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Willy Carto es otro de los nombres ineludibles al hablar de 'negacionismo'. A finales de los años sesenta fundó en Los Ángeles el sello editorial Noontide Press, dedicado a la publicación de literatura antisemítica y de textos en defensa de la supuesta pureza de la raza blanca. Su editorial fue, de hecho, la que publicó El mito de los seis millones, de Hoggan. En esa línea, Carto creó en 1979 el Instituto para la Revisión Histórica (IHR) -que se ha dedicado a difundir nuevas versiones 'negacionistas'- y en 1984, el Partido Popular, en el que congregó a antiguos miembros del grupo racista Ku Klux Klan.
Conveniencia árabe
Pero si algún motivo ha dado pie para hablar del 'negacionismo' en años recientes, ha sido el conflicto árabe-israelí. En este contexto, no pocos líderes árabes o musulmanes afirman que el Holocausto fue la excusa ideal para crear el estado de Israel y resarcir moralmente a la comunidad judía, históricamente perseguida.
En 1982, Mahmud Abbas, cofundador del partido Fatah y presidente de la Autoridad Palestina, tituló su tesis doctoral La conexión secreta entre los nazis y los líderes del movimiento sionista. En ella afirmaba que el movimiento sionista inflaba el número de muertes del Holocausto para ganar la solidaridad de la opinión pública internacional. "Muchos académicos han debatido la cifra de los seis millones y han llegado a conclusiones impresionantes, calculando que las muertes de judíos no pasaron de unos cientos de miles", anotaba el líder árabe.
Afirmaciones de este corte incluso dieron origen a actividades académicas, como fue un simposio organizado en 2002 en Abu Dhabi (Emiratos Árabes) que tenía por título 'La negación del Holocausto'. Cuatro años después, consciente del lío en que podía meterse con Occidente por las conclusiones de su tesis, Abbas optó por matizarlas diciendo que el problema no podía centrarse en cifras tan inciertas y que lo verdaderamente importante era decir que el Holocausto era un crimen contra la humanidad que no podía repetirse.
Sin embargo, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, insistió en la idea. "Han fabricado una leyenda bajo el nombre de 'masacre de judíos' y la sostienen más alto que al mismo Dios, la religión y los profetas", dijo en 2005 ante una multitud en la ciudad iraní de Zahedan. "Si alguien de su país cuestiona a Dios -agregó refiriéndose a los israelíes-, nadie dice nada, pero si alguien niega el mito de la masacre de los judíos, los sionistas gritan y los gobiernos, rindiéndoles pleitesía a los sionistas, empiezan a gritar".
De eso, ni hablar
A las pretensiones de los 'negacionistas' les han salido al paso rigurosas críticas. Una de las formas más habituales de desacreditarlos es simplemente guardando silencio para no darles legitimidad; otra, poniendo en evidencia sus mentiras -que son muchas-, y otra, denunciando sus intenciones. "No es necesario perder el tiempo o el esfuerzo en responder a las alegaciones de los 'negacionistas' -escribía la opositora a esta corriente Deborah Lipstadt-. Sería un nunca acabar de responder a los argumentos planteados por los que libremente falsifican los resultados, citan fuera de contexto y simplemente despachan resmas de testimonios. A diferencia de los verdaderos académicos, tienen poco, si alguno, respeto por los datos o evidencias. Su compromiso es con una ideología y sus 'conclusiones' son la forma de apoyarla".
Preocupado por la ola antisemítica, en 2006 el entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan, calificó de fanáticos a los negacionistas, y al año siguiente, la Asamblea General de Naciones Unidas condenó "sin reservas toda negación del Holocausto". Irán -era de suponerse- se apartó de la decisión. La polémica, que en el siglo XXI ha reaparecido a la sazón del conflicto árabe-israelí, ahora aflora en el corazón del Vaticano. Un tema preocupante en la medida que, como expresa Pier Paolo Poggio, autor del libro Nazismo y revisionismo histórico, la adopción de estas ideas termina sirviendo para el fortalecimiento de políticas neoconservadoras y normalizando el nazismo y el fascismo. Y el peligro es que cuando la duda queda planteada, es difícil dar vuelta atrás.
¿QUÉ DICEN LOS REVISIONISTAS?
- No fueron 6.000.000 de muertos sino 200.000 o 300.000.
- 'El diario de Ana Frank' fue una invención literaria.
- Los testimonios de los sobrevivientes están plagados de inconsistencias.
- Las confesiones de los nazis fueron el resultado de torturas.
- El tratamiento que les dieron los nazis a los judíos fue igual que el de los Aliados en contra de sus enemigos durante la Segunda Guerra.
- No hubo una política de exterminio explícita de parte de los nazis.
- Los nazis no usaron cámaras de gas para matar a sus víctimas.