Documentales y películas sobre la vida de las leyendas del 'rock' proliferan

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El éxito en intención y narrativa logrado por Pennabaker llevó a los organizadores de los festivales de Monterrey en 1967 y Woodstock en 1969 a dejar un legado visual atractivo para la posteridad. Los realizadores tomaron en serio la opción de experimentar entre la frontera del cine y el documental en la que artista y público eran los protagonistas de la historia. "En la medida que pasa el tiempo, la técnica genera cambios -explica el realizador de televisión Mauricio Tamayo-. La fragmentación, la velocidad y el ritmo de montaje de Woodstock, comparado con cualquier documental actual, deja clara la muestra de cómo el tiempo se ha acelerado en todo sentido y ese es el gran legado visual de estas obras".

Pero el momento fundamental para que la música dejara al descubierto sus perversiones más íntimas se dio con el documental de los hermanos Maysles titulado Gimme Shelter, sobre una presentación de The Rolling Stones en 1969 en Altamont que terminó en tragedia. Durante el trabajo de edición del show, los editores se encontraron ante una serie de incidentes que fueron registrados por las cámaras como la muerte de un joven afroamericano por parte de los Hells Angels, encargados de la seguridad del concierto.

Según el escritor Sandro Romero, lo importante de esta película es la estructura policial con la cual se cuenta la historia. "Tiene una narración única para la época y fue toda una innovación en el lenguaje del cine", dice el autor del libro Clock around the Rock. La escena marcó un cambio radical en la estética y composición de los documentales y rompió una línea que parecía inquebrantable en la relación entre músico, realizador y público: el artista ya no solo se bajaba del escenario; además, prácticamente aparecía desnudo ante sus fanes.

Por Jacobo Celnik

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