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Después de varias visitas al Museo Metropolitano de Nueva York y de recorrer sus salas más concurridas, Pablo Navas Sanz de Santamaría se animó a conocer el ala norteamericana del lugar. El ingeniero, autodenominado "amante compulsivo de los museos", no traía grandes expectativas, pues el arte de Estados Unidos no es precisamente el polo de atracción de los turistas que visitan el 'Metropolitan'. Sin embargo, se llevó una gran sorpresa cuando en una sala escenográficamente iluminada encontró una sola pintura extrañamente familiar titulada The Heart of the Andes (El corazón de los Andes), de un tal Frederic Edwin Church.
Nacido en 1826 y muerto en 1900, Church es para los norteamericanos un representante fundamental de la Escuela del Río Hudson, dedicada al paisajismo en el siglo XIX. Gracias a sus pinturas idealizadas, minuciosas e inmensas, muchos estadounidenses conocieron la vegetación y los colores del trópico. Lo curioso es que, aun cuando Colombia es escenario de muchos de sus cuadros, en el país es prácticamente un desconocido.
Por eso Navas quiso saberlo todo sobre ese hombre. Un primer hallazgo fue que, con contadas excepciones como Beatriz González y la fallecida historiadora Pilar Moreno de Ángel, nadie tenía idea del paso por Colombia de este virtuoso pintor. Y sin tener muy claro dónde acabaría, el ingeniero empezó a meterse en cuanto archivo encontró.
Como un detective, se dedicó a reconstruir lo que fue el primer viaje de Church en 1853. Leía cualquier referencia en un libro o una nota a pie de página que decía que un dibujo o una carta suyas estaban en tal o cual biblioteca, y se iba directamente para allá. "Encontré su diario, las cartas a sus padres y hermanos, y los dibujos que hizo, casi del todo inéditos en Colombia -cuenta Navas-. No es que los haya descubierto, ahí han estado los documentos, pero nadie los había buscado".
Ocho años después, el resultado es un relato fascinante, publicado por Villegas Editores bajo el título El viaje de Frederic Edwin Church por Colombia y Ecuador, abril-octubre de 1853. Un libro de lujo en el que, a través de bocetos, pinturas y cartas, Navas muestra el asombro que experimentó el artista norteamericano en estas tierras exuberantes.
El legado de Humboldt
Cuando Alejandro de Humboldt y Aimé Bonpland escribieron Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente entre 1799 y 1804, tal vez no sospecharon que su relato se convertiría en un fetiche para los viajeros del siglo XIX.
Según la historiadora y artista Beatriz González, el prestigio de Humboldt, científico e intelectual alemán, originó una proliferación de excursiones por el continente. "El arte y la ciencia se confundían en las publicaciones -dice González-. Surgieron numerosas ediciones de viajes pintorescos a partir de nuevas excursiones inspiradas en él". Tal fue el caso de muchos pintores europeos que, creando paisajes idealizados y románticos, buscaban regresar a ese paraíso llamado Arcadia, que no era otra cosa que la nostalgia por la antigüedad clásica.
Los norteamericanos tampoco fueron ajenos al fenómeno. Church fue, de hecho, uno de los primeros en interesarse por explorar las tierras de la Zona Tórrida. Conocedor de la obra de Humboldt, en 1848 leyó la primera edición en inglés de Cosmos -obra del científico en la que explica la estructura del universo- y quedó maravillado.
Comienza la aventura
Con estas ideas retumbándole en la cabeza -y ya con cierta fama como pintor-, el 8 de abril de 1853, a los 27 años, Church emprendió el viaje para América del Sur. Junto con su acaudalado amigo empresario Cyrus Field, se embarcó en un buque de Nueva York a Sabanilla, cerca de Barranquilla, que le costó 60 dólares. El dato quedó registrado en el cuaderno de apuntes de su amigo Field y no habría resultado curioso de no ser porque el pasaje del vapor de Barranquilla a Honda les costó ¡90 dólares!