba el número de muertes del Holocausto para ganar la solidaridad de la opinión pública internacional. "Muchos académicos han debatido la cifra de los seis millones y han llegado a conclusiones impresionantes, calculando que las muertes de judíos no pasaron de unos cientos de miles", anotaba el líder árabe.

Afirmaciones de este corte incluso dieron origen a actividades académicas, como fue un simposio organizado en 2002 en Abu Dhabi (Emiratos Árabes) que tenía por título 'La negación del Holocausto'. Cuatro años después, consciente del lío en que podía meterse con Occidente por las conclusiones de su tesis, Abbas optó por matizarlas diciendo que el problema no podía centrarse en cifras tan inciertas y que lo verdaderamente importante era decir que el Holocausto era un crimen contra la humanidad que no podía repetirse.

Sin embargo, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, insistió en la idea. "Han fabricado una leyenda bajo el nombre de 'masacre de judíos' y la sostienen más alto que al mismo Dios, la religión y los profetas", dijo en 2005 ante una multitud en la ciudad iraní de Zahedan. "Si alguien de su país cuestiona a Dios -agregó refiriéndose a los israelíes-, nadie dice nada, pero si alguien niega el mito de la masacre de los judíos, los sionistas gritan y los gobiernos, rindiéndoles pleitesía a los sionistas, empiezan a gritar".

De eso, ni hablar

A las pretensiones de los 'negacionistas' les han salido al paso rigurosas críticas. Una de las formas más habituales de desacreditarlos es simplemente guardando silencio para no darles legitimidad; otra, poniendo en evidencia sus mentiras -que son muchas-, y otra, denunciando sus intenciones. "No es necesario perder el tiempo o el esfuerzo en responder a las alegaciones de los 'negacionistas' -escribía la opositora a esta corriente Deborah Lipstadt-. Sería un nunca acabar de responder a los argumentos planteados por los que libremente falsifican los resultados, citan fuera de contexto y simplemente despachan resmas de testimonios. A diferencia de los verdaderos académicos, tienen poco, si alguno, respeto por los datos o evidencias. Su compromiso es con una ideología y sus 'conclusiones' son la forma de apoyarla".

Preocupado por la ola antisemítica, en 2006 el entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan, calificó de fanáticos a los negacionistas, y al año siguiente, la Asamblea General de Naciones Unidas condenó "sin reservas toda negación del Holocausto". Irán -era de suponerse- se apartó de la decisión. La polémica, que en el siglo XXI ha reaparecido a la sazón del conflicto árabe-israelí, ahora aflora en el corazón del Vaticano. Un tema preocupante en la medida que, como expresa Pier Paolo Poggio, autor del libro Nazismo y revisionismo histórico, la adopción de estas ideas termina sirviendo para el fortalecimiento de políticas neoconservadoras y normalizando el nazismo y el fascismo. Y el peligro es que cuando la duda queda planteada, es difícil dar vuelta atrás.

¿QUÉ DICEN LOS REVISIONISTAS?

- No fueron 6.000.000 de muertos sino 200.000 o 300.000.
- 'El diario de Ana Frank' fue una invención literaria.
- Los testimonios de los sobrevivientes están plagados de inconsistencias.
- Las confesiones de los nazis fueron el resultado de torturas.
- El tratamiento que les dieron los nazis a los judíos fue igual que el de los Aliados en contra de sus enemigos durante la Segunda Guerra.
- No hubo una política de exterminio explícita de parte de los nazis.
- Los nazis no usaron cámaras de gas para matar a sus víctimas.

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