Una camada de jóvenes directores colombianos gana reconocimiento en el exterior y busca nuevas formas de hacer cine en el país.
Un malabarista altera los semáforos de la calle donde trabaja para que duren más tiempo y así alcanzar a recoger más monedas. Un hombre descubre que la mujer que amó en su juventud no había desaparecido y ya mayor emprende su búsqueda. Una artista con ganas de probarlo todo y un taxista lleno de resentimiento por la muerte injusta de su hermano encuentran que son almas gemelas. Un muchacho se pone como meta acompañar a un juglar a competir con el diablo por quién es mejor acordeonero.
Todas estas historias comparten un ingrediente: fueron escritas por cineastas colombianos que, pese a su juventud, ya han sido aclamados en el exterior y se revelan como la nueva generación del cine colombiano. Sus títulos y sus nombres: La sociedad del semáforo de Rubén Mendoza, Con amor, Teresa de Tatiana Villacob, La sangre y la lluvia de Jorge Navas y Los viajes del viento de Ciro Guerra. Una lista en la que también merece estar PVC-1 de Spiros Stathoulopoulos -la única que ya ha sido proyectada en salas-, que el año pasado sorprendió al país por la manera como con contó la historia del 'collar bomba'.
Todos llevan varios años trabajando en la industria y haciendo cortometrajes, género al que no consideran menor. Pero además de escribir sus proyectos, se están especializando en gestión. Sin renunciar a sus ideas, se mueven fácilmente en el mundo de la publicidad, y a pesar de ser beneficiarios de la Ley del Cine son críticos con la industria nacional.
Su estética no los deja encasillar fácilmente. La manera que tienen de contar el país está permeada por la violencia, pero no caen en clichés. Son unos rebeldes con causa y están haciendo hasta lo imposible por sacar sus proyectos adelante, consiguiendo becas, apoyos estatales de diversos países y ganando premios. Mejor dicho, no se varan.
¿Quiénes son estos jóvenes?
POR LA IDENTIDAD
Ciro Guerra (Río de Oro, 1981)
Tenía 20 años cuando decidió filmar su ópera prima, La sombra del caminante, una historia de dos hombres, uno sin una pierna y ninguna suerte para conseguir empleo, y otro que carga gente en la calle por 500 pesos. Con la idea, Ciro Guerra participó en un concurso de televisión y consiguió un dinero. Luego logró convencer a Jaime Osorio para que se la produjera.
En 2003, durante el Festival de Cine de San Sebastián, lo galardonaron por el guión y apostaron por su historia para que la editara. Participó en el Festival de Cine de Toulouse (Francia), donde obtuvo el Premio del Público 'Intramuros', y en el Festival de Mar del Plata (Argentina), donde recibió la Mención Especial de la Federación de Escuelas de Imagen y Sonido de Iberoamérica, Feisal. También fue premiado en los festivales de Cartagena y de La Habana, además de haber competido en los de Tribeca (Nueva York) y de Estambul (Turquía).
La buena fama de Guerra como contador de historias y la complejidad de sus protagonistas han despertado muchas expectativas alrededor de su nuevo largometraje, Los viajes del viento. La cinta ya obtuvo el Premio del Fondo Hubert Bals del Festival de Rotterdam, el Premio del Laboratorio de Guiones del Festival de Cine Latino de Los Ángeles, y fue seleccionado para el Atelier del 60º Festival Internacional de Cine de Cannes.
"La historia del juglar que se enfrenta con el diablo en un duelo musical es una variación del mito de Orfeo, y se repite en muchas culturas -explica Guerra-. Leyendas como esta existen en el tango, el blues, el folk. Lo que quería hacer era tomar un mito universal y contarlo de la manera más local posible para que a través de él pudiéramos acercarnos a una Colombia desconocida, rica y llena de mística".
En este filme, el director nacido en Río de Oro (Cesar) retorna a sus raíces y crea a Ignacio, un personaje que recoge los rasgos de los vallenateros de la región: Francisco Moscote Guerra, Chico Bolaño, Juancho Polo Valencia y Alejo Durán. Y es que para él es fundamental que el cine hecho en el país sirva para responder a la pregunta de "quiénes somos y de dónde venimos".
SIN REVERENCIAS,
Rubén Mendoza (Bogotá, 1980)
Coronado con un gorro, con barbas a medio crecer y hablando a mil revoluciones por minuto, este bogotano de abuelo árabe que vivió en un pueblo chulavita sabe que en su historia hay "huellitas de sangre". Tal vez por eso su primer cortometraje, La cerca -realizado cuando tenía 22 años y con el cual ha participado en 25 festivales del mundo-, no pudo evadir la historia de violencia en el campo colombiano.
La historia de 21 minutos le mereció elogios al director graduado de la Universidad Nacional y le dio pie para seguir explorando. De dichas indagaciones han nacido tres cortos, Corazón de La Mancha -sobre un viejo con ansias de ser don Quijote acompañado por una prostituta-, El reino animal -sobre el afán sexual de un viejo en Buenos Aires- y La casa por la ventana -sobre cómo dos niñas pierden la razón en el campo colombiano-.
Mendoza reconoce que su trabajo no sería el mismo si no hubiera editado las últimas dos películas de Luis Ospina -La desazón suprema y El tigre de papel-, el documental Desamparo, de Gustavo Fernández, y si no hubiera leído Matar, rematar y contramatar, de María Victoria Uribe, sobre la violencia en el Tolima a mediados del siglo XX.
Este universo condujo a La sociedad del semáforo, proyecto que ya ha sido galardonado en Francia, España, Suiza y Alemania, y que lejos de ser una película de mendigos es la metáfora de la inversión de los valores en Colombia, ese mundo donde la lucha por la supervivencia lleva a la gente a inventarse estrategias innovadoras.
EL TOQUE GÓTICO
Jorge Navas (Bogotá, 1977)
En 1999 apareció en Bogotá una curiosa historia que llamó la atención de los cinéfilos. El cortometraje mudo Alguien mató algo o la última inocencia contaba la historia de una niña que soñaba con ser vampira y durante 25 minutos demostraba lo bien que lo haría. Con esta obra, el joven director Jorge Navas ganó el Premio India Catalina al mejor cortometraje en el Festival de Cine de Cartagena, El Pitirre del Festival de San Juan de Puerto Rico y el Prix Jeunesse y el Prix Recherche en el Festival de Cortometraje de Clermont-Ferrand, en Francia.
Desde ese entonces, Navas empezó a ser catalogado como el director gótico de su generación. "Me gusta la exaltación de lo trágico, la lucha del hombre contra su destino -explica-. Todo me duele y me desgarro; no hay nada más romántico que los vampiros y un amor pasado por sangre".
Influido por Luis Ospina y Carlos Mayolo, saca su raíz caleña: "Estoy contaminado con la onda de Andrés Caicedo, de la eterna juventud. Eso te lleva a la marginalidad, a la cuerda floja de la vida y la muerte y a cuestionar el destino".
Tal parece que sus ideas han tenido eco, pues su guión de La sangre y la lluvia ha sido motivo de análisis en diversos talleres especializados, como el de Sundance en Utah (Estados Unidos) y el Festival de los Tres Continentes en Nantes (Francia).
Esta semana ese parto de cinco años estará compitiendo con otras cinco películas latinoamericanas en el Berlin Latinamerican Working Progress, donde varias empresas francesas han manifestado interés por su trabajo. Si todo funciona, la obra será proyectada en las salas colombianas. "El cine comercial se agota -puntualiza el director-. Hay que buscar cine con identidad propia y al parecer el reconocimiento internacional nos está dando la razón".
RETRATOS DE FAMILIA,
Tatiana Villacob (Cartagena, 1985)
Tiene 23 años pero ya puede darse el lujo de decir que tiene varios reconocimientos. Con el cortometraje Dolores, que será presentado el 27 de febrero, ganó el Premio de Estímulos del Fondo del Desarrollo Cinematográfico del Ministerio de Cultura en 2007 y el Premio para Cortos del Festival de Cine de Cartagena de 2008.
Dolores es la historia contada por una plañidera de cómo en un pueblo de la Costa Atlántica, durante La Violencia, enterrar a los muertos significó hacer cementerios para azules y rojos.
Su nueva obra, Con amor, Teresa ha tenido una acogida similar: ha merecido reconocimientos del Ministerio de Cultura de Colombia y del Fondo de la Red Idea de España; le permitirá participar en los talleres de Produits du Sud del Festival de los Tres Continentes, en Nantes (Francia); fue recomendado para coproducción en el Festival de San Sebastián; y esta semana participará en el Festival de Cine de Berlín, adonde llega tras haber concursado entre 4.000 solicitudes. Y, al igual que su cortometraje previo, también tiene algo de retrato de familia.
La joven cineasta, que acaba de graduarse en la Universidad Nacional, también tiene alma de productora. De hecho ya armó empresa junto con tres cinéfilos más -Ana Sofía Osorio, Diego Bustamante y Simón Beltrán-, y ya tiene cuatro proyectos en marcha.
Villacob es heredera de la Ley del Cine y seguidora de un movimiento creado por su colega Ciro Guerra. "Estamos esperando a que reviente el boom en Colombia", dice, refiriéndose a una nueva cinematografía que está mostrando que en América Latina todavía hay historias por contar.