En marzo del año pasado una bomba cayó en el Reino Unido. Bajo el título de Irak oculta, en horario triple A en Channel 4, el presentador -un elegante inglés de 60 años- mostró sin pesar, aunque pausada y reflexivamente, una seguidilla de verdades sobre la ocupación norteamericana en Bagdad y su desastroso balance cinco años después. Era Jon Snow.
En casi una hora de programa reveló que Irak era más secular hace un lustro que ahora; que el 40 por ciento de las clases educadas han emigrado del país; que las mujeres embarazadas deben planear cesáreas porque los hospitales no atienden a nadie después de las 11 p.m.; que luego de cinco años, los iraquíes tienen menos energía que bajo el régimen de Sadam Husein; o que los representantes elegidos por el pueblo iraquí se resguardan en un parlamento vigilado por las tropas norteamericanas y no tienen contacto con sus electores...
Este es el tono de este prestigioso reportero británico, que desde 1989 es el presentador estrella de noticias de Channel 4 y que ha sido corresponsal en Washington, El Salvador, Afganistán, Irán e Irak, lo que le ha valido el premio de la Royal Television Society. Además, durante el año pasado realizó un completo viaje por Estados Unidos, siguiéndole la pista a las campañas presidenciales y describiendo la sociedad norteamericana en su diversidad. Justamente, la elección de Barack Obama como nuevo presidente de Estados Unidos y la nueva relación de este país con el mundo, será el tema de su conferencia en el marco del Hay Festival en Cartagena, el viernes 30 a las 10:30 a.m. en el Claustro de Santo Domingo.
¿Cómo puede interpretarse un mundo que acepta la construcción de muros que dividen comunidades enteras? ¿Nada se aprendió del Muro de Berlín?
Como seres humanos creo que no podemos aceptar estas divisiones físicas de las comunidades. Pero hay lugares, como Irlanda del Norte, en donde la paz ha podido sostenerse por esos muros. Tenemos que asegurarnos de que sean temporales. En Israel y Palestina el muro es ilegal en algunos lugares, incluso para la propia ley israelí. Ha afectado a pueblos enteros y ha encerrado a Belén, entre otras cosas. Sin embargo, una paz más amplia debe encontrarse antes de tumbarlo.
¿Cómo ve el futuro con tantas viudas y huérfanos, víctimas de tantas guerras alrededor del mundo?
Con esperanza y a la vez con optimismo. Si las dos anteriores décadas nos han enseñado algo, es que las mujeres deben jugar un papel cada vez más grande en el gobierno de nuestras naciones. Las mujeres son nuestra esperanza en un futuro pacífico.
¿Cuáles piensa usted que serán los conflictos que definirán la próxima generación?
El cambio climático es la gran amenaza para nosotros y de cómo lo manejaremos, ignorándolo o comprometiéndonos constructivamente, dependerá el motor de la renovación y el desarrollo. Si no hacemos nada, tiene el poder de reducir nuestras vidas en todos los niveles.
¿Cuáles cree usted que son las guerras olvidadas por los medios?
Creo que el destino de los palestinos, tamiles y kurdos, en sus respectivas regiones... esas son guerras olvidadas. Los hechos recientes en Gaza nos dicen que es urgente llevar paz a esa región.
Sobre los tratados de paz, como el de El Salvador, en donde hoy se ve tal grado de corrupción y la permanente amenaza de las maras, ¿qué falló? ¿Cuáles son los errores más frecuentes en esas negociaciones?
Si la construcción de nación y el desarrollo económico no van de la mano con los tratados, entonces lo militar se transforma en pandillas armadas. Eso fue lo que sucedió en El Salvador.
Dado que los Derechos Humanos son cada día más exigentes, ¿cuál podría ser el balance entre impunidad y justicia en la búsqueda de la paz?
Tiene que haber un equilibrio. A veces verdad y reconciliación son una mejor opción que los juicios y el encarcelamiento. Suramérica e Irlanda del Norte han liderado el camino. Y puede que para obtener la paz en Sudán, por ejemplo, sea necesario que el mandato del presidente Basher sea revocado.
¿Tiene la Corte Penal Internacional suficiente poder para sancionar?
Aún es muy temprano para decir algo, pero necesitamos más países que la apoyen... tenemos que esperar que el presidente Barack Obama retome la promesa de Bill Clinton de hacer parte de la Corte Penal Internacional.
¿Son los neoconservadores la nueva tendencia ideológica en el mundo?
La derecha en Estados Unidos tuvo su oportunidad y provocó un desastre, y los evangélicos que le dieron su espaldarazo están perdidos. Obama es un buscador de consensos al estilo de Lincoln. Creo que estamos moviéndonos hacia una era posideológica.
¿Para usted qué representa la coexistencia de dos gobiernos tan disímiles como el de Uribe y el de Chávez?
Ambos representan diferentes facetas de la nueva confianza que ha asumido América Latina a raíz de que Estados Unidos ha desviado su atención del continente para fijarla en Irak y Afganistán.
¿Cuál cree usted que será el futuro de la izquierda?
Como dije antes, creo que estamos en una etapa posideológica. El rojo emergerá con el verde, ¡y supongo que se volverá cada vez más verde!
¿Cree que el gobierno de Barack Obama puede reconstruir la confianza global en Estados Unidos?
Estoy seguro de que sí, y más aún si cumple sus retos más grandes, que son la paz en el Medio Oriente, el rescate del sistema bancario y el control del calentamiento global.
En 'Irak oculta' usted dice que este país era más secular antes de la ocupación, y que los fanatismos religiosos han radicalizado a la sociedad. ¿Cómo puede explicar este cambio?
Tal como tantos revolucionarios latinoamericanos pensaron que podían hacer una revolución armada, de la misma forma Estados Unidos pensó que podía llevar la democracia de la misma manera a otros continentes. Pero uno no puede forzar a un país a adoptar su propia forma de pensamiento o su propia idea de democracia.
En su viaje por Estados Unidos durante la campaña, notó la explosión de la Iglesia evangélica. ¿Piensa que la religión está tomando ventaja y retomando el poder en las sociedades actuales y en sus gobiernos?
Pienso que sí, y esto puede representar una amenaza tanto para la libertad como para el desarrollo.
¿Qué tanto poder tienen los activistas cristianos en la política británica?
Poco. Extrañamente, dado que tenemos en nuestra cabeza de Estado (la reina) a una "defensora de la fe", somos un país considerablemente secular, tal vez el más secular de Europa occidental.