'La crisis de Occidente no tiene solución', dijo Ronan Bennett, autor irlandés

Foto: cortesía revista Semana

(Página 1 de 2)

Usted estuvo en la cárcel en los años setenta, acusado de pertenecer al IRA. ¿Nos podría recordar el episodio?

El conflicto estaba en su punto más alto. Para un hombre católico ser arrestado era una experiencia normal. En mi colegio habían encarcelado a un compañero de 15 años. Otro amigo, un escritor llamado Terry George, que años después dirigió la película Hotel Rwanda, también se lo habían llevado y lo mantuvieron en un barco, porque no había suficientes cupos en las cárceles. De modo que no era algo usual. Lo que no era usual, pero me pasó a mí, y fue muy desafortunado, fue que me juzgó un tribunal especial, expedito, y me condenó a cadena perpetua.

Para mí fue una tragedia, solo tenía 18 años, y para mi familia también. Pero los años de prisión fueron los que formaron. Pasé dos años, luego me soltaron, y después me volvieron a coger para otros dos años. Esa experiencia influyó todos mis sentimientos e ideas. Aprendí que mis compañeros, incluso los que habían matado soldados, estaban caricaturizados, no me parecían seres malos.

Ud. dice que esos fueron sus años de formación. ¿Qué fue lo más importante?

La experiencia misma, por supuesto, pero sobre todo el énfasis en lo colectivo. Aprendí que la acción colectiva es indispensable, que un individuo solo no hace nada: esa idea me ha acompañado para siempre. En un campo más personal, la importancia del amor porque busqué relaciones para sobrevivir y siempre pensé que serían pasajeras y me tomó muchos años superar esa idea. También la experiencia de los interrogatorios, que es brutal. En todas mis novelas hay una escena de un interrogatorio, hecho de diferentes maneras.

¿Las lecciones de esos años han cambiado hoy?

Diría que sí, inevitablemente. Al principio del conflicto todas las partes tenían una posición maximalista y no estaban dispuestos a negociar esa posición. Después de treinta años, y de tantas muertes, cuando fue evidente que ninguna de las partes podía derrotar a la otra, esas posiciones máximas empezaron a cambiar hacia posiciones más pragmáticas y realistas. Cuando eso pasa, los compromisos y las negociaciones se vuelven posibles. Pero en los años setenta no había ningún espacio para una solución: ambos lados creían que podían ganar.

Usted ha hablado muchas veces a favor de la necesidad de conversar con el enemigo... ¿Cómo es posible el diálogo si existe la idea en ambos bandos de que pueden ganar?

Es imposible. No quiero comentar sobre la situación colombiana, pero sé que el conflicto ha durado demasiado y que nadie está ganando: todos están perdiendo. Cuando se cree que solo falta un esfuerzo para ganar, como los generales en la Primera Guerra Mundial, nunca hay diálogo. Pero la solución siempre se logra con el diálogo, y con un diálogo sin condiciones. Porque imponer condiciones previas tampoco es realista.

¿Cuál es el problema para hablar con el enemigo: la condición humana o la realidad política?

Ambos, porque uno obviamente odia al enemigo. Y eso que en el caso irlandés, con el paso de los años, algunos de los que estuvieron enfrentados llegaron a tratarse como amigos. Pero el sentimiento personal es un obstáculo. Es la parte política también, porque los que dialogan creen que pierden porque son criticados por quienes tienen posiciones más radicales. Cuando un líder quiere negociar, pero no lo acompañan sus seguidores, el diálogo no conduce a nada. Esos líderes tienen un problema político.

¿Por qué prefiere Ud. el género de ficción para explicar la realidad?

No estoy seguro de que lo prefiera. Soy novelista en contra de mi voluntad. Me gustan las historias y la imaginación, pero mis lecturas no son de ficción. También lo hago, pero me encanta leer sobre historia y temas actuales, noticiosos.

Pero Ud. escribe novelas, y no ensayos o artículos de periódico...

La razón es que es que en una novela, si funciona, es posible reflejar la realidad de una manera que los periodistas no pueden. En especial, los sentimientos: los lectores se emocionan con una novela. Pero no todas los novelas logran su objetivo.

¿Cuáles son las limitaciones del periodismo?

El espacio es el principal problema. Cuando me piden un artículo para un periódico lo primero que pregunto es cuál es la extensión, porque  no puedo escribir corto sobre algo realmente importante. Pero el espacio para investigaciones y relatos largos se está acabando. No sé si es que los lectores no los quieren, pero el espacio se está achicando cada vez más. Una vez me pidieron una historia sobre un joven que se suicidó, ahorcado, en una cárcel. Yo quería que la historia golpeara a los lectores y los hiciera caer en cuenta de la atrocidad que significa meter en la cárcel a un niño de 12 o 13 años. Pero no me sentí satisfecho y luego hice una novela. El impacto de un libro dura más y es más fuerte. Al menos eso espero.

¿Ud. piensa entonces que la ficción refleja mejor la realidad que los géneros de no ficción?

(Risas) Se lo digo de una manera: la refleja con más impacto, cuando se hace bien.

Sus libros tratan con mucha frecuencia el problema de los fundamentalismos. ¿Lo que quiere decir es que el dogmatismo y el fanatismo es una causa de los conflictos actuales?

La llamada guerra contra el terrorismo es un desastre completo. Y había fundamentalismo tanto en los líderes islámicos como en Bush. ¿Sabe cuál es la característica del fundamentalismo? Que no se considera la posición del otro lado, que piensa que no existe otro punto de vista posible. El Gobierno de Bush fue culpable de eso. Lo que hubo fue un choque de fundamentalismos. Fue lo que quise decir  en uno de mis libros: 'Havoc in its third year'.

Página 1 de 2 12Siguiente »