La gran figura de este Hay Festival, del 29 de enero al 1° de febrero en Cartagena, será el escritor indobritánico Salman Rushdie, condenado en 1989 por el ayatolá Jomeini por su novela Los versos satánicos. Por eso se lo guardaron para el último día. Y cómo no emocionarse con Carlos Monsiváis, Juan Villoro, Martín Caparrós, el ácido Martin Amis o con los siempre polémicos comentarios de Fernando Vallejo.
El plan no es otro que oír buenas historias en diversos acentos y lenguas y quedar con hambre de lectura. O cruzarse en la calle con estos invitados especiales de la ciudad amurallada y tal vez tomarse un breve café con ellos, escucharlos en el patio central del claustro de Santo Domingo con una buena brisa de tarde, o encantarse con alguna graciosa conversación en el Teatro Heredia. En años anteriores, las charlas en su mayoría han dejado un buen sabor en la boca, y han abierto el abanico para conocer a autores que de otra forma sería difícil siquiera de seguir, como fueron Kiran Desai, Aminatta Forna o Anne Enright.
En esta edición hay un lugar privilegiado para aquellos que escriben desde la orilla de la no ficción, reporteros tan afamados como Jon Snow -que ha recorrido lugares como El Salvador, Irak y Estados Unidos en plena campaña presidencial-, así como los estudiosos Jordi Canal, Jorge Gelman o Juan Cruz, que discutirán acerca de cómo contar la historia actual de Latinoamérica.
También estarán autores a caballo entre la ficción y la realidad. Es el caso de Ronan Bennett, quien astutamente logró introducir en programas de televisión triple A y a manera de seriado un tema tan difícil como las negociaciones con el IRA en tiempos en que era tabú hablar sobre el particular en Irlanda. O Sasa Stanisic, que en su libro Cómo el soldado repara el gramófono narra, desde la perspectiva de un niño -que fue él mismo-, la huida hacia Alemania de la ciudad bosnia de Visegrado en plena guerra en los Balcanes.
Viene también un narrador nato como el chileno Luis Sepúlveda, que en El mundo del fin del mundo escribió, a través de los ojos de un niño que tiene a Melville como su héroe, los peligros de la belleza en la Patagonia, o creador de un personaje entrañable como el protagonista de Un viejo que leía novelas de amor.
Estará igualmente Pablo Ramos, quien desnuda su vida en la escritura, y quien en sus dos novelas, El origen de la tristeza y La ley de la ferocidad, hace un despliegue de prosa ácida, violenta, sexual, virulenta, drogada y alcoholizada por el dolor de la ausencia y la falta que le hizo la figura paterna en los años decisivos de la infancia. ¿Autobiografía o ficción? Qué más da, sus palabras en primera persona conmueven por su franqueza.
En fin, habrá para todos los gustos así que no está mal reservar el fin de semana desde ahora.